Un juego adolescente termina en un forzado matrimonio que dura muy poco. Dieciocho años después, Julia y Bruno se ven obligados a olvidar sus diferencias para hacerle saber a dos personas especiales que la esperanza es lo último que se pierde. (Fina...
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La esperanza debida - Capítulo 24 - Contener
-¿Siguen sin salir del cuarto? - preguntaba Taylor a su mejor amiga, preocupada.
-Cada uno en el suyo...ni siquiera entre ellos hablan - contestó Laina observando las puertas de ambas habitaciones.- Bajemos a tomar un té...no quieren atender.
La mansión Sullivan era un palacio color blanco que se encontraba en el barrio Holland Park. Allí Julia y Bruno habían crecido juntos, ya que sus casas quedaban a una cuadra. Las amigas jamás se separaron desde que terminaron el colegio secundario. La amistad de Warren y James se forjó gracias a ellas. Mientras bajaban las escaleras se cruzaron con mucamas que saludaban afectuosamente, preguntándoles como estaban sus hijos, los hijos de sus hijos, y hasta los amigos. Ellas respondían simpáticamente, estaban muy acostumbradas a sus interrogatorios y consejos que no les habían pedido.
-Deberíamos hablar con Bruno y Julia -dijo Taylor, cuando se sentaron en el patio de invierno a beber té- No soltaron palabra de lo que pasó...apenas tenemos la primicia a través de los mellizos...¡Se separaron!
-Esos dos no van a contarnos nada - repuso Laina, resignada- Aún no me atreví a llamar a Bruno...dudo que me cuente algo.
-Esas dos criaturas están destruidas.
-¿Qué demonios habrá sucedido esta vez? - chasqueó la lengua con impaciencia- Les tenía fe, ¡se adoran!
-Espero que no haya terceros en discordia.-dijo Taylor, angustiada- Julia no soportaría verlo con otra mujer de nuevo.-Laina entrecerró los ojos.
-¿Insinúas que Bruno fue infiel? - le preguntó, ofendida.
-Sabes que lo adoro, pero Brunito fue bastante mujeriego en su época.- contestó,con un gesto de disculpas.
-No, no...yo conozco a mi hijo, y sé que ama sinceramente a Julia. Bruno ya no tiene dieciocho años, cambió mucho -Taylor suspiró, sin saber qué contestar. Se sentía frustrada por la falta de información.- Me doy cuenta como la mira...No puedo con esta intriga. - el móvil de Taylor sonó y ambas pegaron un grito exagerado.
-¡Es Julia...! ¡Me está llamando, amiga! - informó, teatralmente.
-Por favor, no la regañes, no podemos seguir con los mismos métodos. -aconsejó atropelladamente- Atiende, vamos...obvio, no le digas que estoy escuchando.
-¡Que no soy una improvisada, mujer!- relajó los músculos de su rostro como si estuviera a punto de salir a escena - Hola, hija - atendió Taylor, como si nada pasara.
-Mamá...-por su voz supo que estaba llorando y se tapó la boca con la mano libre.
-Hija, ¿qué te pasa? ¿Por qué lloras?
-Ya sabes por qué... -Laina se acercó para escuchar.-¿Los niños están contigo?
-Están en casa de Laina pero nos avisaron...- contestó, jugando con el saquito de té.