6.- The Day The World Stood Still

398 65 6
                                    

"Everyday another fight, I'm in the dark, I'm begging for light
As time goes on I feel more afraid
Another reminder I cannot change this fate"

Con sus últimas fuerzas, Hong'er se arrastró por el camino de tierra hasta el Pabellón Dorado de Xian Le, el último santuario que quedaba en pie de Su Alteza el Príncipe Heredero. Levantó su cabeza llena de vendajes hacia el lugar solo para darse cuenta de que había llegado tarde: el santuario había sido saqueado y todo lo que era de valor había sido arrebatado. Ni siquiera había una estatua que pudiera ser adorada.

No quedaba nada del primer templo marcial dedicado a Su Alteza.

Su joven corazón dolió como nunca antes lo había hecho. Ni siquiera como aquella vez, cuando había sido echado del ejército. Hong'er recordaría lo sucedido por siglos: la noche anterior había seguido al Príncipe Heredero, auxiliando al dios cuando se vio afectado por unas plantas demoníacas que intentaron jugar con su mente. Había presenciado un estado vergonzoso de Su Alteza, y creyó que recibiría una reprimenda, pero el Príncipe Heredero le había elogiado por su habilidad en la batalla, indicando incluso que le convendría mejor cambiar su arma por un sable.

Sin embargo, para su sorpresa uno de sus generales adjuntos lo echó del ejército. Hong'er recordó su nombre al verlo: era Mu Qing, uno de los que había estado a su lado en el monte TaiCang.

— Fuera— dijo secamente al verlo—. Eres demasiado joven para estar en una tropa.

— Pero...— intentó rebatir Hong'er—. Su Alteza...

La mirada gélida que el general le lanzó lo paralizó por un momento.

— ¿Qué sabe Su Alteza?— murmuró frunciendo el ceño levemente.

Su Alteza sabe más que tú. ¿Por qué otra razón él ascendería mientras que tú sigues a su servicio?

— Ni siquiera tienes la edad mínima según la ley militar— dijo Mu Qing, sin mostrar ninguna emoción al tratar con Hong'er—. No harás más que causar problemas si los superiores se enteran de que estás sirviendo sin tener la edad requerida.

No había nadie dispuesto a abogar por él, de modo que Hong'er se retiró creyendo que la orden venía directamente de Su Alteza, como reprimenda por presenciar algo que no debía. Pero, tiempo después, descubriría que Su Alteza no tenía idea de lo que había pasado.

Y después, Xian Le caería sumido en el caos.

Todos aquellos que decían ser fervientes adoradores del Príncipe Heredero se volvieron contra él. Por eso Hong'er se apresuró a llegar al Sagrado Pabellón Dorado; debía proteger el templo, debía cuidar el sitio para no ser profanado... pero había llegado tarde.

Unas risas sonaron cerca de donde se encontraba. Había un grupo de gente allí, y uno de ellos inició un incendio. Hong'er, que hacía mucho tiempo había perdido el miedo a las golpizas, se abalanzó contra ellos, apagando el incendio. No iba a permitir que este templo, el único que quedaba en pie, fuera dañado por nadie. Sus acciones, obviamente, atrajeron la atención de aquel grupo sobre su humilde persona y rápidamente se enzarzaron en una pelea.

— ¡Tú, jodido idiota! ¡Mocoso de mierda!

— ¡Váyanse!— gritó Hong'er, alejando a aquel grupo a punta de golpes.

Él también había recibido una buena paliza, pero eso no le importaba. El templo, lo que quedaba de él, era lo que realmente le preocupaba. Así que, a pesar de que uno de ellos intentó tirarle una piedra y terminó golpeando su cara con ella, pudo resistir lo suficiente para asustarlos a todos.

— ¡Solo espera! ¡Traeremos más chicos y te venceremos!

— Te atreves a volver y te mataré— se burló Hong'er.

Finalmente, cuando esos bastardos se fueron, el joven terminó de apagar el incendio y entró al gran salón. Como no había una estatua, había estado trabajando en un cuadro para sustituir la pérdida, como si no hubiera ocurrido un altercado anteriormente el joven colgó el cuadro y se sentó recargándose en el altar, pensando. Su cuadro no era bueno, algo comprensible dado que él no sabía pintar y esa no era la clase de cosas que se aprendían solo mirando, pero no podía soportar la idea del Pabellón Dorado sin una sola imagen del Príncipe Heredero. Practicaría hasta el cansancio, hasta que pudiera crear una imagen digna de la gracia de Su Alteza, su persona especial, la única que se atrevió a defenderlo y lo salvó de la desesperación que lo acometía.

Una leve brisa sobre el cuadro lo hizo levantar la cabeza con ilusión, sonriendo.

— ¿Es usted?— preguntó a la nada, poniéndose de pie.

Hong'er se acercó al altar, con el anhelo en su rostro y la respiración agitada.

— ¡Su Alteza!— gritó—. ¡Sé que es usted! ¡No se vaya! ¡Tengo algo que decirle!

El joven apretó los puños, pero esta vez no se debía a la rabia, la frustración o el dolor: esta vez se trataba de la determinación.

— No importa que sus templos y pabellones hayan sido quemados y destruidos— dijo—. No esté triste, le construiré más. En el futuro, construiré cientos y cientos de templos. Más grande, más elegante. ¡Nadie podrá competir con usted! ¡Lo haré!

Estaba decidido a ello, dedicaría su vida y su muerte al Príncipe Heredero con una sonrisa y sin chistar.

— ¿Me ha oído? ¡En mi corazón, usted es el único dios verdadero! ¿ME HA OÍDO?

El eco de sus gritos resonó por todo el monte TaiCang, sin recibir respuesta, pero Hong'er esperó. Esperaría toda una vida de ser necesario. De repente, una gota de agua fría cayó, el destello de una figura blanca apareció frente a su ojo descubierto y entonces recibió una respuesta que no esperaba:

— Olvídalo.

El ánimo de Hong'er decayó. El ánimo de aquella voz que le había dicho cuál podía ser el significado de su vida se había esfumado.

— ¿Qué?— dijo por fin—. ¿Olvidar que?

— Olvídame. Déjalo ir, pronto nadie lo recordará de todos modos.

Sintió las lágrimas correr por su rostro. No era la primera vez que lloraba, claro, pero en esta ocasión su llanto ardía, brotando desde su corazón, herido por la deidad que había seguido ciegamente.

— Yo...

¿De verdad nadie recordaría al Príncipe Heredero? ¿Al Dios Marcial Flor Coronada, con una espada a diestra y una flor a siniestra? ¡No! ¡De ninguna manera! Mientras él, Hong'er, un huérfano sin nombre real siguiera con vida, habría alguien que recordaría a Su Alteza y veneraría su figura.

— ¡No lo haré!— gritó con determinación.

Corrió, gritando hacia la nada.

— ¡NO LO HARÉ!

Un sinfín de emociones contradictorias lo rodeaban: por un lado estaban la tristeza y el enojo, contrarrestadas por una salvaje alegría y una determinación inquebrantable.

— ¡No olvidaré!

El joven, aquel niño que había caído de la torre más alta buscando su muerte y fuera rescatado del abismo, sollozó, pero aún así no prestó atención a nada. El rumbo de su vida de ahora en adelante había sido decidido.

— ¡NO LO OLVIDARÉ!


❁❁❁❁❁

Ahora sí se viene lo sad. A mí me puso sad cuando lo escribí, yo no sé ustedes cuando lo lean, jajan't
Revisé cada capítulo para, además de poner canción en multimedia, corregir posibles errores que se me hayan ido al escribir, porque todo lo hago desde el cel y se me pueden ir errores de dedo xD

La lista del soundtrack completo la pondré al final, cuando la historia esté completa. Besitos, y que tengan un buen día <3

La estrella de la soledadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora