Veintitrés

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-Majestad, mí señora, disculpen por favor la intromisión.

Tanto Arlene como Azael se voltearon a ver al brujo que ahora les dedicaba una reverencia con algunos cuantos papeles en mano. Y antes de tan si quiera hablar, el príncipe ya sabia para que estaba ahí y le daba más curiosidad saber que podría haber ocurrido que requiera de buscarlo con tanto apuro.

-¿Tiene un momento alteza? Es importante.

-Si claro, iré junto con los demás al laboratorio entonces -dijo Azael antes de voltear a su prometida que no parecía del todo feliz, pero aún así le sonrió- lo lamento, prometo no tardar demasiado.

-¿Es acerca de tu experimento?

-Si, dado lo importante que es esta posión necesito asegurarme personalmente de que todo vaya de forma adecuada.

-De acuerdo, entonces esperaré a que acabes.

Pensó en decirle que no hacía falta, que no sabía cuál era el problema o cuánto pudiera tardar, pero se reservo todo y le dedicó una sonrisa antes de despedirse de ella con un beso que debía ser en la mejilla, pero que gracias a la ligereza con la que Arlene movió la cara, acabó sobre la comisura de sus labios casi. De reojo observó a Hendrick, odió que el lobo tuviera que ver eso, pero como siempre la expresión de su guardia era neutra y sería, ilegible.
Pronto el príncipe y su guardia se encontraron siguiendo con prisas al brujo por los pasillos hacia el laboratorio que habían armado y designado para ese proyecto específicamente. Y una vez que los demás brujos a cargo del experimento reverenciaron al chico a modo de saludo, todos se sentaron alrededor de la mesa que habían dispuesto y al príncipe se le entregaron en mano algunos cuántos papeles.

-Ha habido un problema con la pocima alteza -expuso el brujo que los había buscado y guiado.

-Al parecer si es utilizada a largo plazo en elfos, se verán afectados -continuó una bruja algo más mayor, acomodándose las gafas sobre el puente de la nariz y suspirando con incontenible fastidio- dado que son mágicamente tan débiles y son descendientes de Soma, la magia de la posión les afecta volviendo su magia aún más débil según lo que ellos mismos han expresado, al punto de no poder realizar correctamente hechizos que siempre les resultaron simples.

-Además de eso alteza, se han detectado anomalías físicas en sus cuerpos -mencionó otro leyendo sus hojas y reportes- según las revisiones que realicé, al parecer su cuerpo ha cambiado de forma leve pero aún así perceptible. Su sangre se oscureció de forma ligera, tanto que nos costó notarlo incluso, pero sin dudas es más opaca que la sangre de elfo promedio, y su dermis y cabello han perdido de forma leve el brillo también.

-¿Cómo si siguieran a Sivis y no a su dios? -dijo Azael extrañado.

-Asi es, los efectos son mucho menos evidentes que los de un elfo oscuro pero están presentes. Algunos mencionaron que su cabello parecía un poco más opaco y la más jovencita menciono tener problemas para "sentir el sol".

-Por favor se más específico -pidió el príncipe revisando las hojas en sus manos entre ojeadas rápidas- ¿Qué es sentir el sol? ¿Perdieron calidez? ¿Es algo de elfos?

-Su temperatura parece no tener irregularidades, aunque ellos mencionaron que sienten algo más de frío ahora que antes del experimento así que se les tuvo que otorgar frazadas extras.

-Y por lo que tenemos entendido, del mismo modo en que nosotros conectamos con la naturaleza y con Sivis, ellos lo hacen con la luz solar y la naturaleza, majestad.

La sala de sumió en silencio por un momento. A pesar de que el lobo estaba en silencio a un lado al punto de parecer una estatua con garras, de reojo notaba la expresión de Azael. El brujito estaba serio, meditabundo y parecía estar haciendo cálculos de quién sabe qué en su mente, como buscando algo importante entre sus conocimientos y memorias antes de suspirar pasados unos cuantos minutos. El asunto era serio, es cierto que a él al igual que a muchos de los presentes -por no decir todos- le daría igual lo que pudiera ocurrir con la magia tan débil y patética de los elfos, una imitación barata de lo que Sivis les había regalado a ellos como brujos, pero estaba seguro de que a su padre y algunos miembros de la asamblea si que les importaría. Azael maldijo entre dientes y suspiró de forma pesada masajeándose el puente de la nariz un momento.

El Príncipe Bastardo [Libro 1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora