CAPITULO 27

509 42 21
                                        

-Disculpen pero... Aún no es el momento de los anillos- expresó el reverendo ante la tierna acción de Seiya, aunque su hablar no nos distrajo para nada de lo que ambos estábamos viviendo, así que optamos por ignorarlo por completo y continuar en nuestro asunto.

Después de dar un hondo suspiro y así poder tomar una fuerte bocanada de aire me dispuse a hablar. Al fin, de todo era mi momento para expresar lo que yo sentía.

-Yo, me enorgullezco de leer a las personas, casi siempre que veo a alguien puedo deducir su forma de ser, de pensar y de actuar. Seiya, cuando te conocí, pensé que eras un vago, alguien sin oficio ni beneficio, un mujeriego, y siento decirte esto, pero... ¡No me equivoqué!...- en cuanto comencé con mi declaración, lo único que pude ver fue la mirada triste de ese hombre que lentamente bajaba sus manos con el anillo que me había ofrecido.

Para sorpresa de todos, tal y como el lo había hecho cuando me llamó gruñona y perfeccionista, yo también tenía una segunda opinión, así que continúe con mi discurso. -... Pero poco a poco te fui conociendo y me di cuenta de que detrás de ese niño inmaduro y despreocupado hay alguien valiente, sensible y con mucha fortaleza que soportó infinidad de cosas en la vida y aún así no agacha la cabeza. ¿Sabes algo? Hay cosas insignificantes que me hacen ver tu verdadero yo, como cuando juegas con mis sobrinos, o como cuando tú mirada se ilumina y tu rostro sonríe solo porque tu mamá entra a la habitación. Todos esos detalles son los que cada día me hicieron amarte.

Al escuchar mis últimas palabras, Seiya elevó nuevamente su mirada. Tenía un semblante de sorpresa y alegría al mismo tiempo que no podía disimular.

-¿Entonces me amas bombón?- me preguntó aún con su rostro lleno de incredulidad.

-¡Te amo Seiya!- le respondí colocando mis ojos fijamente en los de él.

-Entonces, solo para confirmar y con respecto a mi propuesta ¿Es un si?- fue la última pregunta que me hizo antes de sellar nuestro pacto.

-¡Si!- le dije muy emocionada y con una gran sonrisa en mi rostro.

En ese momento el se levantó y poco a poco comenzó a deslizar el anillo de su abuela sobre mi dedo anular como muestra de la veracidad de nuestro compromiso.

-Chicos, aún no es el momento de los anillos- nuevamente el reverendo trataba de llamar nuestra atención, pero tal y como la vez anterior, el pobre hombre había pasado desapercibido.

Yo me encontraba más que feliz, tanto que al terminar de colocarme el anillo, me fui sobre Seiya y rodeé su cuello con mis brazos mientras el hacia lo mismo con mi cintura para comenzar a acercarnos y darnos nuestro primer beso. Bueno, ya una vez lo habíamos hecho, pero fue más por presión que por deseo, este era nuestro primer beso real, nuestro primer beso de amor.

-¡Chicos! ¡Por favor! ¡Esperen! Están haciendo todo al revés- el pobre reverendo no hacía más que sufrir con todo este embrollo, y por más que trataba de hacernos reaccionar, ninguno de los dos lo tomaba en cuenta, así que se dió por vencido y pasó a la siguiente etapa de la celebración.

-Seiya ¿Aceptas por esposa a Serena Tsukino?- aún sin separar nuestros labios, él le respondió afirmativamente mostrándole su puño completamente cerrado y dirigiendo su pulgar hacia arriba.

-Serena ¿Aceptas por esposo a Seiya Kou?- de igual forma, sin poder usar mi boca para responderle, solo agite mi mano y moví mi dedo índice de arriba hacia abajo indicando mi respuesta positiva.

-¡Los declaro marido y mujer!- fueron las palabras del reverendo, aunque al ver qué nosotros ya estábamos en la parte del beso desde hace algún rato solo pudo decir una frase que finalmente lograría que volteáramos a verlo -¡Pueden hacer lo que quieran!

¿Y si nos casamos?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora