Fue casi un día y medio hasta que el rey por fin le dió noticias a Azael.
El brujo había estado preocupado desde después del almuerzo del día anterior y a la noche le había costado demasiado poder dormir dando vueltas y más vueltas en su cama. No quería hacerse a la idea de que otro soldado fuera su guardia si eso implicaba que Hendrick debía morir... Ni si quiera le gustaba la idea de tener a otro guardia, ahora que por fin había ocurrido se sentía extraño, pero en parte lo que más le molestaba era el hecho de que Hendrick lo había abandonado en manos de otro sin si quiera despedirse antes de caminar hacia su muerte.
Azael estaba enojado, triste y se sentía sólo y traicionado. Odiaba no poder dejar de lado esas emociones ni olvidarlas por al menos un momento porque sin importar qué hiciera, su cabeza estaba ida totalmente en Hendrick encerrado en una celda de seguro herido y sólo, a punto de morir por algo que no hizo voluntariamente, sufriendo y siendo tratado como escoria.
Esa mañana se le había hecho tortuosamente lenta ahora que no tenía clases de magia ni nada con que distraerse específicamente por tener que recuperarse por completo. Su proyecto hasta ahora sobre el crecimiento de plantas esperaba resultados así que no podía hacer nada con respecto a eso y su mente estaba dispersa para jugar con ingredientes y venenos, no le apetecía leer, no le apetecía caminar... En ese momento no le apetecía nada más que tener noticias sobre Hendrick preferiblemente buenas.
Y después de casi un segundo día de insufrible espera, las noticias se hicieron presentes mientras una sirvienta retiraba su merienda.
—Su majestad —reverenció un soldado que acababa de presentarse en su habitación— se me ha pedido informarle que en tres horas y media Sir Hendrick y Gwendolyn Belsseu serán juzgados en la corte marcial por si desea estar presente junto a su padre, el rey.
—¡Si! —dijo casi en un grito y sin pensarlo— ¡Avisa por favor que iré junto a mí padre y mí actual escolta!
—Como ordene majestad.
Otra reverencia de despedida y el soldado se marchó a cumplir con deber mientras Azael entraba casi corriendo al interior de su habitación.
—¡Hamill! —gritó el brujo con urgencia mientras abría su placard— ve y diles a las sirvientas que quiero que preparen mí tina en este momento y luego alistate, iremos al juicio.
Después de eso el príncipe no podía estarse quieto. Se dió un buen baño, se vistió para la ocasión al menos tres veces a causa de sus nervios hasta que su guardia logró convencerlo de que el atuendo que estaba usando era el indicado para un juicio, se arregló casi como la haría para salir al festival de cosecha en honor a la gran madre, se aseguró que su corona estuviera pulida e impecable, y con el carruaje listo y su guardia ya preparado para la ocasión, partieron junto al rey y sus escoltas hacia el tribunal militar ubicado no muy lejos de palacio pero fuera de la barrera mágica en donde un edificio grande y estéticamente práctico los recibió después de un breve trecho.
Los centinelas y soldados movieron sus armas y respetuosamente saludaron al rey y su descendencia antes de dejarlos entrar en el recinto por dónde el monarca se movía con confianza y soltura, avanzando poco a poco hacia el salón del juzgado.
—Escuche alteza, aquí el juez será uno de los altos mandos al ser una corte militar, no el rey, por lo que usted tampoco puede intervenir o hablar a no ser que se le dé la palabra —le explicó Hamill con rapidez sabiendo que el príncipe no tenía idea de cómo sería todo allí de seguro— el juez puede tener en cuenta las palabras de su padre pero eso no decidirá el juicio así que por favor manténgase calmo y en silencio o pueden echarlo de la sala.
Y él por su puesto que había aceptado con tal de ver al lobo y el resultado de todo este embrollo por sí mismo. Ambos habían pasado junto con el rey y sus guardias hacia el interior de la enorme sala, y siendo conducidos hacia dos palcos especiales para la realeza, vieron como pronto el salón empezaba a llenarse de diferentes hombres uniformados que tomaban asiento con sus varias de medallas pulidas a la vista luego de una reverencia respuetuosa, todos murmurando o hablando en voz baja hasta que de golpe un hombre de cuerpo ancho pero avanzada edad entro en la sala. El silencio se volvió absoluto a medida que el hombre avanzaba y se situaba en el asiento del juez, colocándose sus gafas y viendo a todos los presentes.
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El Príncipe Bastardo [Libro 1]
FantasiTodo empezó con un llanto... Un llanto que sonaba débil en medio del bosque, pero que fue tan poderoso como para cambiar cientos de vidas, incluyendo a la misma realeza. Pero esta no es la historia de un llanto, es la de un príncipe bastardo. La de...
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