Una boda

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El bar estaba envuelto en una atmósfera cálida, con luces tenues y una música suave de fondo. Nada demasiado ruidoso; lo suficiente para que el ambiente se sintiera familiar... casi nostálgico.

​Miroku alzó su vaso hacia el centro de la mesa.

​—Hace mucho que no nos reuníamos así.

​Inuyasha soltó una risa corta, acomodándose en su asiento.

​—Sí, exactamente desde que dejaste de desaparecer cada fin de semana con mujeres distintas.

​Sesshomaru, sentado con una elegancia impecable, giró ligeramente el cristal entre sus dedos, observando el reflejo del licor.

​—Curioso. Creí que tú serías el primero en salir del mercado, Inuyasha.

​—¿Eh? ¡¿Por qué yo?!

​Miroku negó con la cabeza, esbozando una sonrisa divertida.

​—Porque eras el único que parecía estar en serio con alguien.

​Los tres rieron. Por un instante, el peso de los años pareció esfumarse y todo volvió a sentirse como antes. Sin embargo, Miroku dejó el vaso sobre la mesa con una pausa calculada.

​—Bueno... en realidad los convoqué porque tengo algo importante que decirles.

​El cambio de tono fue sutil, pero bastó para que sus acompañantes lo miraran fijamente.

​—Me voy a casar.

​El silencio cayó de golpe sobre la mesa. Inuyasha parpadeó un par de veces, asimilando la idea, mientras Sesshomaru simplemente alzó una ceja.

​—¿Tú? (exclamó Inuyasha finalment
—¡¿TÚ?!

​—Sí, yo (respondió Miroku con orgullo manifiesto)
—Encontré a alguien increíble... y la amo. Vamos a casarnos y quiero que estén ahí.

​Inuyasha soltó una carcajada llena de incredulidad.

​—¡Oficialmente el mundo se ha acabado!

​Sesshomaru bebió un sorbo con absoluta calma antes de hablar.

​—Debo admitir que esperaba que Inuyasha diera ese paso primero. Pero tal parece que la madurez le sigue siendo ajena.

​—¡Oye!

​Miroku levantó las manos de forma dramática para calmar las aguas.

​—Muy gracioso, de verdad. Pero aquí el que tenía algo mucho más oculto es otro.

​Sesshomaru no pestañeó. Miroku sonrió con cierta malicia.

​—Fui a buscarte a tu casa hace unas semanas (soltó el pelinegro.)

​Inuyasha giró la cabeza de golpe.

​—¿Y?

​—Y me encontré con la agradable sorpresa de que el gran e intocable Sesshomaru... vive con una mujer.

​El silencio volvió a adueñarse del lugar.

​—¿¡QUÉ!? (Inuyasha casi se levanta de golpe, haciendo tambalear la mesa.)

​Sesshomaru apoyó el vaso con total serenidad.

​—Así es.

​—¿¡Así es!? ¿¡Eso es todo lo que vas a decir al respecto!?

​—No veo por qué debería convertirse en un tema dramático.

​Miroku apoyó el codo sobre la madera, luciendo bastante satisfecho.

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