19.- Never Die

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“Where will you go
When the world around you changes at the speed of light?
All you've ever known, nothing stays the same
A new world is on the rise but the old will never die”

Un aroma a sangre recibió a Hua Cheng en cuanto puso el pie en aquella cueva y arrugó la nariz con disgusto. Por un momento esperaba que lo relatado por He Xuan fuera una mentira de mal gusto, pero ahora se daba cuenta de que no había sido así.

Aunque bueno, dudaba que un par de frases fueran suficientes para considerarse un relato.

— Le llaman Linterna Verde que alumbra los bosques. Es un ser molesto que se alimenta de carne humana.

¿Qué clase de imbécil se arriesgaría a comer carne humana?

Sin embargo, lo que terminó por hacer que Hua Cheng se dedicara a buscar a este fantasma, lo que le hizo distraerse de rastrear a Su Alteza y desviarse de su objetivo para llegar a este páramo alejado de la mano de la civilización fue una sola cosa, un solo detalle que escuchó al preguntar acerca de este sujeto.

Se hacía llamar Qi Rong.

Hua Cheng no pudo evitar preguntarse si se trataba del mismo Qi Rong que lo arrastró detrás de un carruaje tantos años atrás. Tenía que verlo y cerciorarse. Ni siquiera se detuvo a pensar en qué haría si resultaba ser la misma persona: un impulso desconocido lo impelía a ir detrás de ese príncipe caprichoso y malvado que se creía con el poder de tomar a un niño y ordenar provocar su muerte sin consideración alguna.

Así fue como llegó a aquella cueva y entró sin importarle nada.

El espectáculo a su alrededor ni siquiera le impresionó: una residencia iluminada por llamas verdes, con pequeños demonios que iban y venían de un lado a otro arrastrando carretas llenas de personas. Hua Cheng había cambiado su apariencia para pasar desapercibido entre ese espectáculo dantesco y vulgar, avanzando lentamente cuando una voz estridente se escuchó de repente.

— Ese bueno para nada de Feng Xin, ¡no puedo creer que haya ascendido! ¿Es que todos en el cielo se volvieron idiotas? Aunque bueno, Ling Wen está ahí, no se puede esperar mucho de ellos.

Hua Cheng escuchó una enorme sarta de improperios dirigidos a todos y cada uno de los miembros de la corte celestial y por un momento pensó que se había equivocado de persona. Qi Rong había sido un príncipe, no se supone que tenga un vocabulario tan vulgar… aunque tampoco sería tan descabellado de pensar, si lo consideraba seriamente. El rey fantasma cruzó la estancia hasta encontrar a la persona: un fantasma vestido de verde, de largo cabello negro suelto y piel extremadamente pálida, a juzgar por su postura levemente encorvada estaba ocupado trabajando en algo.

— Ya lo verán, voy a estar por encima del mundo. ¡Ajá!

El fantasma alzó los brazos con un pequeño objeto en las manos, por lo que Hua Cheng pudo verlo: era una máscara blanca con una sonrisa. Aquello le hizo fruncir el ceño al Supremo de rojo preguntándose a qué venía esto, y recordó lo dicho por He Xuan sobre su consumo de humanos. ¿Y si Qi Rong estaba imitando a los otros Supremos? Al comer carne humana estaría tratando de imitar a He Xuan, y con esa patética máscara intentaría imitar a Bai WuXiang. No cabía duda, era el mismo Qi Rong que había conocido.

Hubo otra cosa que llamó su atención, algo que le hizo perder los estribos y abalanzarse contra el fantasma con inusitada violencia: más allá había visto una estatua que representaba a una persona que estaba arrodillada en posición de disculpa.

Era una efigie indigna de Su Alteza.

La rabia de Hua Cheng no tuvo límites. ¿Con qué derecho se atrevía a mancillar la gracia de Su Alteza de esa forma? ¡Era el mundo entero el que le debía una disculpa! ¡Eran todos ellos quienes debían arrodillarse ante él!

— ¡Pero qué mierda! ¿Quién diablos eres tú? ¿Qué te crees que eres viniendo aquí a agredirme?
— Cállate.

¿Quién te crees TÚ que eres haciendo un insulto como este?

Hua Cheng observó a Qi Rong, observando aquel rostro como si quisiera memorizarlo mientras lo tenía sujeto del cuello. Tan feo… tenía que desaparecer.

¡PANG!

El estruendo de la cabeza de Qi Rong al ser violentamente estrellada contra el suelo resonó en toda la caverna y se le unieron cientos de demonios indignados con el trato que este forastero le daba a su señor, saltando sobre él con tal de detenerlo. E-Ming salió volando acabando con todas esas molestas sabandijas que revoloteaban a su alrededor sin dejar de golpear a Qi Rong, una y otra vez hasta que dejó de moverse. Una lluvia de sangre comenzó a caer producto de la masacre llevada a cabo y, cubriéndose con su paraguas, el Supremo Rey Fantasma de rojo abandonó aquel sitio. Apenas había recorrido un trecho fuera de la cueva cuando vio al pie del camino una pequeño flor blanca que amenazaba con desflorarse por el peso de la sangre que le caía encima. Algo tan puro como una flor no merecía sufrir un destino así, por lo que sin dudarlo Hua Cheng la cubrió usando su paraguas evitando el río de sangre.

Aquella sería una imagen grabada en las mentes de todos en los tres reinos y este hecho bastó para nombrarlo con un título, uno que con el paso de los años sería mencionado con un temor reverencial al hablar de él:

Lluvia Sangrienta que busca una flor.

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Le estoy metiendo nitro porque quiero aprovechar mi tiempo libre... Y porque ya estamos en la recta final, sí que sí /._./

La estrella de la soledadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora