Cap. 23 Eso no va a hacer que tus sentimientos desaparezcan

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—Hola —dijo él, cortante.

—¿Qué te pasa?

—Nada —respondió, bajando la mirada.

—¿Es por lo que pasó ayer?

—Nicole... lo he estado pensando, y no creo que volver a ser amigos sea lo mejor.

—¿Por qué?

—Porque... —dudaba si decirle la verdad—. Olvídalo, simplemente no creo que debamos ser amigos.

—Vamos, Caleb. Siento lo del beso, pero... no sé, me salió así —él me miró sin saber qué decir—. ¿Qué te parece si te invito a comer y te demuestro que puedo ser una buena amiga? Sin besos ni nada, te lo prometo.

—No sé...

—Vamos, por favor —puse mi clásica cara de cachorrito; eso siempre funcionaba con él.

Él se rió un poco por mi expresión.

—Vale, está bien.

—¡Genial! ¿Después de clases?

—Bien... ¿dónde?

—¿Café Vincent, en calle Las Castas?

—Vale, sé dónde es.

—Genial, nos vemos ahí.

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Después de las clases fui directa al café. Decidí ir sola y no esperarlo para demostrarle que había cambiado, que ya no era la misma niña inocente de antes. Caleb llegó treinta minutos después.

—Siento el retraso. Pensaba que íbamos a ir juntos, te estuve esperando un rato —dijo mientras se sentaba frente a mí.

—No te preocupes... solo llevo media hora esperándote —dije con sarcasmo.

—Perdón, pero pensaba que íbamos a venir juntos, ya te lo he dicho.

—Era una broma, no te preocupes.

Después de esa pequeña discusión de dos minutos, Caleb y yo lo pasamos muy bien. Comimos como dos amigos normales. Fue como volver a los viejos tiempos. En ese momento me di cuenta de cuánto extrañaba su amistad... y cuánto lo extrañaba a él. Tras la comida, me acompañó hasta mi casa.

—Gracias por la comida, Nicole. La verdad... me lo he pasado muy bien contigo. Ha sido como...

—Volver a los viejos tiempos —lo interrumpí—. Lo sé, yo también lo pasé genial.

—Tenías razón... has cambiado. Pero puedes seguir siendo una buena amiga.

—Entonces... ¿quieres que sigamos siendo amigos o no?

—No sé... tendría que pensarlo...

—Vale, no te preocupes. Si quieres, piénsalo esta noche y mañana me das tu respuesta.

—Vale... gracias por darme tiempo.

—No tienes que darlas. Tú siempre fuiste un buen amigo, y ahora quiero serlo yo contigo.

Nos quedamos mirando a los ojos unos veinte segundos. Sus ojos brillaban de una manera que nunca antes había visto. Sentí mis mejillas arder. Salí del trance en el que me habían envuelto sus preciosos ojos azules.

—Bueno... adiós, Caleb.

Me di la vuelta para entrar a casa, pero entonces...

—¡Nicole, espera!

Me giré hacia él.

—Dime.

Él comenzó a balbucear.

EL AMOR DE TU MIRADAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora