Nakamoto Yuta es un policía con una misión importante, debe infiltrarse como alumno en aquella escuela para buscar pistas sobre el asesinato de una mujer, un caso que se cerró de manera misteriosa en el pasado.
No obstante, Yuta se ve involucrado en...
—¿Jung SungChan? ¿El hijo de aquel maldito? Vamos a matarlo.
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—Baja las cajas, Nana—ordenó su madre cargando varias de ellas bastantes grandes en sus brazos. El pequeño JaeMin tomó una algo pesada, obedeciendo a la mujer de inmediato.
Tenía justo frente a él una enorme casa que parecía castillo. Con ventanales preciosos y cortinas que no les reconocía el color por estar en ese lugar. Del camión de mudanzas, los trabajadores ayudaban a bajar lo más pesado, mientras que él y su madre descargaban lo del auto, que eran cosas más personales y no necesitaban otro transporte.
Incluso uno de los jardineros llegó a ayudar a bajar muebles junto a los otros empleados de la mansión, o castillo mágico como Nana le decía. Tenía un jardín extremadamente grande, por suerte traía su casita para colocarlo entre unos árboles que habían ahí.
Arbustos bien podados en distinguidas figuras, estatuas elegantes, fuentes de agua, muchas flores... ¿Habrá alguna entrada a un mundo mágico? Debía existir alguna, seguramente las hadas aparecían por las noches a ayudar que ese jardín brillara de belleza como ahora.
A JaeMin le encantaba la idea.
Ese fue el primer día que conoció la mansión. Y a su hermanastro. Un tiempo antes de mudarse por completo.
O eso creía.
—Nana—su madre llamó su atención. El pequeño castaño se disculpó en voz baja por haberse quedado ahí parado sin decir nada ni ayudar. Se había metido en su mundo.
Debía decirle a RenJun sobre su nueva casa, era preciosa y tenía más que asegurado que le encantaría jugar con él a los chicos perdidos en el desierto.
Cuando JaeMin se dio la vuelta, con la caja en las manos, se sorprendió a tal punto que se meció hacia atrás, cayendo sentado y dejando caer su caja. Emitió un sonido de dolor por el impacto en su pobre trasero.
Pero, por favor ¿Quién no se sorprendería así al ver la tremenda cara de villano que tenía ese chico frente a él?
Aparte de ser súper alto, daba mucho miedo ¡había aparecido ahí de la nada! ¿acaso se había teletransportado?
—Oh, ¡hola! —Nana ignoró el dolor en la parte baja de su espalda y se levantó para sacudirse su ropa. Al instante, le hizo una inclinación de cabeza a ese chico extraño—. Soy JaeMin, Na JaeMin, puedes decirme Nana si quieres.
El contrario seguía mirándolo con la misma expresión, y eso no detuvo al único hijo de YangMi.
—RenJun me puso ese apodo, es bastante lindo ¿verdad? O sea, el apodo—sus mejillas enrojecieron—. Bueno, no digo que Ren sea feo, de hecho, es demasiado bello. Más que yo... ¡Y tú! También eres muy guapo.