Nakamoto Yuta es un policía con una misión importante, debe infiltrarse como alumno en aquella escuela para buscar pistas sobre el asesinato de una mujer, un caso que se cerró de manera misteriosa en el pasado.
No obstante, Yuta se ve involucrado en...
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—¿Cómo te sientes? —le preguntó al chino a su lado. Vio la venda alrededor de su cabeza cubierta por rebeldes mechones.
El bajito se encogió de hombros sin ganas de responderle nada al mayor. Se veía claramente molesto.
Después de la discusión en la enfermería, TaeIl tuvo que retirarse por órdenes de la enfermera que se encargó de cuidar a SiCheng. La mujer lo llamó inmediatamente cuando se aseguró que aquel chico no tenía ningún daño grave y podía retirarse a su dormitorio.
Casi era de noche, las clases habían acabado y pronto la clase B tenía que ir a limpiar la cafetería antes de la hora de la cena y después de esta.
—Quiero respuestas verbales—susurró sin apartar la mirada del alumno, que caminaba con la mirada apagada y pocas ganas de moverse. No era pereza, estaba triste. Se le notaba de lejos—. Iremos a mi dormitorio, necesito que hablemos.
—No quiero hablar de nada. Quiero ir a dormir.
—Me temo que eso no será posible, de todas formas, debes ir a limpiar con tus compañeros.
—No quiero. Estoy cansado.
—SiCheng—advirtió en un tono duro que no intimidó al adverso, el menor solo seguía su camino con pocas ganas de hacer algo. Parecía estar demasiado exhausto, aunque TaeIl no entendía exactamente de qué— ¿Recuerdas algo?
—¿De qué exactamente?
Guardó silencio, bajando la mirada unos cortos segundos antes de volverla al chico, apretando sus labios levemente—. De ellos dos.
—Quién sabe.
Asintió sacando la llave de su habitación, aquella tarjeta delgada entre sus dedos era presionada por la mano del docente, quien se sintió frustrado porque no había manera en entablar una buena conversación con el chino.
Quizá se debía a que tenía toda la culpa de que esa tensión existiera y que, a causa de esto, cada vez que trataran de hablar terminaran gritándose cosas mutuamente sin remordimiento, solo atacando para ver a quién le dolía más los comentarios del otro.
El mayor a veces se sentía idiota por discutir con un niño, un adolescente que estaba con problemas gracias a la vida y a las veces que él había metido la pata, consciente o inconscientemente.
—Solo quiero asegurarme de que no hayas perdido totalmente la memoria—dijo lo más suave posible, recibiendo una mueca. No oyó nada por parte del bajo hasta unos segundos después, donde SiCheng sonrió de lado.
—No soy yo quien perdió la memoria, TaeIl—su atención se centró en él de inmediato, lo que le estresaba era que ese chico no le miraba a los ojos cuando estaban conversando, sentía como si hablara con una pared.