la ayudó a levantarse y caminaron hasta el lugar, cuando entraron divisaron a sus amigos y caminaron hacia ellos.
— ¿qué crees que pasó? —le preguntaba la correntina a la cordobesa mientras bebía de su vaso.
—probablemente se arreglaron, se hacen los malos pero son unos trolos y ya no aguantaban estar sin el otro. —contestó. Confirmaron su teoría cuando vieron que venían tomados de la mano.
—hola —habló Javier— ¿será que puedo hablar con vosotras dos? —dijo señalando a las amigas de la morocha. No hablaron y simplemente lo siguieron hasta la barra del lugar.
se recostaron a la barra y se quedaron calladas para dejarlo hablar.
—estáis enfadadas conmigo ¿no? —preguntó.
—tienes que entender que somos sus amigas. Tuviste que verla, estuvo muy mal ni tan siquiera nos hablaba a nosotras, no salía ni a recibir un rayito de sol. —decía Valentina.
— es de entender que nos hayamos enojado, cuando me enteré quise partirte una silla en la espalda por haberle hecho eso a ella que es probablemente la persona que menos se lo merece. —Javier abrió la boca para decir algo pero la rubia habló nuevamente— pero, sabemos que fue un error de tu parte y que están mejor juntos que separados.
—solo trata de hacer las cosas bien esta vez. —agregó Valentina.
—muchas gracias chicas, a ustedes también las extrañé. —les dio un abrazo y volvieron a la mesa.
[...]
—¿por qué mierda los dejaron tomar? —se quejó Valeria mientras arrastraba a Valentina con ayuda de Javier.
—no esperábamos esto. —contestó Enrique mientras él y Victoria jalaban a Gabriel.
los torbellinos habían bebido demás, su estado ebrio pasó a que dijeran mil pelotudeces por segundo, a bailar, reírse por todo y finalmente caer dormidos. Los mayores se arrepentían profundamente en haberlos dejado tomar tantas cantidades de alcohol.
dejaron a la castaña en su cama, y la acomodaron para que quedara bien y no durmiera mal.
—ya fue, acostalo al lado de Valentina —dijo la morocha al ver que no sabían donde dejar a Gabriel. Lo acostaron a su lado.
les sacaron los zapatos y los cobijaron bien para que estuviesen cómodos, la noche estaba fría. Cada pareja se fue a su habitación para dormir y descansar, había sido un día largo.
—yo me voy a sacar el maquillaje si querés puedes ir acomodándote —decía la rubia mientras pasaba un algodón con desmaquillante por su rostro. Terminó su rutina de skin care y se dio una ducha para poder dormir limpia y fresca.
se colocó la una camisa de Enrique, una que él le dio el día que regaló la notita y desde entonces ella la usaba como pijama. Enrique había llevado ropa limpia para poder ducharse y dormir bien.
cuando ambos estuvieron listos se acostaron en la cama de la cordobesa, ella se acostó boca abajo recostando su rostro en su pecho. Mientras él subía y bajaba su mano por la espalda de su chica, y el aroma frutal de su cabello inundaba sus fosas nasales, le encantaba tenerla cerca.
—¿sabes algo? —el barcelonés rompió el silencio— quiero que todas mis noches sean así como esta, contigo a mi lado. Creo que no te lo había dicho pero, amor contigo no existen miedos e inseguridades.
—yo sería la más feliz durmiendo a tu lado, también me alegra que vayas comprendiendo que sos hermoso y que eres maravilloso si se te llega a olvidar búscame que yo te lo recuerdo. —decía mientras acariciaba la mejilla del rubio.
—Vic, ¿quieres ser mi novia? Así podemos despertar al lado del otro las veces que queramos. —había sonado muy seguro, pero la verdad era que por dentro temblaba. Le tuvo miedo al amor, pero algo en dentro de sí le hace estar seguro de que con ella no habrá errores.
la rubia se levantó un poco para verlo con la escasa luz de la ventana y asegurarse de que no era una broma, pero lo vio tan serio y seguro que supo que no era un chiste. Interiormente gritaba, Enrique era ese amor que ella tanto ha esperado y que por fin la vida le da.
—como no voy a querer ser novia del hombre más hermoso que existe. Sí, Enrique, sí quiero. —contestó y dejó un beso en sus labios.
la morocha se dio una ducha y nuevamente se puso la sudadera de Bonet, entró a la habitación ya bañada y lo vio sentando en la cama esperándola. Le sonrío y se colocó en medio de sus piernas para verle esas pestañas que tanto le gustaban.
—no traje pijama porque no estaba seguro de cómo saldrían las cosas.
— ¿y qué harás? No creo que mis pijamas te queden. —le dijo mientras lo veía a los ojos.
—que me tocará dormir en bóxer ¿qué te parece? —la morocha abrió los ojos con sorpresa y sus mejillas se tiñeron de carmín haciendo que el castaño ría.— pero si te incomoda puedo dormir con este pantalón.
—no tranquilo —decía mientras se acostaba. Javier sacó su pantalón, pensó en sacarse la camisa pero sintió que era demasiado.
se acostó a su lado y la envolvió en sus brazos, sonrio cuando captó que ella olía a colonia de bebé. Era alérgica a los perfumes normales, le irritaban la piel y él único que no lo hacía era el perfume para bebés.
dejó un beso en sus labios y cabeza y cerraron sus ojos para poder descansar.
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almas reflejadas ; khan ; bnet ; gazir
Fiksi Penggemaruna leve brisa corrió e hizo que seis almas perdidas se encontraran con sus reflejos ideales, de ahí en adelante aprendieron a bailar juntas al mismo ritmo pero con diferentes pasos.
