Un hueco en el corazón

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La relación empezó despacio.
Salidas después del trabajo.
Caminatas por el pueblo.
Café en la plaza.
Risas sencillas.
Era fácil estar con él.
Seguro. Familiar. Predecible.
Eso tranquilizaba a Rin.
Con él no había preguntas difíciles.
No había silencios pesados.
No había miradas que parecieran conocerla más de lo que ella se conocía a sí misma.
Era cómodo.
Y por eso aceptó cuando él quiso formalizar la relación.
"Podemos intentar otra vez."
Rin pensó que tenía sentido.
Tal vez el destino la había llevado de vuelta a donde pertenecía.
Intentar de nuevo.
Empezar de nuevo.
Otra vez.
La primera vez que estuvieron juntos intimante.
Rin estaba nerviosa.
No por miedo... sino por esa sensación extraña de estar haciendo algo importante sin recuerdos que la guiaran.
Quería que se sintiera correcto.
Quería sentir que aquello encajaba.
Cerró los ojos y se dejó llevar.
Pero algo dentro de ella... no estaba presente.
No dolió.
No fue incómodo.
No fue nuevo.
No sangro.
Y eso fue lo que la rompió por dentro.
Cuando todo terminó, él la abrazó con cariño y besó su frente con dulzura.

-Te extrañé mucho, Rin.

Ella sonrió... pero su mente estaba lejos.
Muy lejos.
Su corazón latía rápido, pero no de emoción.
De confusión.
De miedo.
Se quedó mirando el techo en silencio.
"Se supone que esta era mi primera vez..."
Pero su cuerpo no reaccionó como si lo fuera.
No hubo sorpresa.
No hubo torpeza.
No hubo dolor.
Solo una sensación inquietante de familiaridad.
Como si su cuerpo recordara algo que su mente no podía alcanzar.
Un frío le recorrió la espalda.
¿Y si...?
La imagen apareció en su mente sin permiso.
Cabello plateado.
Ojos dorados mirándola con desesperación.
Una voz baja diciendo su nombre.
Rin apretó los ojos con fuerza.
No.
No podía ser.
Ese hombre era un extraño.
Su memoria estaba dañada.
Eso dijeron los médicos.
Su mente intentaba llenar vacíos con fantasías.
Tenía sentido.
Tenía que tenerlo.
Se obligó a abrazar a su pareja con más fuerza.

-Estoy bien (susurró.)

Pero esa noche no durmió.
Los días pasaron.
La relación continuó.
Sonrisas. Salidas. Rutina.
Pero cada vez que cruzaban esa línea...
la sensación regresaba.
Ese vacío.
Ese remordimiento sin nombre.
Esa punzada en el pecho que no sabía explicar.
Como si estuviera traicionando algo.
O a alguien.
Y lo peor era no saber a quién.

Sesshomaru no regresó a casa aquella noche.
Ni la siguiente.
Ni muchas después.
La casa se convirtió en un lugar irreconocible. Botellas vacías sobre la mesa, cortinas siempre cerradas. El silencio ya no era paz... era castigo.
No dormía.
No comía.
No pensaba en nada que no fuera Rin.
La ama de llaves intentaba hablarle con suavidad.

-Señor... debe descansar.

Él no respondía.

-Ella volverá. Todo estará bien.

El vaso se estrelló contra la pared antes de que terminara la frase.

-No diga cosas que no sabe.

La voz salió baja... peligrosa... rota.

Otro día.
Otra botella.
Otro silencio interminable.
Hasta que una noche, buscando sin rumbo en un cajón, encontró el sobre.
La fotografía.
Rin sonriendo entre sus padres.
La única foto que conservaba de ellos.
Recordó cuando ella la perdio como al entregársela ella se alegro, como si fuera un tesoro.

-"El accidente fue en el pueblo donde crecí..."(recordó)

Sesshomaru se quedó inmóvil.
Pueblo.
Nunca había preguntado cuál.
Nunca lo necesitó... porque Rin siempre estaba con él.
Hasta ahora.
Encendió la computadora con manos temblorosas. Buscó noticias antiguas. Accidentes. Fechas. Carreteras cercanas a la ciudad.
Subió la fotografía.
Esperó.
Resultados.
Un artículo viejo.
Un accidente.
Un apellido que reconocía.
Un nombre de pueblo.
Su corazón volvió a latir con violencia.
Por primera vez en semanas... tenía una dirección.
Y se fue.
El pueblo era pequeño. Demasiado pequeño.
Preguntar fue fácil. Mostrar la fotografía aún más.

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