2 familias en una mesa.

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Eva:

Me miro sin mucho ánimo al espejo de nuevo y cojo el bolso antes de bajar las escaleras. No les dirijo la palabra a ninguno de los dos, me pasé toda la noche pidiéndoles por favor no ir y ya ni la oferta del castigo les pareció bien. Sabía que le había dicho a Isabella que iría por ella pero no hago nada por nadie, no pensaba ir de todos modos. Pero al final, aquí estoy de nuevo hacia él como si fuera un puto perrito faldero. Llegamos a la dirección, es una casa grande de paredes beige y un techo marrón oscuro. Las ventanas son grandes y un pequeño jardín la rodea. Me suelto el pelo instintivamente y me prometo comportarme como cualquier persona normal se comportaría con quién se ha comportado como una mierda con ella.

Mi padre llama al timbre y medio minuto después el padre de Markus abre la puerta invitándonos a entrar. Nos saludamos y mis padres se dan abrazos entre ellos como si fueran primos hermanos, se presenta con el nombre de Michael. La madre sale poco después y con un vocabulario más extenso que el del padre que solo supo decir "Hola, amigos" nos saluda a todos con una gran sonrisa, presentándose como María. No sé que genes tiene esta familia con la boca pero todos tienen una sonrisa que no es normal.

Allí está él, vestido con unos pantalones vaqueros amarrados a la cintura con un cinturón negro, un polo blanco con un logo en el pecho derecho y una gorra azul echada para atrás. Su pelo revuelto sobresale de la gorra por algunos lados y su expresión de concentración mientras pone los cubiertos me deja plasmada justo allí. Se coloca en el asiento que da frente a mí y levanta la cabeza clavando sus iris en los míos. Giro la cabeza disimulando y entro en la conversación que mantienen mis padres con los suyos observándole de reojo.

Pasan diez minutos hasta que nos sentamos a la mesa con la comida recién sacada del horno. El pollo huele delicioso y acepto el trozo más grande cuando la mujer empieza a servir los platos. Todo el mundo se gira cuando la puerta de la entrada se vuelve a abrir, entran Isabella sudada con la indumentaria de hacer deporte sujetando el carrito con su hermana pequeña dormida.

- ¡No me lo puedo creer! Ya estáis aquí.- se apresura a cerrar la puerta y se acerca a nosotros dejando el carrito a un lado.- Lo siento mucho por la tardanza, se me ha pasado la hora.- se disculpa mientras nos da tres besos a todos.

En una de esas veces al girar la cara por poco nuestras bocas chocan ya que creía que solo me iba a dar 2 besos como todo el mundo hace. Todos se empiezan a reír y veo que Markus forma parte del grupo de los que no dejan de comentar la situación entre risas.

- ¡Lo siento!- se disculpa Isabella.- En Alemania damos tres besos, todavía sigo sin acostumbrarme.

- ¡Sois alemanes!- exclama mi padre desde el otro lado de la mesa.- Ya decía yo que usted tenía un acento un tanto...diferente.- se gira hacia el padre de Markus.

Este procesa las palabras unos segundos en silencio como si las tuviera que descifrar una a una y acto seguido su boca se ensancha emitiendo una risa. El resto de la mesa se ríe.

- Debo aclarar, que yo soy de aquí de nacimiento.- su mujer levanta la mano acaparando la atención.- Solo que me enamoré de este bombón extranjero y al final ya estáis viendo como acabó la cosa.- señala a su alrededor moviendo los brazos.

Su marido la besa y mi padre presume de mi madre antes de besarla a ella también. Mantengo la vista fija en un punto sin saber que hacer. Miro hacia Markus y lo veo removiendo el plato con disimulo; antes de que me vea, giro la cabeza.

- Bueno, voy a subir a cambiarme esta ropa en un segundo.- anuncia Isabella corriendo a la planta superior.

Tiene razón, está de nuevo abajo en menos de lo que canta un gallo. Se sienta en la silla libre entre Markus y yo y se une rápidamente a la conversación sobre los diferentes platos de cada país. Los diálogos con usted y cortesía desaparecen y se cambian por unos más informales conforme avanza la velada.

- Bueno, Eva ¿Qué estás estudiando?- pregunta María.

- Estudiaba derecho pero intento cambiarme a medicina.- respondo.

- Ya veo, seguro que lo consigues.- ella me regala una sonrisa amable.

- Esperamos una respuesta para dentro de poco, tal vez finales de esta semana o principios de la siguiente.- mi madre decide continuar con el tema de mi carrera.

- ¿Por qué cambiaste?- pregunta Michael clavando esos ojos grises en mí.

- Porque quise.- respondo ganándome las miradas de reproche de mis padres.

- Perdonadla, siempre es así.- me disculpa mi padre ante todos nervioso.

- Que no me perdonen si no quieren; me da igual.- mi cuerpo se enciende al ver que la comida está siendo más entretenida.

- Nuestros hijos se llevarían bien.- afirma María mirando a Markus.

Este la mira y sacude la cabeza cansado por alguna razón.

- ¡Le he dicho justo lo mismo esta mañana!- exclama Isabella triunfadora. 

Markus calla a su hermana de una mirada.

- Os equivocáis- interrumpo consiguiendo la atención del chico rubio.- En realidad, las personas diferentes son las que se atraen. Si dos personas son iguales lo más probable es que no tengan nada de lo que discutir ni hablar, serían tan transparentes el uno con el otro que no habría nada nuevo que comunicar en el día a día. Y el sexo...el sexo sería una mierda.- concluyo metiendo un trozo de la comida en mi boca para callarme.

- Entonces, no somos nada parecidos.- esas son las primeras palabras de Markus en toda la comida; acompañadas de una media sonrisa traviesa.

Isabella tose y pide la sal evitando mirarnos a los dos. El resto nos mira aturdidos sin saber como reaccionar y es un alivio para mi madre cuando Isabella pide la sal y se la acerca.

- ¿A qué universidad te has apuntado?- me pregunta María sin pestañear.

- A la única que hay.- respondo encogiéndome de hombros. 

Nada más sentir una mirada sobre mí giro mi cabeza enfrentando a la risita de Markus. Al principio le miro seria y con el ceño fruncido pero acabo cayendo en sus encantos y nos empezamos a reír frente a las caras con expresiones insuperables de los demás. Cuando el ambiente se calma de nuevo los demás dejan a un lado sus cuerpos petrificados y siguen comiendo.

- Tienes razón, una pregunta estúpida.- ríe incómoda María cuando ya la conversación se ha desvanecido en el aire.

- ¿Y tú...?- pregunta mi padre a Markus.

- Markus.- responde.

- ¿Markus, qué estudias?

- Nada.- responde confundido.

- Él lleva trabajando ya 2 años.- aclara Michael.

- Ah, que tonto soy.- responde mi padre alzando las cejas.- ¿A qué te dedicas, Markus?

- Soy bombero.- responde él, sin levantar los ojos del plato.

- ¡Wow! Eso debe de ser chulísimo.- dice emocionado mi padre.

Markus levanta la mirada hacia mi padre con expresión seria y él, intimidado por un hombre de mitad edad a la suya baja la mirada.

Se hace un silencio en el que solo se escuchan el ruido de los cubiertos contra el plato. Unos segundos después, María, halaga el conjunto de mi madre antes de proseguir con la conversación.

- Al principio no iba a dedicarse a eso. Había deseado toda su vida ser el mejor empresario del país.

Markus levanta la cabeza mirando a su madre y suplicándole sin palabras de por medio que pare, pero ella ni siquiera se da cuenta.

- Pero luego, sucedió el accidente de su mejor amigo y bueno, cambió de trabajo... y de persona.-su mirada se pierde como si le trajera memorias de una época diferente que nunca más volvería a presenciar.

Todos de repente nos sentimos incómodos en esa mesa, yo sorprendida por lo que María acaba de contar sobre su hijo, observo la expresión de Markus no sabiendo como interpretarla.

HeridasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora