Nakamoto Yuta es un policía con una misión importante, debe infiltrarse como alumno en aquella escuela para buscar pistas sobre el asesinato de una mujer, un caso que se cerró de manera misteriosa en el pasado.
No obstante, Yuta se ve involucrado en...
Te has esforzado tanto por la felicidad de los demás que olvidaste la tuya.
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—¿Podemos hablar...? —RenJun cuestionó ingresando a la cabaña donde estaba DongYoung, concentrado escribiendo algo.
El psicólogo alzó la mirada hacia el chino y le entregó una dulce sonrisa, asintiendo lentamente y señalando la silla frente al escritorio, invitándolo a tomar asiento.
El menor se vio nervioso, estaba sudando y sus manos estaban inquietas, aun así, el pequeño cerró la puerta con seguro y se aseguró de que las cortinas bloquearan la vista hacia el interior de la cabaña. Un mal sabor se instaló en la boca del mayor cuando lo vio hacer todo eso antes de sentarse.
RenJun estuvo por abrir la boca y contar lo que estaba sucediendo, sin embargo, sus ojos cayeron a la línea roja y profunda en el cuello del mayor, palideciendo de preocupación.
—¿Qué te sucedió?
DongYoung se llevó la mano a su propio cuello para cubrir la herida, todavía esbozando esa sonrisa que temblaba de nerviosismo. Negó un par de veces con su cabeza y sacudió su otra mano que sostenía un lápiz, restándole importancia al asunto.
—No la tenías ayer, ¿qué sucedió?
El corazón de Kim se hizo en un puño por la clara preocupación que tenía. Se alegraba que sus niños no lo odiaran por desaparecer en el pasado, sentía el cariño que ellos le tenían todavía. Y le hacía feliz, muy feliz saber que todavía lo amaban.
—Solo un accidente, Jun. ¿Va? Cuéntame, te veo asustado. Eso es raro en ti—cambió de tema, no quería recordar la noche anterior—. Siempre eres valiente, nunca te asustas fácilmente... nunca te vi tan nervioso.
Ren no insistió en el tema de la cicatriz en su cuello y se mordió el labio inferior. Los dedos del chico jugaron entre ellos, temblando ligeramente mientras la mirada del adolescente caía al suelo.
Tomándose el tiempo para explicar.
DongYoung analizó su lenguaje corporal, no se perdió ni un solo detalle. El pequeño había sido muy serio desde que lo conoció, no se asustaba con facilidad ni solía ponerse nervioso. Ni siquiera cuando JaeMin lo lastimó en un ataque de desesperación.
Tampoco lo veía llorar seguido. Sabía que las únicas razones por las que se ponía nervioso o preocupado eran acerca de las cosas que les sucedieran a seres que quisiera mucho. Como JaeMin.
Y no falló en su teoría cuando esos nombres salieron de los labios del chico, en un susurro casi inaudible.
Inhaló aire con exageración.
—JaeMin y JeNo—volvió a decir—. Yo sé por qué JaeMin siempre duerme. Y no puedo quedarme callado, pero tengo miedo de que le suceda algo—confesó sintiendo la voz temblar.