Primer Encuentro

421 23 3
                                        


Rin se despertó cuando ya eran las once de la mañana. Se asustó de inmediato, pues había quedado con sus amigas de verse en el centro comercial para tomar algo. Se cambió a toda prisa, salió de casa y abordó el tren para llegar más rápido.

​Al bajarse de la estación, salió corriendo desesperada; solo debía dar la vuelta a la siguiente esquina y cruzar la calle para entrar a la plaza. Sin embargo, no se percató de que llevaba la agujeta desabrochada. Al dar una zancada apresurada, tropezó y cayó directamente encima de un hombre que caminaba por ahí.

​—¡Discúlpeme! No me fijé en que traía la agujeta desabrochada, de verdad discúlpeme (exclamó Rin bastante apenada.)

​Le hizo una inclinación rápida en señal de disculpas y se apresuró a atarse la agujeta de su botín. Estaba tan preocupada por la hora que jamás notó que, al agacharse, se le salió la cartera. Corrió hasta el centro comercial y llegó al punto de encuentro.

​—Perdonen la tardanza, ¿tienen mucho tiempo esperando?

​—No te preocupes, Rin. Creo que a todas se nos hizo tarde; Sango aún no llega (respondió Kagome tranquilizándola.)

​—¡Uf! Qué carrerón me di... Hasta me tropecé y caí encima de un chico.

​—¿Estás bien? ¿No te pasó nada?

​—Sí, estoy bien. Solo fue la vergüenza que pasé, ¡je, je! Todos me voltearon a ver. Lo único que hice fue disculparme con él, me até la agujeta rapidísimo y seguí corriendo. Sentía que jamás llegaría.

​—Oye, ¿y estaba guapo el chico? (preguntó Kagome con tono pícaro.)

​—¡Ay, Kagome, qué cosas preguntas! La verdad ni tiempo tuve de verle la cara; yo lo único que quería era llegar aquí.

​En ese momento llegó Sango apresurando el paso.

​—Disculpen la tardanza, chicas, es que me levanté un poco tarde.

​—Descuida, Rin también va llegando y yo no llevaba mucho tiempo aquí (contestó Kagome.)

​—Ah, qué bien que no fui la única a la que se le hizo tarde. Bueno, ya que estamos juntas, ¿qué les parece si vamos a comer algo? Ni siquiera he desayunado.

​—Sí, por favor, yo tampoco he comido nada.

​—Pues ya somos tres, ¡je, je!

​Las tres se dirigieron a un local de hamburguesas. Pidieron su comida y unas malteadas, pero al momento de pagar, Rin se dio cuenta de un pequeño gran problema.

​—¡Ay, no puede ser! Perdí mi cartera... (dijo metiendo la mano en la chaqueta)
—Pero... ¿traigo dinero?

​Saca unos billetes con el ceño fruncido. Al salir tan a prisa de su casa, tomó el efectivo, pero como no pudo abrir el cierre de la cartera a tiempo, prefirió guardarlo directamente en la chaqueta para ahorrar minutos, con la idea de acomodarlo en el camino. Al tropezar, la cartera se le cayó sin que lo notara hasta ese instante.

​—¿Qué pasa, Rin? (preguntó Kagome.)

​—No, nada... Perdí mi cartera, pero acabo de recordar que no alcancé a meter el dinero adentro. Es que por andar a las carreras ya ni sabía ni qué hacía, ¡je, je!

​—¡Uff! Menos mal (respiró Sango aliviada)
—Si no, imagínate qué hubiéramos hecho.

​—Lo malo es que traía una fotografía que me gustaba muchísimo... (comentó Rin preocupada.)

​—No te preocupes, lo importante es que no perdiste el dinero.

​—Bueno, sí, tienes razón (rio Rin más tranquila)
—¡Comamos, chicas, que muero de hambre!

El Destino Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora