POV JESSICA
—La llamada duró muy poco —dijo Memo por vigésima vez—. Es imposible rastrearla.
—¿Y el número?
—Es de prepago, estamos intentando seguir un rastro, pero sabes cómo acaba eso. —Le di una patada a una silla provocando que se desplazara unos metros impactando contra la pared de cristal—. Al menos sabemos que está viva.
—Eso no me ayuda, Memo.
El que entró abruptamente en la sala, sobresaltando a todos los que estaban allí, era Jaime. Por un momento imaginé que me regañaría por haber roto una de las paredes, pero eso no fue así. Me dio una tablet, en cuya pantalla estaba abierto el mapa, enseñándome una ciudad.
—Un tipo de una gasolinera la ha encontrado. —Consiguió que le mirara—. Llamó a la policía y ellos se encargaron de llevarla al hospital.
Dejé la tablet en la mesa, cogí mi chaqueta y salí a todo correr.
—Tienes el avión privado preparado.
—¿Avión? —pregunté siendo perseguida por Jaime y por Memo, este último porque se venía conmigo.
—Está a unos seiscientos kilómetros. Un amigo de esa comisaría me ha llamado diciéndome que creía que la mujer de Jenkins estaba allí —explicó dándome un papel—. El hospital, la planta y la habitación. —Me lo guardé en el bolsillo trasero de mi pantalón—. ¡Llámame!
El aeropuerto estaba a media hora, yo tardé casi veinte minutos. Para cuando llegamos, el avión estaba preparado para despegar. Di enseguida la orden de hacerlo sin esperar a azafatas o a que nos sentáramos. Prepararon todo y en cuestión de cinco minutos, que se me hicieron eternos, el avión comenzó a moverse. Yo saqué mi móvil, viendo como Memo se ponía el cinturón; y marqué a los teléfonos de la central.
—Soy Jenkins, ponme con el comisario de la ciudad de Haotral.
—A la orden.
Rechacé el agua que Memo me ofreció justo cuando nos avisaron que el vuelo duraría una hora. Demasiado tiempo para lo que yo quería tardar, pero en eso no podía hacer nada.
—Comisario Márquez, ¿en qué puedo ayudar?
—Soy la inspectora jefe Jenkins, me han informado que han encontrado a la subinspectora Samanta Ruiz en su jurisdicción.
—Sí, señora. Está en el hospital.
—Mande a sus mejores agentes para que custodien la puerta, no quiero que absolutamente nadie entre en esa habitación.
Colgué sin querer hablar más con ese hombre, después ya le vería por allí.
—Quiero a tu mejor agente siendo la sombra de Samanta —ordené consiguiendo que Memo asintiera—. No me fio de nadie más.
El equipo con el que yo trabajé, ya no era el mismo que estaba; con mi partida, todos estaban lo suficientemente cualificados como para dirigir su propio equipo. Por lo que Memo, jefe ahora de brigada, tenía otro nuevo completamente distinto. Aún así, confiaba en que él sabía lo que quería y a quién. Me mandaría a alguien completamente fiable y exigente.
Sesenta y cuatro minutos exactamente transcurrieron desde que dejamos de tocar suelo, hasta que lo tocamos nuevamente. Memo no dijo nada en todo el vuelo, eso agradecía de él; su silencio compañía era lo que necesitaba. Yo iba sumida en mis pensamientos, necesitaba verla y verla bien, porque en cuanto lo hubiera hecho, acabaría con los hijos de puta que la habían tenido... Y por su bien que no tuviera nada.
ESTÁS LEYENDO
Miradas de celos.
Tiểu Thuyết ChungJessica Jenkins, ascendida ahora la inspectora jefe del todo el cuerpo nacional de policía; deberá enfrentarse a uno de sus mayores miedos. ¿Bastará la compañía y el amor de Samanta, su esposa, para que todo vuelva a la normalidad? Esta cuarta entre...
