Raquel:
No me puedo creer que sea miércoles, no lo proceso. Ayer parecía viernes y hoy otra vez a dar clases. Varias personas me han preguntado ya que si me pasaba algo porque me venían "cansada", debo de tener un aspecto horrible pero no puedo hacer nada. Me enderezo en la silla cuando el profesor se gira en medio de la clase para preguntarme algo del temario. Respondo con tono aburrido y vuelvo a tumbarme. Mis oídos captan un sonido bajito, está sonando un móvil. Giro la cabeza buscando las miradas de los demás para ver si también se han dado cuenta pero todos me están mirando a mí. Recojo la mochila rápido del suelo y busco el móvil entre las libretas. Un número que no conozco aparece en pantalla y le doy a rechazar. Vuelve a sonar de nuevo y rechazo otra vez la llamada pero no se cansa, sigue insistiendo. Seguro que es una compañía de teléfono o de alguna mierda de estas. Ignoro las miradas de mis compañeros y dejo que la llamada suene hasta que cuelguen. El mismo móvil acaba colgando la llamada y suspiro aliviada, pero vuelve a sonar. El profesor se gira a la pizarra y acepto la sexta llamada.
- ¿Quién es?- me agacho para que no esté a la vista del profesor.
- Llamamos del hospital Frebora.
Mi madre. Entro en pánico, ¿Lo habrá intentado otra vez?
Hans el profesor se gira y sus ojos caen en mí como un machete.
- ¡Raquel! ¿Qué crees que está haciendo atendiendo una llamada en el colegio?- hace una pausa pero como ve que no respondo prosigue.- Dame el móvil ahora mismo.
Recojo la mochila del suelo y salgo corriendo del aula hacia los baños.
- ¿Qué ha pasado?- respiro preparándome para lo peor.
- Carlos Laughemberg ha sido ingresado en el hospital y usted es su único contacto.
Me quedo sorprendida y asustada al mismo nivel; tardo unos segundos en procesarlo.
- ¿Carlos? ¿Qué le ha pasado? ¿Está bien?- las preguntas salen de mi interior con rapidez.
- Al inhalar bastante humo en un incendio sus pulmones y vías se han inflamado haciéndole imposible respirar...hemos conseguido dejarle estable pero seguirá conectado a oxígeno al menos el resto del día. Si puede venir por favor sería agradable para el paciente.
- ¿Lo ha pedido él?- pregunto confusa.
- No, se acaba de despertar.
Hay veces que una puede prescindir de ser una cabrona.
- Está bien, voy para allá.
Sin pensarlo más salgo corriendo de allí. A veces está bien no ser una capulla. Busco otra excusa en mi interior para ir; supongo que es mucho más entretenido estar en un hospital que aburrirte en clase.
Me detengo al llegar a la entrada del edificio cuando los últimos recuerdos de cuando estuve aquí me invaden. Me tranquilizo recordándome que no hay nadie importante para mí dentro. Doy un paso al frente y entro quedando bajo las luces blancas tan exclamativas que caracterizan el hospital. Me aparto a un lado y dejo pasar a unos enfermeros que llevan a una mujer anciana intubada por el pasillo. Un hombre de su misma edad se mueve despacio con los ojos llorosos siguiendo a la que deduzco que es su mujer. Observo la escena y me doy cuenta de que es el mismo hombre de la última vez y que aquella que llevan en la camilla es su mujer. Me acerco al señor y se lleva las manos al pecho comenzando a llorar, lo aprieto con suavidad entre mis brazos y dejo que desahogue su alma en mí. Debe de ser muy duro ver marchar a esa persona con la que has vivido toda una vida y no poder hacer nada por remediarlo. Pero aún así noto como esas lágrimas no son nada más que el efecto natural de una muerte en el ser humano, sabe que al lado de esa mujer todos los segundos han contado y que no les ha faltado nada por vivir. Sabe que algún día le tocará a él y podrá vivir en la eternidad a su lado.
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Heridas
RomanceRaquel es una chica que tuvo que construir una coraza alrededor de su corazón para que nadie más pudiera tirar piedras sobre él. Samuel es un chico que tuvo que convertirse en un hombre mucho antes de lo que debería haberlo hecho y que supo manejar...
