Capítulo 26

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DESIRÉ

Le doy la última puntada a mi nueva obra, corto los hilos y busco su gemela, dejando ambas prendas en mis piernas. No sé por qué escogí ese color; solo sé que estaba entre la gran variedad de madejas que los Frederick me habían obsequiado. Una mañana, sentí la necesidad de tejer dos vestidos en color rosado. Hoy, a un día de que nazcan mis hijos, los he terminado. ¿Intuición o mi deseo de que sean dos niñas? No lo sé; lo cierto es que tenía la necesidad de hacerlos, y los hice.

Estoy en el cuarto; Jasón estudia en el salón de juegos, y las chicas se han ido hace un par de horas. En adelante, tendrán los días libres, porque Gregory aseguró que no estaríamos en casa los dos primeros meses tras el nacimiento. Había aceptado que viviríamos en la mansión de su padre, y algo me decía que de allí no saldríamos.

De todas maneras, la idea de vivir allí me agrada; el sitio es lujoso, pero tiene calor de hogar. Los bebés estarán con sus abuelos, y yo, por fin, tendría ese hogar que intenté tener con Luisa León, pero de quien solo recibí desprecio. Podría trabajar con Harris, porque Gregory no me lo negaría; era su amigo.

Me incorporo del cómodo sillón a regañadientes; donde me siento, quiero dormir para siempre. Mis últimos meses de embarazo han sido tortuosos; de hecho, todos los meses hubo algo distinto, tanto que difícilmente creo que volveré a tener hijos.

Me acerco a la mesa amarilla que, según Gregory, era para cambiar los pañales de los bebés. Está dispuesta la maleta que llevaré mañana al hospital. Tomo los dos diminutos vestidos, con sus zapatos y gorros. "Outfit completo", pienso, sonriente, y lo dejo a la vista en la maleta. Detengo mis manos al cerrarla para detallar todo lo que hemos comprado juntos y algunas cosas tejidas por mí.

Llenar esa maleta y todo lo que hay en su interior se convirtió, para ambos, en la más maravillosa de las aventuras. El embarazo hizo en nosotros cosas que nunca hubieran sucedido: acercarnos. Siendo sinceros, ni él ni yo nos habríamos fijado en el otro, porque él no llenaba el prototipo que yo buscaba en un hombre. Gregory pertenecía a una clase social que critiqué en innumerables ocasiones.

En cuanto a lo que él pensaba de mí, lo dijo siempre: era demasiado vulgar y corriente para su gusto, a tal punto que solo se imaginaba compartiendo cama conmigo si me pagaba. Creo que el embarazo derribó nuestros prejuicios y nos obligó a desnudarnos el uno al otro.

Y no, no hablo de sacarnos la ropa...

Cierro la maleta con la seguridad de que hice todo lo que tenía pendiente, y lo que estaba a medio terminar era culpa de Gregory. Dejó todo para última hora, y hoy día teníamos todo en casa, pero en desorden.

—¡Des! —grita Jasón, y su voz se escucha lejana, por lo que avanzo hacia la puerta.

No he dado tres pasos cuando esta se abre estrepitosamente, y se asoma un Jasón agitado, con los ojos humedecidos. Le cuesta hablar, y lo único que logro entender es que algo le sucedió a su padre.

—¿Qué le pasó a tu padre? —pregunto, y niega, pasándose las manos por la cabeza.

—Debemos ir al hospital...

—No pienso ir contigo en esas condiciones —advierto, eliminando la distancia y tomando sus manos—. Me quedo con Jack; solo seré un estorbo, y aquí estaré segura.

—No voy a dejarte aquí sola...

—No estaré sola —interrumpo—. Estaré con Jack.

Duda un instante, y niego, acompañándolo a la puerta mientras le recuerdo que Greg llegará en unos minutos. La calma que demuestro estoy lejos de sentirla, porque sé lo importante que es su padre para toda la familia.

Un Frederick en ApurosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora