Raquel:
Me he quedado inmóvil, mi mente bombardea mi conciencia clavándome punzadas en el pecho. No había merecido la pena, el sexo había sido genial pero nada comparado con el dolor y remordimiento que siento ahora. Salgo de allí, me paso una mano por el pelo alisándolo un poco; los pies me duelen pero lo ignoro y corro escaleras abajo. Hay algunas personas recogiendo el desastre de ayer, bajo el último escalón y miro a los lados aturdida buscando con la mirada a Samuel. Doy un paso más pero me choco con una chica.
- ¡Raquel! ¿Qué pasó?- exclama Vicky preocupada.
- ¿Has visto a Samuel?
- Sí, salió hace unos segundos por esta misma puerta.- señala a la entrada.
- Gracias.- echo a correr hacia el patio exterior.
Nada más salir me estremezco, el frío azota mi cuerpo. Abrazo mi cuerpo calentándome y sin detenerme llego hasta la puerta exterior. Cuando la abro veo un coche arrancar, lo identifico, es el de Samuel.
- ¡Samuel, espera!- grito acercándome hasta él.
No me escucha, gira el volante y a toda velocidad se pierde entre la niebla. Mis ojos se empapan y contengo las lágrimas que amenazan con salir. He sido una inútil, no le merezco. Echo a andar de nuevo al interior de la mansión; arrugo la nariz al percibir el olor a tabaco, no hay olor que odie más. El olor viene de unos metros más allá, veo a la misma chica que estaba hablando con Samuel al principio de la fiesta, se acerca a mí sin tambalearse sobre los tacones de punta fina que calza. Es delgada sin apenas curvas, su piel es blanca y sus mejillas pecosas sonrojadas. En su oreja derecha tiene dos aros plateados y su pelo castaño le cae por los hombros. Da una ultima calada al cigarro que sujeta entre sus dedos finos y lo tira a un lado pisoteándolo.
- No te voy a preguntar lo que ha pasado, sé que no me lo vas a decir. Ven, vamos adentro.- pasa un brazo por mis hombros y entramos.
- Quédate ahí un momento, voy a por un vaso de agua.- me deja frente a las escaleras.
No quiero hacerle caso, no quiero tener a nadie que me cuide ni que me traiga un vaso de agua. Quiero huir. Pero no lo hago, no sé a donde ir, no puedo pensar. Lo único que mi cerebro procesa es que he arruinado el cumpleaños de mi novio acostándome con otro. Decido hacerle caso y sentarme en el escalón.
No aguanto más, me echo a llorar. Mis lágrimas caen por mis mejillas en silencio. Tapo mi rostro con las manos cuando el dolor de cabeza aumenta. El móvil vibra y lo saco.
¿Dónde estás?
¿Quién cojones se cree para volver a hablarme como si nada? Ignoro el mensaje de Carlos y guardo el móvil otra vez. No puedo pensar en él, no me voy a permitir hacerlo. Él sabía que Samuel estaba ahí, sabía que lo quería y sabía que estaba mal y aún así lo hizo. Yo también he tenido la culpa pero de eso me hago cargo yo; espero que de lo suyo se haga cargo él. Absorbo por la nariz cuando amenazo con llorar como un bebé. No noto que la chica ha llegado hasta que se agacha frente a mí.
- Hola, hola, soy yo ¿Te acuerdas de cómo me llamo?- me da el vaso de agua.
- Isabella.- respondo, bebiendo un sorbo.
- Eso es, madre mía no sé lo que ha pasado pero no estás en condiciones de estar sola.
No sé lo que quiere decir con eso pero no respondo. Me termino el vaso de agua y me seco las lágrimas tratando de calmarme.
- Te vendrás conmigo.- dice.
- No.- respondo en un susurro. No me apetece estar con nadie y menos con una amiga de Samuel.
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Heridas
RomanceRaquel es una chica que tuvo que construir una coraza alrededor de su corazón para que nadie más pudiera tirar piedras sobre él. Samuel es un chico que tuvo que convertirse en un hombre mucho antes de lo que debería haberlo hecho y que supo manejar...
