Una lágrima caía de su rostro, y, a lo lejos, solo se escuchaban los golpes que recibía en su cuerpo.
Por favor Yosh, suéltame, yo no te he hecho nada -decía Archi, que estaba sujetado de ambos brazos por dos de los amigos de su interlocutor. Su piel era morena clara, cabello negro y ojos color miel, era muy delgado, pero su característica más notoria no se encontraba en su físico, más bien en su mente, pues era el más inteligente de su salón de clases. -
Es para que entiendas que yo soy el que manda, así que no te quieras sentir muy listo con los demás -dijo burlándose el otro mientras conectaba un golpe en el rostro de Archi, el cual, dejaría tras de sí un ojo inflamado y morado. La piel de Yosh también era morena, característica de los habitantes de Tulum. Pero a diferencia de Archi, Yosh tenía sobrepeso, y por alguna razón, se veía considerablemente mayor que Archi, a pesar de tener la misma edad-.
Te juro que no es así, por favor, ya déjame ir -dijo, mientras una gota de sangre y una lágrima se combinaban en su rostro, mientras pensaba como le encantaría poder controlar su cuerpo, tener la fuerza para zafarse del agarré que le habían impuesto en los brazos, y esquivar cada golpe. Pero el dolor le mantenía los pies en la tierra, sabía que eso jamás iba a pasar, y solo se limitó a quedarse petrificado de miedo... Como siempre.
Vámonos, ya no es divertido, además, ya van a comenzar las clases -dijo alejándose de ahí, dejando a un herido Archi tirado en el piso-
Archi se levantó, se sacudió el polvo y se dirigió a la escuela, trató de parar la hemorragia con las manos, y antes de entrar a su salón, se lavó la cara en el lavabo del baño, sus manos temblaban frente a él, y el espejo reflejaba un gesto de impotencia. A pesar de lo que pasó momentos antes, Archi estaba un poco emocionado, pues ese día iba a tomar su primera clase de química, él siempre quiso aprender de dicha materia. Entró a su salón de clases, y ahí estaba sentado Rod, su mejor amigo, cuya piel era más clara que la de él, y su cabello era color café castaño, con una complexión robusta.
¿Qué te pasó? ¿Fue otra vez esa idiota verdad? -dijo Rod al notar su ojo inflamado-
Sí, otra vez el, pero si digo algo, me va a pegar más fuerte -contesto Archi mientras acomodaba sus cosas en el pupitre y se sentaba en su lugar-
En ese momento, una persona entró al salón, a pesar de tener una complexión delgada, y en su rostro unas cuantas arrugas que denotaban su mediana edad, su figura era tan erguida como la de un soldado, su tez morena, y una mirada tan fría, que parecía analizar milimétricamente su entorno. Era Marian, la directora de esa escuela, quien, a su vez, era profesora de química.
Buenos días clase, mi nombre es Marian, seré su profesora de química, alguien dígame, ¿Saben que es la química? -preguntó-
Archi no quería responder, había leído la respuesta en uno de los libros de la inmensa biblioteca de su padre, pero no quería que nadie notará sus golpes. Pasaron dos minutos de silencio, que, junto a la profunda mirada de Marian, parecieron eternos. Pasado dicho tiempo, procedió a dar su clase, les habló acerca de lo más fundamental, los átomos, les contó cómo eran la unidad fundamental de la materia, y como sus partículas también era importantes para la composición de la misma, y les habló de que la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma. Archi había leído acerca de ello, pero Marian lo contaba con tanta pasión, que no evitó asombrarse con esa primera clase, y entonces una idea le llegó a la cabeza. Si él podía entender el comportamiento de los átomos, entonces podría obtener lo que siempre había deseado; controlar su cuerpo, más allá de lo que cualquier tipo de entrenamiento físico podría ofrecerle. Sin embargo, eso solo pasaría en sus sueños... O tal vez no. Recordó a "la destructora" nombre de uno de sus más grandes ídolos, la mujer que podía destruir montañas con solo tocarlas con sus manos. Dicha mujer, fue una guardiana de Gaia hace dos generaciones, y había logrado entender el funcionamiento de los átomos de la misma manera que él quería.
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Gaia: Neogenesis
Ciencia Ficción10 personas, lo mejor que puede ofrecer la humanidad, conocidos como "los guardianes de Gaia", son los encargados de mantener el balance en el planeta y preservar la vida de quienes habitan ahí, lo cual, no es una tarea fácil, por ello, solo pocos t...
