Cap. 26 EL ULTIMO QUE LLEGUE PIERDE

5 1 0
                                        

Después de una hora de trayecto, llegamos a la casa de la playa. Nada más bajar, respiré profundamente para poder oler el mar.

—Buah... cómo necesitaba esto —dije.

Caleb cogió mi maleta y se colgó la suya al hombro. Me agarró de la mano y me llevó rápido a la casa. Abrió la puerta y dejamos las maletas.

—¿A qué vienen esas prisas? —pregunté.

—Es que tengo muchas ganas de bajar a la playa —dijo Caleb, ansioso.

—Yo también.

Caleb me dejó en la habitación de invitados. Me cambié: me puse el bikini, las chanclas, las gafas de sol y cogí la toalla. Cuando salí y fui a su habitación, él ya estaba cambiado, aplicándose crema solar. Se giró y me miró.

—¿Me ayudas? No llego a darme en la espalda.

Me acerqué a él y unté la crema en su espalda con un pequeño masaje.

—Creo que te voy a pedir todos los días que me des crema. Tienes unas manos maravillosas —dijo.

Reí fuertemente. Era lo que más me gustaba de él: siempre me hacía reír.

—¿Me das a mí? —le pedí.

—Claro.

Él se dio la vuelta, yo le di el bote de crema y me giré. Recogí mi pelo y lo eché hacia un lado. En cuanto sentí sus cálidas manos tocando mi espalda, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Notaba la crema extenderse por mi piel, hasta que sentí su respiración en mi oído.

—¿Caleb?

—Shhh...

De repente, noté sus labios acariciar mi oreja. Era muy agradable, por lo que solté un pequeño suspiro. Sus labios pasaron de mi oreja a mi cuello. Otro suspiro escapó de mis labios, y cuando sentí su lengua acariciar mi piel sensible, solté un pequeño gemido.

—Caleb... ¿vamos ya?

—Podríamos quedarnos aquí también.

—Me... me apetece mucho ir a la playa.

Él suspiró y se alejó de mí.

—Está bien... Perdona, a lo mejor es demasiado pronto.

—Oh, no... no es por eso.

—Nicole, si alguna vez me estoy pasando de la raya, dímelo y ya está.

—No es por eso.

—¿Entonces qué es?

—¿Tú y yo qué somos?

Él bajó la mirada, triste.

—No lo sé...

—Es por mí —dije. Él me miró, extrañado—. Puede que tú seas capaz de detenerte si te lo pido... pero yo no creo que sea capaz de detenerme.

Me miró sorprendido.

—La verdad... tampoco quiero que lo hagas.

—¿En serio?

Asentí, algo avergonzada.

—Esa no es la Nicole que conozco —rió suavemente.

—Sabes que hay cosas en mí que han cambiado.

—Sí, pero... sigues siendo tú.

—Sí...

—Pues eso es lo que importa —me sonrió y me dio un beso en la mejilla. Yo le devolví la sonrisa—. ¿Vamos a la playa?

EL AMOR DE TU MIRADAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora