La oficina estaba en silencio, salvo por el sonido suave de las hojas al pasar.
Kirinmaru revisaba unos documentos, serio, concentrado. El evento había sido un éxito. Las cifras eran prometedoras. La presentación... impecable.
-Que la asistente pase (ordenó sin levantar la vista.)
La puerta se abrió con suavidad.
Tacones firmes. Paso seguro.
-Buenas tardes, señor. Soy Akari... la asistente que vino en representación del departamento financiero.
El nombre cayó en la habitación como una piedra en agua quieta.
Kirinmaru dejó de mover los papeles.
Akari.
El sonido de su nombre pronunciado con esa voz adulta, más firme, pero inconfundible... le atravesó el pecho.
Lentamente, levantó la mirada.
Y el tiempo se rompió.
Ella también lo vio.
El silencio se volvió denso.
-¿...Kirinmaru? (susurró ella, casi sin aire.)
Ya no eran niños.
Ya no eran adolescentes.
Ya no eran aquellos dos que compartían promesas en patios escolares y confesiones bajo árboles.
Ahora eran adultos. Más altos. Más definidos. Más... peligrosos.
Kirinmaru se puso de pie sin darse cuenta.
El corazón le golpeaba con fuerza en el pecho.
Es ella.
La misma que una vez amó. La misma que lo rechazó.
La misma que eligió a otro.
Y ese recuerdo ardió.
Sus dedos se tensaron sobre el escritorio.
-Akari (pronunció con voz baja, controlada)
-. No esperaba verte aquí.
Ella tragó saliva. Se veía segura... pero sus manos se aferraban discretamente al portafolio.
Claro que no esperaba verlo así.
Más imponente. Más frío. Más atractivo de lo que recordaba.
El hombre que una vez la miró como si fuera su mundo.
Y al que ella apartó.
Porque en aquel entonces... estaba enamorada de alguien mas. Sesshomaru.
Pero guardo su amor asta aquella ocasión que Sesshomaru la había rechazado.
Y ahora, de pie frente a Kirinmaru, sintió el peso de sus decisiones.
-Yo... tampoco sabía que trabajabas aquí (dijo ella, intentando mantener la compostura)
-. Vine en representación de mi superior.
Kirinmaru la observó en silencio.
¿Así que la vida la trae de vuelta... justo ahora?
Recordó su confesión de años atrás. Recordó la manera en que ella evitó su mirada. Recordó cómo dijo que su corazón pertenecía a otro.
El orgullo le susurró que fuera frío. El corazón se le agitó.
-Hiciste un buen trabajo en la conferencia (dijo finalmente, profesional, distante.)
Akari sintió un pequeño golpe en el pecho.
Formal. Lejano. Nada del chico apasionado que la miraba como si fuera su todo.
-Gracias... (respondió en voz baja.
Silencio otra vez.)
Demasiado cargado.
Kirinmaru dio la vuelta al escritorio, acortando la distancia entre ellos.
No demasiado.
Solo lo suficiente.
-Dime algo, Akari (su voz bajó un tono)
-. ¿Sigues tomando decisiones por impulso... o esta vez pensaste antes de venir?
Ella levantó la mirada.
Confusión. Dolor. Orgullo.
-No vine por ti.
-Lo sé (respondió él con una media sonrisa que no alcanzó sus ojos)
-. Pero el destino parece tener sentido del humor.
Se miraron.
Y ahí estaba todo.
Lo que fue. Lo que no fue. Lo que pudo ser.
Y lo que tal vez... aún podía ser.
Pero nada sería sencillo.
Porque entre ellos no solo había recuerdos.
Había heridas.
Y deseos que tal vez nunca desaparecieron.
---
Mientras tanto en una gran fiesta...
El yate era descomunal.
Una obra maestra flotando sobre el mar oscuro, iluminado por luces que reflejaban el lujo en cada rincón. Empresarios, herederos, familias influyentes... todos habían asistido a la presentación en sociedad de Kanna.
Era su mayoría de edad.
Y no había escatimado en nada.
Música en vivo, copas de cristal fino, vestidos de diseñador, trajes impecables. El aire olía a perfume caro y poder.
Rin descendió por la pasarela con el corazón latiendo fuerte.
El vestido que Kanna le había traído de Europa se ajustaba con elegancia a su figura. No era exagerado, pero sí imposible de ignorar. El tono suave resaltaba su piel y el movimiento de la tela seguía cada paso como si estuviera hecho para ella.
Sesshomaru la vio.
Y el mundo dejó de importar.
No desvió la mirada ni una sola vez.
Rin lo sintió. Incluso entre tanta gente, incluso entre tantas voces, podía sentir el peso de sus ojos sobre ella.
Y esa mirada... no era indiferente.
La fiesta avanzó entre saludos formales y conversaciones diplomáticas. Pero siempre que Rin levantaba la vista, ahí estaba él.
Observándola.
Demasiado atento. Demasiado silencioso.
Kanna lo notó.
Por supuesto que lo notó.
Al día siguiente, aprovechó un momento en cubierta cuando el mar estaba en calma y el sol comenzaba a ocultarse.
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El Destino
Fanfictionsesshomaru es un joven popular y millonario que estudia en una universidad privada se divierte y anda con muchas mujeres esta comprometido por conveniencia pues a él no le interesa él amor solo él dinero y él poder, rin es una joven que trabaja y s...
