Azael no estaba para nada feliz...
Hendrick siempre había estado con él, había sido su único amigo sincero, la persona en quién siempre podía confiarle hasta el delito más horrendo sabiendo que de todas formas el lobo siempre estaría para él. Para Azael, Hendrick era todo, era lo más importante que tenía junto a su padre, y también la única persona que había llegado a despertar interés en él, así que ver qué esa bruja descarada intentaba arrebatarselo tan descaradamente no le hacía ninguna gracia.
El círculo de brujas ciertamente había ayudado a calmar sus emociones y mantener su energía en un estado de calma, sin embargo él era alguien demasiado emocional e impulsivo, y lastimosamente eso influía en su magia mucho más de lo que le gustaba admitir al punto de lograr que incluso el embrujo más bobo fallara catastróficamente.
La calma que tenía luego de salir del círculo se había evaporado bajo los crecientes sentimientos de celo y enojo que le producía ver cómo su maestra intentaba coquetear con su guardia, y eso hacía que su control sobre la energía y por ende su magia fueran inestables. Entre más los veía más se molestaba, más difícil era manejar sus poderes y más se frustraba de no poder conseguir realizar los hechizos como era debido cayendo en un círculo vicioso de no lograr nada por su enojo y enfadarse más.
Sin embargo ver cómo la bruja le meneaba las caderas a Hendrick con la excusa de tomar algo de los estantes o incluso lo tomaba por el brazo fue el límite. No iba a permitir que esa mujer le quitará a su hombre, y no pensaba dejárselo servido en bandeja de plata. Estaba logrando revivir a una de las dos flores al igual que lo había hecho en la clase anterior cuando cambio de idea, chupó la fuerza vital de ambas e hizo que "accidentalmente" estas estallaran en llamas llamando la atención de ambos adultos.
—¡Majestad! —dijo Hendrick rápidamente mientras se acercaba a él— ¿Se encuentra bien?
Le gustó tener de nuevo toda la atención de su guardia, y asumiendo el papel de niño bueno simplemente suspiro asintiendo con la cabeza, quitando de sus manos restos de las quemadas plantas, sacudiéndose incluso restos de ceniza y tierra de los dedos y los dorsos.
—Si, tranquilo —dijo con una sonrisa— a veces los hechizos fallan.
La bruja lo miró con reproche. Sabía que eso claramente no había sido un accidente, era imposible un accidente así, y al ver la expresión victoriosa que el niñito le dedicó por obtener una vez más la atención de su guardia supo que definitivamente había sido a drede. Ese malcriado pensaba interponerse entre ella y el ardiente lobo uniformado con cualquier artimaña como lo había hecho ya varias veces, pero no pensaba permitirlo, una mujer madura como ella no se limitaría a ceder a los caprichos de un niño mimado que lo tenía todo ya.
—Que extraño —soltó acercándose para poder apagar el fuego de las dos plantas, mirando al monarca— ésto nunca antes había pasado.
—Bueno, es que es algo nuevo lo que estoy practicando —se excusó el príncipe con inocencia al verse atrapado— tal vez no tenga aptitudes de sanador.
—Creo que lo hace bastante bien alteza —lo animó Hendrick rápidamente— tal vez solo se encuentra algo cansado, es todo.
Y antes de que Azael pudiera responder, la bruja aprovechó pronto las palabras del lobo.
—Es cierto, a veces olvidó que aún eres solo un niño —dijo en tono cariñoso logrando ofender al joven— en los niños la magia siempre es más inestable, tal vez necesites descansar un poco.
—No soy un niño —se defendió el brujo con el ceño fruncido— y solo fue un error, puedo seguir practicando perfectamente.
El príncipe chasqueo sus dedos un par de veces apoyándose contra el banco, casi como si se sentará a medias en él al tiempo que una caja de madera con decoraciones doradas se acercaba a toda velocidad a su mano, y el lobo reprimió el impulso de atraparla antes de que golpeara al primogénito. La caja fue atrapada por el príncipe, y luego de levantar la tapa, tomó uno de los tantos chocolates negros con el escudo de la familia real en ellos y se lo llevó a la boca. Por lo general los comía más como capricho que porque necesitara energía, sin embargo lo cierto es que nadie más que él los tocaba ya que solía ser algo avaro en cuanto a sus dulces y bocadillos, lo suficiente para armar revuelo si faltaba solo uno de sus chocolates, pero siempre o la gran mayoría a de veces hacia una excepción especial.
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El Príncipe Bastardo [Libro 1]
FantasyTodo empezó con un llanto... Un llanto que sonaba débil en medio del bosque, pero que fue tan poderoso como para cambiar cientos de vidas, incluyendo a la misma realeza. Pero esta no es la historia de un llanto, es la de un príncipe bastardo. La de...
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