No es un secretó

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​Kohaku se queda impactado; realmente no se acuerda de nada de lo que pasó. Se levanta de golpe, alejándose bruscamente de ella. Kaori, desconcertada, se pone de pie e intenta besarlo, pero él se aparta de inmediato. Con el corazón roto y lágrimas en los ojos, ella se viste en silencio y se dispone a marcharse.

​—Adiós, Kohaku... (susurra antes de cruzar la puerta.)

​Él ni siquiera responde; sigue congelado, sin poder creer lo que acaba de suceder.

​Por su parte, Rin se levanta muy animada. Hoy tiene planes de salir con sus amigas, así que se toma una ducha, se viste con entusiasmo y sale hacia el lugar donde quedaron de verse.

 Hoy tiene planes de salir con sus amigas, así que se toma una ducha, se viste con entusiasmo y sale hacia el lugar donde quedaron de verse

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​Rin espera a sus amigas bajo la sombra de un árbol de cerezo. Ellas no tardan en llegar a su encuentro. El día de hoy serán voluntarias en un centro para personas con discapacidad, donde ayudarán con la preparación y repartición de alimentos.

​Al llegar al centro, todos los voluntarios se colocan sus delantales, guantes, cubrebocas y redes especiales para cubrir su cabello y evitar contaminar la comida. Esta vez prepararán ramen para cien personas. Con la ayuda del equipo, el objetivo se alcanza con éxito. Sin embargo, Rin actúa un poco torpe el día de hoy, pues no puede dejar de pensar en aquel beso que estuvo a punto de ocurrir.

​De pronto, una expresión de angustia cruza su rostro al recordar que han quedado de verse el próximo fin de semana. ¿Qué haría? ¿Cómo actuaría frente a él? No logra sacar de su cabeza el hecho de que estuvieron a un instante de besarse y que, afortunada o infortunadamente, alguien los interrumpió. Si no hubiera sido así... ¿qué habría pasado después? Tras una jornada intensa de labores, llega a su casa únicamente a descansar, intentando despejar su mente de todo lo sucedido el día anterior.

​Por su parte, Sango se dirige nuevamente a comprar algunos víveres antes de ir a su casa. Recorre el pasillo de las bebidas fingiendo buscar algo, pero disimuladamente gira la mirada para inspeccionar el lugar, con la vaga esperanza de toparse otra vez con aquel chico. Suspira frustrada. ¿A quién quiere engañar? Es casi imposible volver a encontrárselo.

​Gira para salir del pasillo, paga en la caja y se marcha con cierto desencanto. Al dar la vuelta en la esquina de la calle, camina con los ojos cerrados y el entrecejo fruncido por la molestia cuando, de pronto, choca contra alguien, dejando caer el pan que acababa de comprar. De inmediato se agacha a recogerlo.

​—¡Ay, mi cena! (exclama apenada.)

—Lo siento, bella dama, discúlpeme... No me fijé por dónde iba (responde una voz varonil.)

​Sango lo mira fijamente, muda. Había deseado tanto volver a verlo que no sabe si está soñando o si invocó un conjuro para que apareciera en ese preciso instante.

​— No, no te preocupes, yo tampoco me fijé... (Recuperando la cordura)

—Me gustaría enmendar mi error invitándola a cenar, si no le molesta (ofrece él con una sonrisa galante.)

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