GREGORY
Cuelgo el móvil y respiro aliviado al saber que hoy no tiene fiebre; se ha despertado, levantado y pedido desayuno. En una muestra de fortaleza única, Des estaba de pie cinco días después del resfriado que pescó por mojarse bajo la lluvia, y eso me hacía sentir feliz.
Apoyo mi cuerpo en la silla y llevo mis manos a mi cuello, pensando en todo lo que ha pasado en estos días. Alguien desea hacerme daño y, aunque mi madre no me crea, sé que no tengo nada que ver. En algún momento, mi enemigo mostrará su rostro, o Vasilé dirá las razones por las cuales desea vengarse de mí. Mientras tanto, lo único que debo hacer es protegerme.
Lo más complicado de todo es Des, a quien no logro entender. Le he dado todo; no le falta nada, pero parece que eso no le es suficiente. Es difícil para ella quedarse en casa, pero, de todas maneras, no podría salir ante el riesgo que representa su embarazo.
¿Qué quiere Des? Busco el móvil en mi escritorio y ubico la cámara de seguridad del penthouse. Está en el balcón, abrazada a sí misma y mirando el horizonte. Las cosas serían sencillas si lográramos llevarnos bien, pero somos como el agua y el aceite, y no me refiero al estrato social.
—¿Necesitabas verme? —pregunta Jedrek, y dejo el móvil a un lado para atender su llegada.
Observo al hombre alto, de aspecto descuidado, que ha llamado la atención de Des. Con él sí se lleva a la perfección; le muestra su mejor sonrisa y le permite tocarla. Por más que busco, no veo nada interesante en él: barba de días, cabello largo descuidado, ese aire de maleante que debería asustarla. Recuerdo que papá solía llevar el cabello largo, y me sorprende preguntarme si a ella le gustaría en mí. Sin saber por qué he llevado mis pensamientos a ese lugar, los sacudo, molesto, y le muestro a Jedrek la silla delante de mí.
—Por favor —señalo la silla.
—¿La señora se encuentra bien? —pregunta mientras se sienta, y alzo una ceja, intrigado.
—¿No vienes de allá, Jedrek? ¿Debo preocuparme por tu interés en ella? —tras acomodarse en la silla, me mira sin responder y hasta con una media sonrisa—. Te pedí enviar a alguien a cuidarla, no que lo hicieras tú; luego, llevarla a la gala, no coquetear, tocarla o hacerla reír. ¿Olvidas que puedo verte?
Tiene interés en ella desde el primer día, el día que nos dejaron en esa isla. Puedo recordar su rostro observando el trasero de Des o la sonrisa de estúpido cuando ella dijo que solo había volado del tejado al creerse Súper Girl. Así que no, no es casualidad que él personalmente se ocupe de cuidarla, cuando cualquiera de mis hombres podría hacerlo.
Cruza sus piernas y estira su cuerpo en una actitud relajada. No es un tipo atractivo; Des no puede fijarse en un hombre como ese. Las imágenes de ella llorando, abrazada a él bajo la lluvia, me persiguen hasta en sueños. No tengo idea de cómo logré calmarme y no alejarla de él a golpes. Que ambas cosas me molesten al punto de querer golpearlo es una sorpresa para mí.
—Espero que no borraras los mensajes con las órdenes que me diste —responde con burla—, porque yo no lo he hecho —busca dentro de su saco el móvil, lo desbloquea y, tras carraspear, habla—. Dice, y cito textualmente, el primero: "Des es una mujer de cuidado; ninguno de esos ineptos que tengas logrará cuidarla bien. Encárgate tú mismo" —alza su dedo índice, recordándome con ese gesto a mi época escolar, mientras pienso vagamente que está a tres rayas de ser golpeado por mí—. Y el último: "Haz lo que tengas que hacer, pero la quiero en esa gala".
—No te pases de listo, Jedrek, que no eres intocable por ser casi un hijo para Sergey —le aclaro, molesto, y sigue con esa sonrisa de suficiencia en sus labios—. Sabes a lo que me refería cuando te pedía cuidarla, y te lo demostró al huir de ti las veces que se fue de casa.
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Un Frederick en Apuros
RomansaLibro I Saga Frederick Él vive en la zona más exclusiva de New York y es uno de los herederos del imperio Frederick. Ella en el Bronx, en la peor casa de la zona. Él ha crecido en medio de lujos, viajes, cócteles y mujeres, pero tiene un vacío que n...
