CAPÍTULO 20

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—Cuando despiertes, el mundo no será el que conocías... y tú tampoco.

—¿Quién lo mató?

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—¿Quién lo mató?

—Alguien de la clase B—susurró el otro chico cerca de él—. No es nada sorprendente, ese grupo está lleno de criminales.

Los murmullos no cesaron desde el evento de la madrugada, para la desgracia de ese grupo de jóvenes.

La mayoría de su clase debían ser interrogados, y DongHyuck no podía sentirse peor. Había discutido con Mark en la madrugada cuando ocurrió lo de HanSol y Yuta, y ahora se encontraba desayunando completamente solo.

La página hizo su impecable y desagradable trabajo tan temprano que, además de estar de mal humor por la discusión con su novio, había publicado tantísimo chisme.

Llevaba diez minutos moviendo su desayuno con los palillos y tragando comentarios innecesarios de otros alumnos que no sabían qué hacer con sus propias vidas miserables.

Mark no estaba con él. No sabía en dónde estaba. Y claramente su grupo jamás se sentaba cerca, por lo que estaban ahí repartidos por la cafetería llamando la atención.

"Nakamoto Yuta empujó a Ji HanSol por el balcón..."

"El profesor Moon besándose con los estudiantes Zhong y Park..."

"La relación de Na y Huang yendo de mal en peor..."

"DongHyuck y Mark discutiendo..."

La página había pasado de ser un sitio de chismes de toda la escuela, a una de chismes de solo el grupo B.

DongHyuck le giró los ojos  a un par de chicos cerca suyo que hablaban en voz baja sobre lo ocurrido con aquel japonés.

—Apesta a sangre—comentó uno de los chicos soltando pequeñas risas junto a otros, clavando sus afiladas miradas en el solitario Hyuck. Estaban burlándose en su maldita cara—. Seguro que con dinero puede comprarse un nuevo perfume.

—El dinero de Mark Lee, querrás decir—y volvieron a reírse como si fuera lo más gracioso del mundo.

—Desperdiciando los privilegios del otro para cubrir sus crímenes, qué asco.

No era la persona más simpática de esa escuela, se mostraba a los demás con una cara dura reflejando desconfianza y desprecio porque temía relacionarse con las víboras que lo rodeaban día a día, y poco le importaba que le dijeran frío.

El único que lo conocía era su Mark, no tenía que demostrarle nada a nadie.

Solo que en ese momento se sentía tan sensible que un comentario más podría hacerlo llorar, humillándose frente a todos en esa cafetería por ser tan asquerosamente débil a las palabras maliciosas que lo atacaban sin razón.

NEO ACADEMY || PRIMER LIBRODonde viven las historias. Descúbrelo ahora