"Deep within you know
We're just heart and soul
And I can't believe
I can't believe it's all far away"Jamás esperó tener que regresar al reino de Yong An.
El esplendor de la nueva capital imperial, y a decir verdad de todo el reino, superaba con creces la belleza de Xian Le, opacada siglos atrás. Sin embargo, eso no tenía importancia para Hua Cheng, que venía a rastrear a su belleza particular. Una belleza gracias a la cual él seguía en este mundo.
"Se han hallado sobrevivientes de la familia real de Xian Le en Yong An y la familia real los acogió como parte de su corte", le había informado He Xuan. "Es probable que Su Alteza esté entre ellos, hay indicios prometedores"
Hua Cheng sabía que He Xuan sería cuidadoso con respecto a este tema: la última vez que le dio una pista no solo falsa, sino totalmente infructuosa, su deuda aumentó considerablemente más allá de lo que podía abarcar en ese momento... o en cualquier otro, vaya. Siendo consciente de que no deseaba incrementar su adeudo, el Supremo de las aguas fue más cauteloso al momento de buscar, fue así como luego de varias averiguaciones dio con el paradero de los últimos descendientes reales del reino de Xian Le protegidos por la familia real de Yong An y tras asegurarse de que esta pista no sería un caso perdido le dio toda la información a Hua Cheng, que se dirigió hacia allá.
Sus emociones, lo quiera admitir o no, eran complicadas. La única vez que estuvo aquí fue cuando la nueva monarquía había sido establecida. Los cimientos de lo que había sido Xian Le habían sido pisoteados y destruidos hasta que no quedó nada y sobre esas cenizas creció lo que sería el próspero reino donde estaba ahora. Y Su Alteza...
Su Alteza había jurado destruir este reino pero su bondad infinita prevaleció sobre su deseo de venganza y Yong An creció hasta ser lo que es ahora.
Es el ser más bueno y puro que haya pisado esta tierra. Merece ser protegido y por eso tengo que encontrarlo
— An Le, escúchame bien. Tienes que seguir haciendo lo que te dije.
Hua Cheng volteó la cabeza hacia el origen de tan molesta voz al tiempo que E-Ming abría su ojo, observando con curiosidad. Qi Rong estaba junto a un joven, ambos cuchicheaban alejados de los transeúntes con una voz tan baja que de no ser por lo estridente de las palabras del fantasma, Hua Cheng no lo habría oído. Con un sutil movimiento de sus dedos envió una mariposa en su dirección y pudo escuchar sus voces claramente.
— No lo soporto- dijo An Le—. Es tan... molesto. Tengo que reprimir el impulso de golpearlo cada que abre la boca. ¡Además se duerme en todos lados! Es una desgracia.
— Solo tienes que aguantar un poco más— dijo Qi Rong-. De no ser por ese estúpido sacerdote, nos habríamos salido con la nuestra hace tres años. Tengo que reorganizar el plan para que todo salga perfecto.¿Qué clase de plan puede crear este engendro inútil que sea realmente bueno?
La respuesta le llegaría dos años después.
°°°°°
El caos se había apoderado de la capital. La gente corría como un río hacia una sola dirección gritando enfurecidamente, sin detenerse hasta llegar a la explanada, donde se encontraban el culpable del terrible crimen que se había cometido contra la familia real.
—¿Así que este era el plan de Qi Rong?— musitó Hua Cheng mirando a la multitud.
El Banquete Dorado había sido originalmente una tradición de Xian Le. Hong'er había sido un mendigo desafortunado, pero había escuchado hablar de esa tradición. Todos en el reino habían oído sobre los cubiertos y vajillas bañados en oro, y las comidas exquisitas servidas para tal ocasión, una prueba patente de la riqueza del reino.
Por tanto, era solo cuestión de tiempo para que Yong An retomara esa misma tradición. Pero esta vez el banquete se había convertido en un baño de sangre del cual solamente sobrevivió Lang QianQiu, el príncipe heredero. Lo sucedido recorrió el reino entero: el príncipe llegaba tarde, y para cuando entró al lugar vio a su maestro, el GuoShi del reino, apuñalar al rey apagando así su vida.
Hua Cheng recordó vagamente al GuoShi Fang Xin: era un hombre sombrío, vestido de negro con una máscara plateada que cubría su rostro. El rey fantasma lo había visto una vez, y aunque sus habilidades de batalla eran buenas, no tenía nada que ver con Su Alteza... sobre todo si tenía algo que ver con el bueno para nada de Qi Rong. Era posible que el fantasma verde se hubiera coludido con el sacerdote para, por medio de An Le, poder asesinar a toda la familia real de Yong An.
Todo habría salido bien si el príncipe Lang QianQiu no se hubiera retrasado. Probablemente Fang Xin estaba pensando en eso mientras su antiguo alumno lo clavaba al ataúd que sería su último hogar.
Hua Cheng se retiró sin mirar atrás. No había encontrado a Su Alteza, pero al menos podría decir que no fue una total pérdida de tiempo.
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La estrella de la soledad
FanfictionMuchas cosas se dicen sobre el rey demonio Lluvia Sangrienta que busca la flor. Existen cientos de leyendas y rumores alrededor de su figura, siendo una cosa algo constante e innegable: el reino celestial le teme, el reino mortal lo adora y el reino...