Solo amigos

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​Akari no volvió a la escuela los días siguientes. El dolor que le oprimía el pecho era tan desgarrador que le impedía siquiera imaginar la posibilidad de cruzarse con él. A pesar de que su permanencia en la institución dependía estrictamente de sus excelentes calificaciones, prefirió faltar a los exámenes antes que mantenerse en pie frente al hombre que había destrozado sus ilusiones.

​Ella, una joven de escasos recursos, se había esforzado hasta el límite para encajar en aquel universo frívolo y superficial. Mientras se hundía en las cobijas, recordaba el instante preciso en que aceptó la beca... Ese momento crucial que ahora parecía el inicio de su propia perdición. ¿Por qué aceptó entrar si sabía que no pertenecía a ese lugar? ¿Realmente creyó que era el único camino para asegurar un futuro próspero? En un principio, esa fue su única meta. Pero todo cambió de golpe el día en que se topó con la mirada profunda y la silueta implacable de aquel chico de cabellos plateados. Su motivación mutó por completo: de pronto, lo único que anhelaba era llamar su atención.

​¿Acaso era mucho pedir? Ella nunca le había exigido nada a nadie; había pasado la vida entera complaciendo al resto. ¿No merecía ser feliz por una maldita vez en su vida?

​No hallaba consuelo. Las lágrimas brotaban sin tregua de sus ojos. Sin probar un solo bocado, sin conciliar el sueño, consumida por el llanto, permanecía encerrada en la penumbra. Sus padres estaban angustiados por su repentina declinación. Tras varios días intentando romper la barrera de su encierro, su madre se aproximó nuevamente a la puerta de la habitación.

​—Hija... solo quiero que sepas que tu padre y yo estamos muy preocupados por ti. Por favor, hija...

​—Estoy bien, mamá (respondió Akari desde la oscuridad, con la voz quebrada)
—Solo quiero estar sola.

​A Sesshomaru le daba exactamente igual si Akari pisaba o no el instituto; de hecho, para él era infinitamente mejor que no volviera a presentarse jamás. La ira que albergaba en su interior era tal que, si ella volvía a cruzarse en su camino, no dudaría en humillarla de nuevo públicamente, sin importar quién estuviese presente. Sumido en los amargos pensamientos de una conversación previa con su hermana Kanna, avanzaba por los pasillos ignorando por completo a quien intentaba interceptarlo.

​—Sesshomaru... ¿puedo hablar contigo un momento?

​Él se detuvo y giró el rostro de reojo.

​—¿Quién eres tú?

​Kaori lucía irreconocible. No solo había renovado su guardarropa por completo, sino que se había cortado y teñido el cabello, transformando radicalmente su aspecto.

​—No seas tonto, Sesshomaru... soy Kaori (dijo, intentando sonar desenfadada.)

​Sesshomaru arqueó una ceja y la examinó con frialdad, recorriéndola de arriba abajo.

​—Te ves bien.

​—No te burles (murmuró ella, avergonzada, dándole un leve golpe en el hombro.)

​—Entonces no me hagas perder el tiempo.

​—¡No, espera! Lo que tengo que decirte es muy importante... Es... es sobre la novia de Inuyasha.

​Sesshomaru dejó escapar un chasquido de fastidio y suspiró.

​—Bien. Te escucho.

​—A ver, no quiero que pienses que soy una chismosa, pero debido a que...

​—¡Habla de una vez! (interrumpió él, perdiendo la paciencia.)

​—¡Ay, qué genio! Bueno... Ayer que salí de compras vi a la novia de Inuyasha con otro sujeto. No le tomé mucha importancia al principio porque ellos siempre están peleando y pensé que tal vez habían terminado... Pero todo cambió cuando apareció Inuyasha y ella actuó como si nada pasara. Preferí contártelo a ti porque pensé que a mí no me creería, y como a ti te tiene más respeto... Bueno, yo...

El Destino Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora