Algo inesperado

65 4 2
                                        

Kagome se recostó, frotándose el pie torcido mientras miraba a Inuyasha de reojo. Su corazón latía más rápido de lo normal, y una sonrisa traviesa se formaba sin que pudiera evitarlo.
“¿Por qué me pongo tan nerviosa?” se preguntó. Si lo acabo de conocer… pero… no, no es solo eso. Me gusta cómo se ríe, cómo… simplemente es él. Y quiero conocerlo más. Quiero pasar tiempo con él, reír con él, verlo en su mundo… quiero conocerlo.
Kagome mordió suavemente su labio, pensando en la mejor manera de invitarlo.
“Si no hago algo, nunca sabré nada de él y perdere esta oportunidad, Pero… ¿y si se enfada? ¿Y si no quiere? No importa… necesito intentarlo. No puedo quedarme aquí con solo este pensamiento.”
Inspiró hondo, reunió valor y decidió sonreírle.

“Está bien… lo voy a invitar. Tal vez al parque, algo simple… nada exagerado… pero suficiente para pasar tiempo juntos. Y si se niega… bueno, al menos lo intenté. Pero si dice que sí… ¡ay, Inuyasha, esto podría ser interesante!”
Kagome habló con determinación, dejando que la torpeza de su pie no arruinara su plan, lista para hablar y ver qué sucedía entre ellos.

Kagome se recostó en la cama con el pie vendado, mirándolo con una sonrisa traviesa que estaba logrando desconcertarlo.

—Oye… ¿qué harás el próximo fin de semana?
(preguntó con voz inocente, aunque sus ojos brillaban con picardía.)

Inuyasha rascó su nuca, sintiendo ese nudo familiar en el estómago. Pensar en Kikyo lo hizo tensarse, pero al mismo tiempo… estar frente a Kagome le provocaba algo que no sabía cómo llamar.

—Eh… no sé… (respondió, vacilante,)

tratando de sonar firme, pero su corazón latía con fuerza cada vez que Kagome se inclinaba un poco más cerca.
Kagome rodó los ojos y cruzó los brazos, acercándose más.

—No me vengas con excusas. Yo quiero que salgas conmigo me lo debes.

Inuyasha tragó saliva, sintiéndose atrapado.

—Pero… yo tengo… ¿porque? … (musitó, la voz cargada de culpa y confusión.)

Kagome arqueó una ceja y sonrió con picardía, sin dejar que su entusiasmo decayese.

—¿Eh? Bueno… me lo debes gracias a tu no puedo caminar… (susurró mientras le daba un golpecito ligero en el hombro)
—Y me gusta cómo eres… eres... Divertido, sólo… tú siendo tú.

Inuyasha bajó la mirada, sintiendo un calor extraño recorrer su pecho. Con Kikyo siempre discutían, siempre había reproches, distancia, orgullo. Pero con Kagome… con ella podía reír, bromear y sentirse… agradable, sin máscaras. Eso le hacía sentir algo que no esperaba ni comprendía del todo.

—No sé… (dijo finalmente, rascándose la nuca)
—. Esto… no está bien… (la culpa lo oprimía, pero su corazón quería otra cosa)
—. Pero… si no voy, seguro que te enfadas… y no quiero eso.

Kagome no perdió ni un segundo:

—¡Exacto! Así que irás conmigo, sí o sí. No acepto negativas (dijo, con un tono juguetón que escondía determinación)
—. Y si no… podrías sufrir otro accidente más grave que tu orgullo herido.

Inuyasha suspiró y cerró los ojos un instante, intentando ordenar sus emociones. Sentía culpa por Kikyo, deseo por Kagome, confusión, adrenalina, risa… todo al mismo tiempo. Finalmente, abrió los ojos y dijo:

—Está bien… iré… contigo. Pero solo porque me siento culpable de lo que te paso.

Kagome saltó de alegría, chocando suavemente su pie vendado contra la esquina de la cama.

Grita de dolor se ha lastimado

—valla si eres tonta.

Mientras planificaban su salida, Inuyasha no pudo evitar preguntarse: ¿Por qué con ella me siento… así? Cada risa, cada comentario inocente de Kagome le hacía dudar de lo que creía seguro con Kikyo, y eso lo descolocaba por completo.

El Destino Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora