DESIRÉ
El asqueroso olor a frutas dañadas invade el lugar; estoy dentro de lo que parece un auto que avanza a una velocidad imprudente. Parpadeo varias veces antes de darme cuenta de lo que está sucediendo. Últimamente, me veo como una pluma que mi madre mueve a placer con pequeños soplos. Esa pluma es lo último que ha quedado de mí, de las alas con las que pretendía volar y ser feliz. Intento recordar qué sucede o cómo llegué hasta aquí, pero me es imposible.
Estoy reviviendo de nuevo esa noche oscura, me repito una y otra vez. Porque, en mi realidad, existe Gregory, y su familia es un maldito sueño, sigo diciéndome mientras aprieto mis manos y ojos con fuerza.
—Es una pesadilla —susurro, mirando a todos lados—. Si despiertas, encontrarás que estás en los brazos de Gregory.
Una parte de mí dice que no lo es; lo que sí tengo la certeza de estar viviendo son las últimas horas de mi vida. La mía siempre fue una historia pobre y mal narrada, con poco presupuesto, a la que alguien, algún día, se le ocurrió contar. Estaba destinada a morir de esa manera; sería así siempre porque mi madre me odiaba.
El auto se detiene haciendo un ruido estridente, y miro por las rendijas del capó del auto para intentar ver un poco más de mi entorno. La oscuridad me impide ver mucho; solo sé que estoy en el sótano de algún lugar, con varias imágenes religiosas obscenas dispuestas de cualquier manera en un rincón. El abrir y cerrar la puerta del vehículo, o el movimiento brusco de quien sale de este, me dice que quien manejaba era obeso.
No era mamá; ella es menuda, pienso al escuchar los pasos acercarse, y retrocedo cuando está por abrirse. Una vez que la abre, lo primero que veo es la luz de una linterna cegándome; me llevo ambas manos a mi rostro, y el desconocido me toma por los cabellos, sacándome de un tirón.
—¿Ya te confesaste? —me pregunta, y sigo en silencio, sin poder ver el rostro de mi posible agresor—. ¿Quieres que limpie tus pecados? —vuelve a preguntar.
El olor a frutas en descomposición proviene del tipo, también el olor a sudor y a rancio. Dos cosas son seguras en ese instante: una, que en la vida he visto a ese viejo obeso, y la otra, que yo he estado en ese lugar; son las bodegas del bar donde Brady trabaja. Acorralada en un rincón, sin muchas cosas con las que defenderme más que cuadros de la virgen desnuda, observo con atención por dónde puedo escapar. Hiperventilo, y mi panza me duele, producto del miedo que tengo (también podría ser el hambre, porque no he comido en muchas horas); le ruego que me deje ir y juro que no le diré a nadie.
—No iré a las autoridades —ruego por última vez.
—Yo soy la autoridad —sentencia, y me muestra una placa plateada con el escudo de la policía.
Lanzo un grito al ver que me toma por los hombros, y me retuerzo muchas veces, intentando liberarme, pero me es difícil. Me abraza y apoya su cabeza en mi cuello; al escuchar su voz, detengo mi lucha para llorar amargamente.
—Es una pesadilla, Des... Una pesadilla —la voz de Jasón me trae a la realidad y me recuerda que él está de licencia por tres meses y Gregory de viaje—. ¿Ya pasó?
Le doy un "sí" casi inaudible; me retira de su pecho y contempla mi rostro bañado en lágrimas, lo limpia de forma delicada con una media sonrisa. La cercanía del natalicio de mamá trae consigo que mis recuerdos más nefastos salgan a la luz. Normalmente, no suelen ser tan intensos, pero supongo que mi embarazo me hace más sensible.
—Te espero afuera; vamos a desayunar lejos de este lugar —dice, sonriente—. Almorzaremos también por fuera, porque, dentro de una semana, serás ingresada al hospital y...
—La comida de allí es horrible, lo sé —termino por él, y sonríe—. Soportaré todo si mis hijos nacen bien, aun en contra de mi salud.
Los ojos verdes de Jasón me reprenden al escuchar eso, y alzo mis hombros. He entendido que mi labor en este instante es que mis hijos estén bien y con su padre. Gregory será un estupendo papá; contará con el apoyo de sus padres y hermanos. Apoyo mis pies en el suelo mientras mi acompañante no me pierde de vista.
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Un Frederick en Apuros
RomanceLibro I Saga Frederick Él vive en la zona más exclusiva de New York y es uno de los herederos del imperio Frederick. Ella en el Bronx, en la peor casa de la zona. Él ha crecido en medio de lujos, viajes, cócteles y mujeres, pero tiene un vacío que n...
