Azael había invertido ya dos semanas en investigaciones únicamente.
La mayor parte del tiempo libre que tenía se la pasaba con la cara entre los libros o hablando con los jardineros del palacio. Había llegado a la conclusión de que la solución al problema de las cosechas era fijarse en las formas de cultivos en general y no planta por planta cómo habían intentado otros brujos con anterioridad, había investigado y recopilado más información sobre como funcionan los distintos tipos de cultivo de su país, que tanto tardaba cada tipo de cosecha, y muchos otros datos además de anotar alguna que otra idea vaga y posibles ingredientes como pasta de cucarachas o sabia de hadas.
Sin embargo también había buscado incansablemente pistas o razones que le dieran veracidad a su teoría de que Hendrick estaba bajo un hechizo de amor que Gwendolyn le había lanzado. Había hablado con otros soldados, le había pagado a algunos sirvientes para vigilar de forma sutil a la bruja, e incluso había oído como en una ocasión ella le daba un pequeño paquete de galletas al lobo.
Esa fue la clave del rompecabezas.
Se dió cuenta que luego de comerlas el lobo parecía aún más perdidamente enamorado de la mujer y dejaba de lado su habitual cariño con él, incluso algunos otros criados de palacio habían confirmado que el día en que todo había empezado a marchar de forma extraña, habían visto al lobo comer galletas de camino al comedor y que en efecto durante ese tiempo Gwendolyn solía darle un pequeño paquete de galletas al lobo cada ciertos días. Y aunque se sentía furioso con esa zorra rastrera, al menos sabía ya cuál era el problema y con algo de esfuerzo podría por fin solucionarlo.
Incluso si no toleraba la actitud frívola del lobo que se portaba como si fueran casi desconocidos y solo le brindaba su atención y cariño a la bruja, estaba al menos aprendiendo a llevarlo disimulando sus sentimientos al punto de poder domar un poco mejor su magia para evitar tener otro estallido e incluso hasta era capaz de conjurar algún que otro hechizo simple con esfuerzo.
Sin embargo ese día las cosas se le habían vuelto a ir de las manos.
Tener a Hendrick ahí no le ayudaba precisamente, le costaba el doble casi concentrarse en lo que hacía sabiendo que el lobo estaba mirando con tanto interés a su maestra y no a él, pero estaba decidido a saber que era lo que él mayor tenía para poder curarlo, y casi estaba convencido de que viendo a su guardia y la bruja juntos podría obtener un indicio del hechizo usado ya que aún cuando todo apuntaba a una tradicional pócima de amor no quería arriesgarse. Se estaba esforzando no solo en mantener a raya sus emociones para poder aprovechar la clase, sino también en ellos dos y cualquier cosa mínimamente sospechosa.
Y aunque Hendrick no supo exactamente que había ocurrido porque ni si quiera entendía que era lo que hacía Azael, su cuerpo había reaccionado más rápido que su mente al atrapar al inconciente brujo antes de que golpeara al piso. El príncipe se veía un poco más pálido pero sin embargo su respiración y latidos parecían estables, eso le hizo soltar al lobo un pesado suspiro entre el alivio y el cansancio mientras de forma cuidadosa sujetaba mejor entre sus brazos, echandoselo encima como si fuera un niño dormido. A una parte de él le preocupaba demasiado el notable problema del príncipe con su magia desde que se habían distanciado, pero otra parte dentro suyo insistía en que no era algo importante, en que todo lo que concernía al chico no era importante como si lo era Gwendolyn; y constantemente estaba en conflicto entre esa convincente voz y su instinto, tanto que a veces ni si quiera sabía cómo reaccionar incluso con las cosas más simples.
—Es tu deber protegerlo —decía su instinto sin una pizca de duda.
—No, tu deber es con Gwendolyn —le replicaba esa otra parte de si mismo, la voz que no recordaba pero allí estaba.
—¡Eres su alfa, TIENES que protegerlo! —rugía su instinto.
Y cada vez que miraba a Azael tan inconciente, tan débil y expuesto, podía sentir como su lado protector salía a flote. El príncipe no era una hembra y tampoco su pareja, pero la necesidad de protegerlo de todo como si formará parte de su manada —a pesar de que estrictamente hablando él no tenía una manada— y de cuidarlo como si fuera suyo lo asaltaban tanto como para dudar de la convincente voz en su cabeza. Sin embargo cuando vió a Gwendolyn su cuerpo entero se paralizó y se quedó en blanco durante unos minutos. Ella estaba tan radiante de repente, tan hermosa que sintió el fuerte deseo en ese instante de volverla su hembra, de que fuera pareja y se unieran. No sentía su instinto ni a la voz, solo podía pensar en la mujer frente a él, en cuanto la deseaba... Si, por ella haría cualquier cosa, seguiría cualquier orden que ella le diera.
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El Príncipe Bastardo [Libro 1]
FantasyTodo empezó con un llanto... Un llanto que sonaba débil en medio del bosque, pero que fue tan poderoso como para cambiar cientos de vidas, incluyendo a la misma realeza. Pero esta no es la historia de un llanto, es la de un príncipe bastardo. La de...
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