Nakamoto Yuta es un policía con una misión importante, debe infiltrarse como alumno en aquella escuela para buscar pistas sobre el asesinato de una mujer, un caso que se cerró de manera misteriosa en el pasado.
No obstante, Yuta se ve involucrado en...
—Todo tiene un final, pero, si no sabes en dónde está el comienzo ¿Cómo sabes que es el final?
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—Deja de hacerle tanto caso a Chenle—regañó RenJun limpiando con delicadeza un raspón que su pareja se había hecho en la pierna. JaeMin soltó un quejido bajo por el ardor.
—Es que no puedo creerlo... ¿tú puedes creerlo? ¡Solo va un día y ya han sucedido cosas malas! ¿Y puedes creer que no me ha reconocido?
El chino suspiró cuando JaeMin continuó hablando sin prestarle ni un poco de atención.
Ya algo molesto, dejó de limpiarle la herida con el pañuelo húmedo para tomar el envase de alcohol y mojar un algodón con él, pasándolo con brusquedad sobre su herida.
JaeMin soltó un chillido y se apartó de golpe dedicándole una mirada no muy agradable, cosa que ignoró para tratar de hacer que se sentara de nuevo en aquel sillón individual.
—¡Eso duele, Ren! Joder, maldita sea, me vas a dejar sin pierna
Sonrió para sus adentros satisfecho por lograr esa reacción molesta.
—Bueno, tú me quebraste una pierna primero, aguántate—le recordó con media sonrisa—. Y agradecería que dejaras de repetir lo mismo para que me expliques lo que tanto te sorprende—dijo harto empujándolo para que se sentara de nuevo—. Y que me pongas atención, no me gusta que me ignores.
Su novio hizo un puchero aun sintiendo un terrible ardor en su pequeña herida, mirando al chino con resentimiento por lastimarlo más. Era muy cruel a veces.
RenJun no era precisamente alguien muy social, no tenía un gran círculo de amigos no porque JaeMin se lo impidiera, sino porque nunca fue bueno socializando.
Era un introvertido, en la primaria solo estuvo unido a una persona, a quien tenía al frente justo en ese momento con una pequeña herida en la pierna. Solo a él le mostró su verdadera forma de ser y le dio amor en cada momento si juzgarlo por nada.
Y no, él no nació en cuna de oro como JaeMin, él pertenecía a la baja clase, la cual fue ignorada la mayor parte de su vida gracias a su novio por los carísimos regalos que le hacía aun sí no era una celebración importante. Pero esa linda vida, tuvo su final. Y el peor de todos.
—Pudiste pedírmelo y nada más, no debías joderme la pierna—lo vio apretar los labios.
—He tratado de hacerlo con toda la paciencia del mundo y lo único que haces es repetir una y otra vez "No puedo creerlo" —JaeMin bufó—. Mi paciencia tiene límites.
Su novio se acomodó en el sofá desconfiado de él, con temor a que le hiciera daño como unos segundos atrás. Su mirada cambió de pronto a una bastante extraña.
—Perdón —suspiró—. Solo que... han sucedido tantas cosas este día ¿Cómo crees que será el resto del año? ¿Moriré antes de graduarme?