Nakamoto Yuta es un policía con una misión importante, debe infiltrarse como alumno en aquella escuela para buscar pistas sobre el asesinato de una mujer, un caso que se cerró de manera misteriosa en el pasado.
No obstante, Yuta se ve involucrado en...
Nosotras diciendo q lo único pendiente era el epílogo y aquí estamos 🤡
No les daremos epílogo por unas buenas razones, ahora sí q esto es lo último que subimos aquí.
Esto es lo más soft a lo q podemos llegar a escribir.
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—Despierten... ¡Despierten!
Una voz lejana fue trayéndolo de vuelta al mundo real.
Seguía siendo oscuro todo, no había ni un rayo de luz, y sumándole a eso la visión borrosa y los fuertes mareos que lo atacaron en cuanto abrió sus ojos.
Le dolía la espalda, la cabeza... la nuca. Quería llorar del dolor, quería vomitar de lo mal que se sentía. Era insoportable.
—¡ChenLe! —gritó una voz conocida. El chino parpadeó varias veces, escuchaba un repugnante pitido en su oído izquierdo. Podía oír todo como si estuviese bajo el agua— ¡ChenLe!
—¿YoonOh...? —jadeó su nombre, intentó enderezarse, por lo menos quedar sentado y tratar de enfocar su visión, sin embargo, todo le daba vueltas, parecía como si se fuera a desmayar de nuevo.
—¡Soy yo! ¿Qué haces aquí? —cuestionó desesperado, el pequeño ni siquiera sabía de donde provenía la voz, era completa oscuridad y no lograba agudizar su oído, había sido bueno reconociendo sonidos y ahora estaba tan mal que ni eso podía hacer— ¡¿ChenLe?!
—No siento las piernas...—dijo en voz baja sin entender la pregunta de aquel chico.
Aturdido, se sentó y recostó en la pared detrás suyo, llevando sus dos manos temblorosas a sus dos extremidades, rozándolas para sentir al menos el toque. Pero nada.
Una de sus manos viajó hacia su nuca y la masajeó, un gemido de dolor salió de sus labios en cuanto hizo contacto con aquella zona. Cuando se rozó los dedos, pudo sentir un líquido viscoso en ellos, y con un olor horrible.
Sangre.
—YoonOh...
—Aquí estoy... te puedo ver, respira... ¿cómo te sientes?
¿Cómo se sentía?
Preferiría morir.
YoonOh hablaba y él no podía oírlo porque se concentró en restregar las manos sobre sus propios muslos al sentirse invadido por unas inquietantes dudas.
Con sus dos puños se golpeó, aumentando la fuerza en cada golpe que se daba.
Golpeándose con sus dos manos al mismo tiempo o turnándolas. Nada. No conseguía sentir nada.
Soltó un grito ensordecedor, repitiendo aquello una y otra vez sin dejar de sollozar, de gritar maldiciones. Múltiples "no" saliendo de sus labios con un tono lleno de tristeza y rencor.