A la mañana siguiente, Akari llegó antes de lo habitual.
Había pasado la noche entera convenciéndose de una sola cosa:
Hoy será normal.
Nada había cambiado.
Nada debía cambiar.
Entró al edificio decidida a recuperar su rutina... su calma... su distancia.
Y lo estaba logrando.
Hasta que la puerta del ascensor ejecutivo se abrió.
Y él salió.
Kirinmaru se detuvo al verla.
Un segundo.
Dos.
Ese instante pequeño que nadie más habría notado... pero que para ellos fue ensordecedor.
-Buenos días (dijo él con tono perfectamente profesional.)
Demasiado perfecto.
-Buenos días, señor.
Demasiado correcto.
Se cruzaron.
Hombro con hombro.
Un roce mínimo.
Y aun así, Akari sintió el mismo vuelco en el pecho que el día anterior.
Siguió caminando.
Sin mirar atrás.
No lo logró.
Giró apenas la cabeza... justo a tiempo para descubrir que él también se había detenido.
Sus miradas chocaron por un segundo.
Y ambos fingieron que no había pasado.
Durante la reunión de la mañana, Akari hizo lo imposible por concentrarse.
Gráficas.
Proyectos.
Resultados trimestrales.
Nada lograba entrar realmente en su cabeza.
Porque al otro lado de la mesa estaba él.
Sereno. Elegante. Inalcanzable.
Como si lo de el elevador nunca hubiera ocurrido.
Como si nunca hubiera dicho me equivoqué.
Akari apretó el bolígrafo entre los dedos.
Bien. Perfecto. Así debe ser.
Hasta que escuchó su voz decir su nombre.
-Akari.
Su corazón tropezó.
-Sí, señor.
-Necesito que revises conmigo el informe final en mi oficina después de la reunión.
Varias miradas curiosas se levantaron alrededor de la mesa.
Akari sintió calor subir por su cuello.
-Por supuesto.
La reunión continuó.
Pero ya no escuchó nada más.
Cuando la puerta de la oficina se cerró detrás de ella, el silencio regresó.
El mismo silencio del elevador.
Más peligroso ahora.
Kirinmaru dejó unos documentos sobre el escritorio, pero no habló de inmediato.
Akari permaneció de pie frente a él, sosteniendo la carpeta como un escudo invisible.
-Puedes sentarte (dijo finalmente.
Ella obedeció.)
El escritorio entre ellos parecía una distancia segura.
Hasta que él rodeó el mueble y se colocó a su lado para revisar los documentos.
Demasiado cerca.
El leve roce de su brazo contra el de ella fue accidental.
O eso quiso creer.
Akari dejó de leer.
-Este punto necesita ajustes (dijo él, inclinándose para señalar la hoja.)
Su voz sonó más baja de lo necesario.
Más cercana.
El perfume de él volvió a rodearla.
Akari tragó saliva.
-Puedo corregirlo.
-Lo sé.
Silencio.
El tipo de silencio que crece... y crece... hasta volverse imposible de ignorar.
Kirinmaru se enderezó lentamente.
No se alejó.
Akari levantó la mirada sin darse cuenta.
Error.
Estaba demasiado cerca.
Mucho más cerca de lo que permite cualquier entorno profesional.
Sus respiraciones casi se mezclaban.
-Akari... (murmuró él.)
Su nombre sonó distinto esta vez.
No como el de una empleada.
Sino como el de alguien que llevaba años guardado en su memoria.
Akari sintió que el mundo se inclinaba apenas.
Un paso más.
Solo uno.
Y la distancia desaparecería por completo.
Pero ninguno se movió.
Porque si lo hacían...
Ya no habría vuelta atrás.
Y ambos lo sabían.
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El Destino
Fiksi Penggemarsesshomaru es un joven popular y millonario que estudia en una universidad privada se divierte y anda con muchas mujeres esta comprometido por conveniencia pues a él no le interesa él amor solo él dinero y él poder, rin es una joven que trabaja y s...
