"Dancing at midnight in Tokyo" / Rengoku / Kimetsu No Yaiba

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Pedido por una hermosa personita que me tuvo mucha paciencia UnU (Espero te guste)

Nota: Reencarnación 

Título

"Bailando a la medianoche en Tokio"

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"¿Cómo llegué a esto?"

El filo de su espada atravesó mi cuello sin piedad.

"¿Qué hice para merecer este castigo?"

Los recuerdos de aquella media noche me golpearon con la fuerza de una memoria que se negó a olvidar; me había invitado a bailar con él, me había prometido hacer de mi vida algo grandioso, algo más que simplemente servir a quien no lo merecía. Y yo le había creído. Quien hubiera sabido que sólo sería más de lo mismo, sólo que por la eternidad.

"¿Fue mi culpa?"

Las lágrimas comenzaron a caer de mis ojos con la libertad que les devolvía después de décadas mientras mi cuerpo comenzaba a transformarse en cenizas.

"¿Merecía sufrir tanto como he sufrido en esta vida?"

El alivio de la liberación finalmente comenzó a embargarme, haciéndome olvidar lentamente del dolor que Muzan me había provocado bajo la excusa de quererme.

-Gracias~...-Murmuré en un sollozo al pilar de la Llama, que se mostró sorprendido ante mis palabras.

Cedí con sumisión ante la muerte y recé, como hacia décadas había dejado de hacer, a los dioses, rogándoles el perdón que no creía merecer.

(...)

Comía con lentitud la comida que yacía frente a él, saboreando con lentitud los trozos de pastel que masticaba.

-Oye, Mitsue-Llamó su acompañante-, ¿por qué eres vegetariano? Es decir, ¿qué te impulsó a serlo?

El cuestionado lo observó con grandes ojos violáceos durante unos segundos antes de brindarle una pequeña sonrisa sin dientes.

-La carne...-Murmuró entonces el de cabello castaño, borrando su mueca y brindando una nueva- me repugna. No soporto siquiera olerla.

Kin alzó una ceja con incredulidad y bebió un poco más de café, intentando descifrar las razones tras las fobias y rechazos que su amigo tenía por ciertas que, a ojos de muchos, eran manejables y comunes; en otras palabras, nada de lo que temer o huir. Desde que se habían conocido, hacía ya más de cinco años, había notado en la mirada violácea una ruptura de la que nadie más parecía percatarse; cuando sus labios reían, en sus ojos no había más que una grieta que daba a un gran acantilado, y cuando le tocaba enfrentarse a una de sus tantas fobias, el pánico era tan palpable en su rostro que podía llegar a contagiarlo sin así quererlo.

-Está anocheciendo...-Un balbuceo de parte del veinteañero fue lo que acabó por regresarlo a la realidad, una en la que el sol comenzaba a poner y el miedo a alzarse.

-Volvamos al apartamento-Ofreció de inmediato, intentando no mostrarse tan alterado como se sentía por el estado de Mitsue-. Está sólo a unas cuadras de aquí-Mencionó, intentando convencer al contrario de que era posible llegar antes de que la luz se esfumara.

El más bajo asintió sin voz y se puso de pie, manteniendo la mirada baja en un intento de controlar los temblores.

Nictofobia, probablemente la peor de las fobias que sufría después del terror a las armas blancas. Kin recordaba la primera vez que Mitsue había tenido un ataque de fobia frente a él; aquella tarde, en la universidad, se habían quedado encerrados en la sala de proyección realizando un trabajo, las luces encendidas y todo lo que podría llegar a distraerlos fuera de su alcance (incluyendo los relojes), por lo que no supieron que hora era hasta que, al finalizar lo debido, salieron del edificio y se encontraron con la luna en su punto máximo. La media noche. Mitsue había sufrido fuertes arcadas durante unos segundos y luego había comenzado a vomitar todo lo que había en su estómago. Cuando él había intentado acercarse, el castaño lo había pateado con desespero y había comenzado a murmurar que no lo tocara, temiendo que le fuera a hacer daño. Habían sucedido unas cosas más en el cuarto de hora que le tomó arrastrarlo de regreso al interior iluminado de la universidad, pero eran tan densas que detestaba recordarlas.

OS Male! Reader / PedidosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora