Un repentino accidente de avión, pondrá en suspenso la vida de dos chicos, Harry y Louis, los cuales apenas se conocían de vista. Ambos tienen pareja pero esa traumática situación les hará replantearse muchas cosas, dándoles la oportunidad de conoce...
Finalmente y pasados unos días más, juntos e inmensamente felices, Harry y Louis decidieron que ya era hora de regresar a los estudios.
Algunos de los estudiantes del campus se les quedaron mirando a su paso pero ellos sonrieron sin importarles nada, los cuchicheos.
Les resultó duro separarse pues habían pasado varios días y noches juntos en la cama tras encontrarse nuevamente.
-Te extrañaré mucho Boo, te amo
-Y yo también.
(...)
A pesar de hablarle todos los días por mensaje y dejarle varias llamadas, Liam estuvo reacio a acercarse al castaño pues no sabía si éste seguiría queriendo ser su amigo.
Durante un buen rato lo observó, hasta que este se le acercó sonriente.
-Oh hola, que bueno verte.
-¿En serio es bueno?-preguntó el ojimiel no muy seguro.
Este asintió y lo abrazó con fuerza.
-Claro que lo es...oye, perdona por no responderte, he tenido unos días muy locos pero ya estoy bien.
-O-Oye, ¿En serio seguirás siendo mi amigo a pesar de que...bueno de todo lo que pasó?
El castaño sonrió ampliamente.
-Por supuesto, tú y yo seremos amigos siempre, bueno si tú quieres.
Liam asintió con fervor.
-Claro, claro que si.
Ambos volvieron a abrazarse y acto seguido entraron en el aula pues pronto daría comienzo las primeras clases del día.
Fue incómodo para Louis sentir la mirada asesina de Stan sobre su persona pero no podía evitar amar a Harry y eso le dio fuerzas para aguantar hasta el descanso, donde nuevamente ambos tuvieron un tiempo para estar juntos.
Tras superar ese primer día, los otros vinieron rodados y cada vez, el ojiazul estuvo más convencido de que había tomado la decisión correcta y que el ojiverde era el hombre de su vida.
El castaño empezó a ir de nuevo a las gradas para animar a su actual novio, solo que ahora lo hacía en las de la cancha de baloncesto.
El rizado estaba feliz y aunque tenía que soportar comentarios y malas miradas de algunos de sus compañeros, lo le importaba pues el seguía siendo el capitán y debían obedecerle aunque no quisieran.
Desde la distancia, Stan los miraba y los maldecía pues a pesar de que había vuelto con su ex, le respetaba el hígado ver que su ex estaba pletórico junto al capitán del equipo de baloncesto universitario.
Además, estaba el hecho de que cómo su hermano y Louis seguían siendo tan amigos a pesar de todo, el mellizo deportista, lo llevaba el demonio.
Estos reían, gritaban y cuchicheaban todo lo que les apetecía pues tanto a Harry como a Zayn no les molestaba pues estaban muy seguros del amor de estos.
Eso era lo que más amaba al ojiazul de su nuevo novio, ya que tenía total libertad de expresarse de lo que quisiese y en cualquier momento, sin temer una cara mala o un reproche como le había ocurrido con el ex novio.
Otros que vivieron su amor con plenitud fueron los padres de ambos y también Lottie y Niall, quienes a pesar de la distancia consiguieron salir adelante.
(...)
En los cuatro años siguientes de Universidad, todas las parejas fueron muy felices y a pesar de tener los normales altibajos por los nervios, los inevitables celos, discusiones tontas y dulces reconciliaciones, los amigos consiguieron graduarse.
Las parejas salían juntas y se divertían de lo lindo, eran mejores amigos por y para todo, en lo bueno y en lo malo y eso fue así durante los años de Universidad e incluso después, cuando buscaron trabajo e iniciaron sus vidas en común.
Louis y Harry decidieron unir sus vidas en matrimonio y para ello, contrataron un weeding planer, el cual se ocupó de todos los detalles de la ceremonia, la cual fue increíble y por supuesto, su luna de miel la pasaron en la pequeña isla, en la que su amor había nacido.
Tras un año como casados, ambos vieron el momento de llenar sus vidas con un hijo, así que luego de rellenar más y más papeles, de varias entrevistas y una espera de varios meses, llegó a su vida, Anne una tierna y preciosa bebé de dos años y luego lo hijo Mike, un bebé de meses.
La vida sonrió a la familia durante muchos, muchos años y mientras en el día compartieron su atareada vida con los demás mortales, en las noches tan solo estuvieron estuvo la pareja y allí en la intimidad de las cuatro paredes de su habitación, ambos se demostraron incontables veces, su incansable y eterno amor mutuo.
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