CAPITULO 14

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Las vías del tren.

  Apretados, unidos, mal olor, frío, hambre, sed...  Son las seis cosas que logró notar en abundancia por este Vagón... es nuestra  primera mañana dentro de estos vagones de ganado, ya llevamos mas de veinticuatro horas de viaje, estamos puestos unos encima de otros, me doy cuenta que tenemos viajando con nosotros a once niños recién nacidos, que sueltan chillidos y llantos de dolor, por el hambre que tienen quizá, yo lo tengo y es una sensación de vacío en mi estómago desgastante que me causa ansiedad y empiezo a morderme las uñas. Un día sin comer no es nada relajante y la sed, que no tenemos nada de agua me hace llorar de vez en cuando, nada comestible en otras palabras, también pude captar que hay dieciséis niños de entre los tres a ocho años. Tenemos unas veinticinco o treinta quizá treinta y cinco ancianas enfermas, diecisiete mujeres embarazadas, y eso sin contar los adolescentes y hombres que hay por montones. Margot se encuentra a mi lado y me abraza, también hay cinco cadáveres que no aguantaron está mala condición.

—¿dónde iremos?— rompo el silencio de los aullidos de personas y lo digo casi en susurro sollozando porque tengo mucha hambre lo que me hace ser débil, recuerdo que la última vez que me alimente de algo fue aun en el campo de westerbork. La noche anterior a que partiéramos a este absurdo viaje a la “tierra desconocida” que escuché decir a Drusell ayer y ambos sonreímos de la locura, nos vimos las caras y entramos en razón.

—Estamos en Alemania— dice Pin asomándose por los agujeros del tren. Lo sé, le creo porque él es muy listo, siempre que dice algo siempre es así, ya lo e puesto a prueba.

—¿Cómo lo sabes Otto? —le pregunta el señor van pels.

—Lo sé porque calculando el frío que había en westerbork. Que era en el norte de Holanda a unas millas de la frontera Alemana, y imaginen todo lo que hemos recorrido desde afuera?... ¿Se dan cuenta? el frío de Alemania es éste que estamos teniendo ahora. Este frío inútil.

—Así es pin— le sonrió a pesar de todo. Tiene toda la razón. Debemos estar entrando a los bosques congelados de Alemania si no en la frontera con Holanda.

Me arrodillo en el mismo rincón que estoy y luego asomo mi ojo derecho por uno de los pequeños orificios que hay para ver a fuera del vagón. Veo el cielo blanco cubierto de hielo,  arboles de pino altos con la punta llena de nieve además siento como mi ojo empieza a congelarse  así que decido retroceder y sentarme donde estaba, estoy muy fría y hambrienta mis labios están secos y tiesos y apuesto que pálidos, mi garganta se encuentra en un estado muy parecido pero apuesto que mucho peor ya que la siento irritada y con mucho dolor como un ardor.

Mi encía tiembla como un taka, taka, taka, Peter ve mi gesto y muy incómodamente se sienta mi lado mientras yo tengo los brazos cruzados por el crudo frío él toma una manta y me la pone encima sobre los hombros cubriendo mi espalda. es algo pequeña pero me alcanza el tamaño para compartirla con él y Margot.

—Gracias—me dice él al ver que le comparto la manta.

—No, no tienes que agradecer. gracias a ti por compartirla conmigo— Mi voz sale con dificultad y se esparce humo por la oscuridad.

Él se acerca a mi oído y me dice un susurro.

—¿Te puedo contar un secreto Ana?—Susurra, Suena tan cursi que me eriza la piel, por un momento mis mejillas arden cómo brazas y solamente logré asentir en modo respuesta. —Te amo.

Una punzada en mi corazón.

—Yo más a ti—le susurro al oído y le doy un pequeño beso en la mejilla casi rozando sus labios.

Él sólo me sonríe y colocó mi cabeza en su hombro y de repente una mujer comienza a gritar muy fuertes llantos. Parece que hasta con dolor en el alma.

— ¡No mi bebé no!...— me pongo de pie para ver qué es lo que sucede con mas claridad ya que la mujer se encontraba al otro extremo del vagón.

—¡No!...¡No!... —La mujer llorando fuertemente. Mientras me doy cuenta que es su bebé de unas dos semanas de nacido y está muerto por hipotermia.

Sin más que poder hacer me siento nuevamente con las  piernas recogidas para dar espacio al lado de Peter y Margot y una lágrima recorre mi mejilla no termina de bajar porque se congela a mitad del camino.

¡esto es el infierno en la tierra!





Con cariño.

Luisfrank :)

ANA FRANK EN LOS CAMPOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora