Un repentino accidente de avión, pondrá en suspenso la vida de dos chicos, Harry y Louis, los cuales apenas se conocían de vista. Ambos tienen pareja pero esa traumática situación les hará replantearse muchas cosas, dándoles la oportunidad de conoce...
Louis llegó llorando a la cueva y rápidamente las mujeres y alguno de los hombres que estaban allí se le acercaron preocupados.
...-¿Qué te ha ocurrido?, ¿por qué estás así, muchacho?-le preguntaron insistentemente pero este tan solo negó con la cabeza, sin decirles nada.
Finalmente estos vieron entrar al ojiverde minutos después y por la cara de este, dedujeron que habían discutido de nuevo, así que los dejaron tranquilos pues no podían hacer nada si no se entendían como pareja que creían que eran.
Tras resoplar, suspirar, luego negar y caminar de un lado a otro, malhumorado y lleno se frustración, Harry acabó acercándose a este para hablar.
...-Oye, lo siento, perdóname...creí que sería la mejor forma de explicártelo porque bueno, no soy muy bueno con las palabras.
El castaño lo miró y chasqueó la lengua incrédulo.
-¡Me besaste!-le gritó furioso, ¿Cómo crees que me siento ahora mismo?, ¡tengo novio y yo nunca he pensado en otro que no fuese él!, ¡tampoco había besado a nadie más!, ¡eres un maldito egoísta y no quiero que te me acerques más a mi!, ¡Nunca me fijaría en ti de ese modo!.
Tras decir esto, este se levantó y se fue de la cueva, mientras que Harry se quedó allí muerto de la pena pues el haber escuchado eso de la boca del chico que amaba con todo su ser, lo acababa de destrozar por dentro.
-Lo siento, lo siento mucho.
Durante el resto de ese día, ambos chicos anduvieron por separado, envitándose en las miradas, aunque no en los pensamientos.
Al llegar la noche fue aún todo más frío pues a pesar de que una de las mujeres le dio la ración del rizado a Louis para que se la llevase y así propiciar que hablasen y se arreglasen pero se la cogió de malas maneras.
Luego de eso, todos se fueron a dormir, bueno, todos menos ellos, los cuales permanecían en sus mantas mirando al techo de la cueva.
Eran alrededor de las tres de la mañana cuando una gran tormenta se desató.
Esta quizás era la más fuerte y temerosa de las que habían visto, por lo que muchas mujeres buscaron refugio en sus maridos y otros en quien tuviesen más cerca.
El ojiazul estaba muerto de miedo y se moría por correr a protegerse en los brazos del ojiverde como ya lo había hecho otras veces pero a pesar de ello, se resistió todo lo que pudo.
-No, no puedo hacerlo-Susurraba mientras le castañeaban los dientes-...es como si le estuviese siendo infiel a Stan...no, no se merece eso.
De repente un rayo cayó en la entrada de la cueva haciendo un gran estruendo, el cual hizo que este olvidase todos sus perjuicios y saltase fuera de su manta y corriese al lado del deportista universitario.
-¿Pu-Puedo ponerme co-contigo?.
El rizado asintió conforme, aunque muy sorprendido.
-Si, claro
-No pienses que te he perdonado, es solo que la tormenta me da mucho miedo.
-Tranquilo, no estaba pensando nada-habló este con pesar dándole la espalda-...tumbate donde quieras, no volveré a besarte ni a tocarte, descuida.
Louis se tumbó y siguió mirando al techo de la cueva, hasta que de repente, otro ruidoso rayo dio en la gran roca, entonces se giró y se agarró a la espalda del rizado.
-Oh joder, que termine ya esas dichosas tormenta, las odio-Susurró con la cabeza escondida.
El más alto entonces rió.
-Tranquilo, solo son rayos y truenos, no te pasará nada.
Este suspiró con pesar.
-Siempre me han dado miedo...las noches de tormenta, mis niñeras me abrazaban y así ya no tenía miedo.
Harry entonces giró su cabeza hacia el castaño, el cual sacó la suya de su escondite y lo miró con sus ojos aguados y brillantes.
-¿Quieres que te abrace?, lo haré si tú quieres.
Este asintió, por lo que el más alto se giró totalmente y abrió sus brazos.
-Gra-Gracias-dijo el castaño acomodándose.
-Tranquilo, anda duérmete.
Durante el resto de la noche, el deportista universitario luchó contra sus deseos, mientras escuchaba el suave respirar y los apreciables gemidos del ojiazul, el cual tenía la cabeza apoyada en su pecho y sus brazos rodeando a su cuerpo.
...-Oh Dios, ¿por qué me castigas así?-susurró frustrado justo antes de dormirse-... ¿cómo puedes ponerme a este hermoso ser ante mi, si no podré amarlo como quisiera?, es cruel, ¿Lo sabes verdad?.
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