La Sra. Stefanelli, madre de Cósimo, lloraba recostada del blanco mesón de la cocina. Sus ojos enrojecidos no paraban de dejar caer lágrimas. Sus manos temblaban, bastante, tanto que parecía tener un ataque de nervios. No era para menos, su esposo estaba grave en el hospital. Y no sabía mucho más.
Cósimo miraba al piso y cerraba ambos puños con emoción. Los apretaba con mucha fuerza. Probablemente la noticia le hizo pensar en muchas cosas. Se notaba a leguas que estaba intentando contener todo eso que sentía.
Yo, por mi parte, estaba muy sorprendido. No hacía nada, estaba muy incómodo, pero a la vez me generaba angustia por ellos. Si hubiese sido mi padre estaría devastado.
—¿Cómo está? —preguntó mi amigo a su madre.
—No me dijeron nada, solamente que debemos ir con urgencia —relató entre sollozos.
Cósimo de inmediato se sentó, y se tomaba el rostro como de costumbre hacía. Era algo que lo había visto hacer ya dos veces hoy.
Ella se limpió la cara con sus manos. Parecía haber tomado aire.
—Tenemos que ir —dijo mientras caminaba apurada fuera de la cocina.
Cósimo la siguió. Yo no tenía ni idea de que hacer. No podía simplemente irme a casa, y dejarlos solos. Dejar a mi amigo solo con un problema tan grande. Necesitaba ir, quería ir. Así que los seguí también. Él se giró y me dijo:
—Ve a casa.
—No puedo, quiero ir y ver en que puedo ayudar.
—No podrías ayudar en mucho, en serio no tienes porqué —puso su mano en mi hombro.
—Quizás no, pero igual iré —expliqué en voz baja.
—Siento que tengas que ver todo esto.
Siguió su camino sin decir más.
Estaba ya oscuro afuera, la luna se asomaba por una colina, y la brisa hacía ondular a mi cabello. Este lugar estaba un poco alejado de la ciudad, y mucho más de Santa Ana. Era montañoso y con muchas áreas verdes. Y abajo, un mar azul, que con los rayos de luna lo hacía reflejar unos destellos color plata. Sin duda era un privilegio vivir en esta zona. Podías llegar a oler eso, no sabría como describirlo, el olor a playa. Es como salado y espeso. Me remonta a mis viajes cuando chico. Hacer castillos de arena y después llorar porque en una subida de marea fue destruido. Recordaba que también era lo único que hacía; para que entrara al agua tenían casi que llevarme a rastras. Iba a la playa sólo a jugar con arena.
Cósimo y ella se montaron en uno de los varios autos. Salieron rápido. Yo al notarlo corrí rápido al mío para intentar alcanzarlos, las llaves se me cayeron al suelo por la exaltación. Así fue, giré la llave y salí de ahí volando. Era un trayecto más o menos largo, tenía que tener los ojos bien abiertos. La iluminación durante ese trayecto era casi nula, y uno no sabía en qué momento podía aparecer un ciervo en medio de la nada.
Todas esas curvas me tenían bastante mareado, creo que así era siempre. Odiaba los viajes con caminos así. Vomitaba casi siempre al llegar. Recuerdo que mi padre, que era el más entusiasta, me decía que respirara profundo y despacio, cerrara los ojos y pensara en otra cosa. Funcionaba al comienzo, pero el final era el mismo: Yo expulsando todo. Era una misma historia que ya se sabían.
Las luces del auto eran lo único que me mostraba la carretera, bien asfaltada y marcada. Tenía la radio puesta, pusieron una canción que nunca había escuchado, pero después no me podía sacar de la cabeza. "Mr. Blue Sky" o algo así.
Mi teléfono no sonaba, por primera vez me preocupaba que no lo hiciera. Esperaba aunque sea un mensaje, una llamada, fax, correo, señal de humo, lo que fuera. No era su obligación tener que hacerlo, lo tenía claro, pero cada segundo que pasaba me preocupaba, y la extrañaba todavía más. Sólo necesitaba saber que todo iba bien con ella. Jazmín se comportaba muy raro, entonces no sabía si asumir que estaba loca o que me estaba evitando; o aún peor, que algo le había pasado. Mi cabeza estaba más en el mundo Jazmín que en el real.
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Her Name
HumorLa aparición de una misteriosa chica en los sueños de Alex, le da un cambio a su vida en el pueblo de Santa Ana. No puede dejar de cuestionar su existencia y la gran atracción que siente por ella.
