Esfuerso en vano

302 20 11
                                        

​Desde que Sesshomaru se levantó de su asiento, alguien lo seguía con la mirada: Akari, una chica de su mismo salón de clases. A diferencia de las demás, que no dudaban en insinuársele abiertamente, ella siempre mantenía la distancia, comportándose únicamente como una compañera educada. Jamás intentó provocarlo ni quiso ser una más de sus aventuras de una sola noche. No; ella quería convertirse en la mujer de su vida.

​Su plan era sutil: actuar como una chica desinteresada durante todo un año para ir metiéndose poco a poco en su mente hasta enamorarlo. A su parecer, la estrategia estaba dando frutos: él solía charlar con ella cada vez más y se habían vuelto cercanos... o al menos eso era lo que ella creía. Se convenció a sí misma de que no tardaría en llegar el día en que él se le declarara. Aunque le dolía verlo acostarse con cualquier mujer, se consolaba pensando que, una vez enamorado, Sesshomaru no volvería a mirar a nadie más.

​Por lo general, él solía revolcarse con la primera zorra que se le pusiera enfrente, pero llevaba más de una semana notándolo ausente, distraído e indiferente al coqueteo de sus compañeras. Actuaba raro, siempre molesto, más de lo habitual; parecía no soportar a nadie. El día de la fiesta de Inuyasha llegó y Akari pensó que esa sería su oportunidad. Allí estaba él, rodeado de mujeres como de costumbre, pero con algo diferente en el rostro: una extraña sombra de frustración.

​Akari permaneció atenta, buscando el mejor momento para acercarse. Tras un rato, observó cómo Sesshomaru le pagaba a una de sus acompañantes para que se alejara. "Es el momento", pensó, y comenzó a avanzar hacia él.

​Sin embargo, se detuvo en seco.

​Sesshomaru tomó la iniciativa y se dirigió hacia una chica de la multitud que ni siquiera se había percatado de su presencia. La miraba de una forma en que jamás lo había visto mirar a nadie. Un terror helado se apoderó del rostro de Akari cuando vio cómo la tomaba con delicadeza de la mano para guiarla hacia alguna parte. Con un dolor punzante en el pecho y temiéndose lo peor, los siguió a distancia, evitando ser descubierta.

​Sus temores se disiparon momentáneamente al ver que solo le estaba mostrando la casa. Pero, ¿quién era ella? Parecía que ya se conocían. ¿Cómo se conocieron? ¿Por qué se sonrojaban? Esas muestras de complicidad la estaban enfureciendo.

​El corazón se le detuvo cuando los vio subir al piso de las habitaciones. Pensó que pasaría lo que siempre pasaba, pero algo en su interior le decía que esta vez era completamente diferente. Por suerte, solo le mostró las salas de juego y el gimnasio. El susto había pasado; solo quedaba un piso arriba donde no creía que pudiera pasar nada, pues era solo un espacio de exhibición.

​Pero pasaron demasiado tiempo allí dentro.

​Nuevamente, el pánico la dominó. Akari subió las escaleras a toda prisa y, sin tocar, abrió la puerta de golpe. La escena que presenció la dejó sin aliento: Sesshomaru sostenía a la chica por la cintura, a milímetros de besarla.

​— ¡Ay, me equivoqué! Estaba buscando el baño... No interrumpo nada, ¿verdad? (intervino Akari.)

—Largo (escupió Sesshomaru con voz helada.)

—Este... creo que deberíamos regresar a la fiesta (murmuró Rin, apenada)
—Ya me ausenté demasiado y mi amigo debe estar preocupado.

—Está bien (asintió él.)

​Akari hervía de rabia por dentro. Nunca había visto a Sesshomaru a punto de besar a alguien. Todo su esfuerzo de un año parecía en vano; tendría que idear otra estrategia para alejar a esa intrusa y quedarse con él a como diera lugar.

​Sesshomaru y Rin bajaron al primer piso, donde la fiesta continuaba en su punto máximo. Rin buscó a la acompañante de Riku para preguntar por Kohaku, pero le informaron que se había emborrachado y que Riku lo había llevado a su casa. Rin suspiró frustrada. ¿Ahora quién la llevaría de vuelta?

El Destino Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora