El Compromiso

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Las chicas estaban fuera del bar esperando a Kohaku. Al llegar, se apresuraron a subir al auto, pues hacía mucho frío y ya era bastante tarde. Kohaku las llevó a sus casas; primero dejó a Kagome y posteriormente a Rin, para después marcharse a casa junto a su hermana Sango.

​Al entrar a su hogar, Rin apenas tuvo fuerzas para quitarse los zapatos antes de acostarse, cayendo profundamente dormida.

​Con Miroku

​Miroku llegó a su departamento acompañado de Yura.

​—Pasa, chiquita. Ya sabes dónde está la habitación (le dijo guiñándole un ojo)
—Enseguida voy, solo paso al baño y te alcanzo.

​—Vaya, redecoraste tu casa (observó Yura mirando a su alrededor.)

​—Claro, el papel tapiz anterior era horrendo. Así que derribé la pared y coloqué una barra de licores. Mucho mejor, ¿no crees?

​—Por supuesto. Bueno, te espero en el cuarto, no tardes (rio con picardía.)

​Cuando Miroku entró a la habitación, encontró a Yura totalmente desnuda esperándolo sobre la cama.

​—Vaya, preciosa... Veo que no puedes esperar. Quieres que te tome ya mismo, ¿verdad?

​—Sabes perfectamente a lo que vine, Miroku. Quítate la ropa y haz lo que mejor sabes hacer.

​Miroku se desvistió sin perder tiempo y comenzó a besar las piernas de Yura hasta descender a su intimidad. Con devoción, besó sus pliegues empapados por la excitación, saboreando su néctar e introduciendo su lengua para hacerla retorcer de placer.

​Yura, enardecida, lo tomó firmemente del cabello.

​—Miroku, basta de juegos... Te quiero dentro de mí ahora mismo.

​—Estás muy ansiosa, ¿eh? Pero jamás le negaría un deseo a una reina.

​Miroku acomodó las piernas de Yura sobre sus hombros y la tomó con firmeza, embistiéndola con un ritmo constante e intenso.

​—¡Miroku, eres increíble! ¡Dame más duro! (gimió ella.)

​Complaciéndola, aumentaba la velocidad y la fuerza de cada estocada. La cabecera de la cama resonaba contra la pared entre los gemidos desinhibidos de Yura. Miroku se puso de pie, la colocó de espaldas contra la pared y volvió a poseerla; ella enredó sus piernas alrededor de su cintura mientras él la sujetaba del cabello, bajando a besar sus pechos y mordisquear levemente sus pezones.

​—¡Miroku, ya no aguantó más... me voy a venir!

​—Vente, Yura... vente conmigo.

​Ella se dejó llevar por un orgasmo intenso entre gemidos. Miroku salió de ella rápidamente y le pidió que lo estimulara con la boca. Con unas cuantas pasadas expertas, él llegó al clímax, terminando en su boca. Yura tragó complacida.

​—Mmm, Miroku... Estuviste increíble (rio con malicia.)

​—Tú tampoco te quedas atrás, estuviste espectacular.

​Exhaustos, ambos se acurrucaron en la cama y se quedaron profundamente dormidos.

​Con Inuyasha

​Inuyasha llevó a Kikyo a su departamento.

​—Pasa, Kikyo, siéntate. ¿Te ofrezco algo de tomar?

​—Gracias, estoy bien (respondió ella acercándose)
— ¿Por qué mejor no me muestras tu habitación? (añadió, deslizando su mano por el pecho de Inuyasha.)

El Destino Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora