El amor que florece

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Apenas la puerta se cerró tras ellos, el silencio se volvió más denso.
Sesshomaru no habló.
No hacía falta.
Tomó la mano de Rin y la guió con suavidad hacia el interior de la habitación, sus pasos lentos pero decididos. No había prisa, pero sí determinación. Sus dedos recorrieron el contorno de su cintura como si memorizaran el momento, como si supiera que después de esa noche nada volvería a ser igual.
Rin sintió el temblor en su propia respiración cuando él se colocó detrás de ella.
Con cuidado, desabrochó el cierre de su vestido.
No fue un gesto apresurado ni impulsivo.
Fue íntimo.
Casi reverente.
Los tirantes cayeron lentamente por sus hombros mientras sus labios rozaban la piel descubierta con una devoción que la hizo estremecer. Cada caricia parecía una pregunta silenciosa... y cada suspiro de Rin, una respuesta.
Él la giró hacia sí con suavidad, mirándola como si estuviera frente a algo frágil y precioso.
Y en esa mirada no había duda.
Solo deseo contenido durante demasiado tiempo... y la decisión de no seguir reprimiéndolo.

El beso ya no fue contenido.
Fue urgente.
Sesshomaru la sostuvo con firmeza, como si temiera que el mundo pudiera arrebatársela si la soltaba. Rin sintió cómo su corazón latía tan fuerte que parecía querer romper su pecho.

-No sabes lo que me haces... (murmuró él contra sus labios.)

Sus manos descendieron lentamente por su espalda, marcando cada curva con una devoción que no era posesiva... era reverente.
Rin tembló.
No de miedo.
De emoción.
Nunca había estado así con nadie. Nunca había permitido que alguien la mirara de esa manera. No había comparaciones, no había recuerdos de otro cuerpo, de otro tacto.
Era la primera vez.
Y él lo sabía.
Sus ojos dorados la recorrieron con una intensidad que ya no intentaba ocultar.

-Eres demasiado para mí... (susurró él, casi con desesperación contenida)
-Y aun así te quiero.

La levantó con suavidad y la llevó hacia el borde de la cama. No había prisa torpe. Había intención.
Cuando sus labios descendieron por su cuello, Rin dejó escapar un suspiro que lo desarmó por completo.
Sesshomaru cerró los ojos un instante.
La estaba perdiendo en todos los sentidos posibles.
Se arrodilló lentamente frente a ella.
No como un gesto de dominio.
Sino de adoración.
Sus manos recorrieron sus piernas con calma, como si memorizara cada centímetro. Depositó un beso suave en su rodilla... luego más arriba... y cada vez mas arriba, cada contacto era una promesa silenciosa.
Rin se aferró a sus hombros, vulnerable pero decidida.

-Sesshomaru...

Él levantó la mirada hacia ella desde abajo, sus ojos oscurecidos por algo más profundo que deseo.

-Si quieres que me detenga, dímelo ahora.

Ella negó con la cabeza, respirando con dificultad...

-No quiero que te detengas.

Esa respuesta terminó de romperlo.
La envolvió en sus brazos y volvió a besarla, esta vez con una pasión que ya no pedía permiso. No había brusquedad, pero sí intensidad. Sus manos la sostenían con cuidado, como si supiera que estaba tocando algo precioso.
Porque lo era.
Cuando finalmente la recostó, su mirada cambió.
Ya no era solo deseo.
Era asombro.
Era entrega.
Era la certeza de que no quería nada más en el mundo que a ella.

Beso sus piernas lentamente asta llegar a esa cavidad que escurria entre sus piernas, la olio con desesperación profunda, la probó como si fuera la mas dulce miel que aya probado, su lengua recorrio cada centímetro de sus pliegues, probocando en Rin un ligero temblor en sus piernas, Rin dejo salír un pequeño sollozo.

Sesshomaru se colocó sobre ella y despues de mirarala un poco, se acerco a su cuello besandolo mientras frotaba su miembro erectil en su vagina.

Mordió ligeramente uno de sus pezones, su lengua recorrió su contorno, succiono sus pezones mientras ella se aferraba a sus hombros.
Sus miradas lascivas se encontraron, Rin abrio la boca pidiendo un beso urgente. El lo entendió perfectamente.
se besaron.
Ese beso no solo fue feroz, sus lenguas se entrelazaban con tanta naturalidad, como si siempre hubieran permanecido asi.

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