Para cuando llegó la mañana Azael no estaba mejor precisamente ni de buen humor; de hecho tenía los ojos hinchados y algo rojizos de tanto llorar hasta dormirse, e incluso se le habían formado pequeñas bolsas negras bajo los párpados que le daban a su rostro una apariencia más descuidada. Toda su cara se veía desalineada y somnolienta, pero al menos ya no sentía como si tuviera un puñado de agujas ensartadas a media garganta.
Aguardó echado en su cama a qué todas las sirvientas abandonaran su habitación antes de levantarse sin que nadie más viera su penoso estado para poder darse un buen baño relajante, eso lo haría a sentirse un poco mejor y ayudaría sin dudas a su apariencia tan espantosa. Y ya en el baño había tenido que aplicar no solo su posión especial para la piel en el agua de la tina, sino también pasta de algunas hierbas en la cara junto a rodajas de fruta de diábolos que guardaba en su laboratorio para poder bajar la hinchazón en sus ojos de forma natural y también quitarse las ojeras. Se había dado algo de tiempo en el agua para calmarse y reponerse de la noche de mierda, y una vez que su apariencia dejó de ser desastrosa y sintió que el agradable pero suave olor a rosas se le había quedado impregnado en la piel, quitó el tapón de la bañera y secándose el cuerpo avanzó hasta su cuarto. Únicamente pudo ponerse la ropa interior y algunas pocas prendas más antes de tener que llamar a las sirvientas para que lo ayudarán haciendo lo que por lo general él hacía utilizando magia o a Hendrick como ayudante.
Hendrick.
Rápidamente intentó apartarlo de sus pensamientos respirando hondo para no volver a deprimirse, y cuando estuvo por fin listo le quedó tomar su dichoso cuaderno de investigaciones, un lápiz y salir primero al comedor antes de poder empezar su día como siempre siendo seguido en un pesado e incómodo silencio por el lobo a sus espaldas.
Cualquiera que no lo conociera de verdad diría que el soldado estaba como normalmente con su expresión sería, caminando derecho y firme, pero Azael lo conocía desde hacia casi una década y media. Era evidente para él que Hendrick tenía un aura mucho más sombría y deprimente esa mañana, como si hubiera vuelto del funeral de alguien muy cercano. El lobo no traía ojeras ni nada, pero sí que parecía tener los ojos más hundidos y oscuros de lo normal, como si estuviera viejo, cansado y desganado. A decir verdad el brujo nunca en la vida había visto así a su guardia, pero no quería pensar en eso, no quería pensar más en el lobo. Él mismo se había esforzado para no verse patéticamente falto de sueño y ganas de salir de la cama luego de el mar que había descargado anoche en su almohada, así que no quería empezar a deprimirse de nuevo por el lobo.
—Que tenga buen provecho majestad —dijo, e incluso su tono sonaba algo lúgubre y pesado, deprimente pero aún así respetuoso.
Azael le murmuró un simple gracias y de nuevo, cada cual se fue por su lado.
Y estando ya en el comedor, para sus habituales compañeros de mesa y amigos no fue difícil darse cuenta de que Hendrick esa mañana estaba diferente... Demasiado diferente para pasarlo por alto o creer que se trataba de falta de sueño.
—Vamos Hendrick —intentaban animarlo sus compañeros— lo que le pasó al príncipe no pudiste haberlo prevenido si no tenías ni idea... Todos sabemos que a veces la magia de su alteza tiene fallos.
Pero el lobo sabía que no era verdad lo que todos creían, él no se había visto envuelto en un accidente que pudo prevenirse causado por el príncipe. Hendrick sabía perfectamente que si el jovencito no hubiera tenido que defenderse de la bestia ciega y estúpida en la que él se había convertido en ese momento, nada de esto hubiera pasado.
Todo era culpa SUYA, no de Azael; y tarde o temprano debería pagar no solo con el odio y enojo del joven brujo por su maldita insensatez y salvajismo en el bosque.
El resto de la tarde no había sido muy divertida o activa tampoco, el príncipe había mandado a llamar a los dos brujos con los que solía trabajar en los calabozos así que mientras él vigilaba la puerta por si acaso, los tres hablaban al otro lado de plantas, cálculos, posibilidades y cosas que el lobo no entendía en lo absoluto y por las cuáles prefería tampoco preguntar para evitarse un dolor de cabeza. Así fue que pronto el adolescente los estaba dirigiendo y organizando para preparar la dichosa pócima en la que tan exhaustivamente había trabajado durante su tiempo de recuperación pero que él mismo no podía hacer por su estado actual.
En todo el día de hecho, Hendrick apenas y había tenido oportunidad de ver al príncipe ya que éste se estaba esforzando en esquivarlo, esperando que el tiempo pasará más rápido y así poder finalmente crear la distancia que necesitaba para dejar atrás ese tonto romance destinado a ser nada; pero el lobo ya no quería más distancia como la que su protegido ponía entre ambos y tampoco quería en lo absoluto abandonar su puesto, lo único que deseaba era volver las cosas a como eran antes de todo ese maldito lío. Carajo, extrañaba al príncipe como nunca y eso que estaba a menos de tres metros de él todo el día todos los días, ¿Acaso había algo mas deprimente que eso? Hendrick lo dudaba.
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El Príncipe Bastardo [Libro 1]
FantasyTodo empezó con un llanto... Un llanto que sonaba débil en medio del bosque, pero que fue tan poderoso como para cambiar cientos de vidas, incluyendo a la misma realeza. Pero esta no es la historia de un llanto, es la de un príncipe bastardo. La de...
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