CALEB
Me desperté por la mañana, pero seguía agotado. Nicole tuvo la brillante idea de llamarme a las dos de la madrugada, completamente borracha. Después de esa llamada, apenas pude dormir.
¿Por qué me llamó?
Se suponía que habíamos dejado las cosas claras: ni amigos ni enemigos.
Si me hubiera llamado para recuperar nuestra amistad, esa llamada habría sido maravillosa. Pero no... solo estaba borracha.
Entonces lo pensé: ¿y si esa llamada significa que aún piensa en mí?
¿Y si todavía queda un pequeño rayo de esperanza para que volvamos a ser amigos?
Quiero recuperarla. Quiero recuperar a mi mejor amiga.
Cogí el móvil de la mesilla, abrí el chat de Nicole… pero recordé que me tenía bloqueado.
¿Cómo podría hablarle?
Abrí Instagram, fui a los mensajes y le escribí.
Pasó una hora.
El móvil sonó, tenía una notificación.
Era un mensaje.
Era ella.
Pero no me esperaba esa respuesta:
> Hola, Caleb. No tenías que preocuparte por mí. Solo me pasé de copas. Quiero que sepas que no recuerdo lo que te dije ayer, ni quiero recordarlo. Por favor, olvida la conversación, como si nunca hubiera pasado. Así que no debemos hablar, no hay nada que terminar. Que te vaya bien. Feliz verano.
Y después de enviarme ese mensaje… también me bloqueó en Instagram.
¡Maldita sea!
Definitivamente, pierdo la esperanza. Jamás podré recuperarla.
Y todo por mis malditos impulsos.
Si pudiera volver al pasado, cambiaría una sola cosa: ese momento en el que le hablé de forma tan brusca.
No se lo merecía.
Soy un imbécil.
La perdí por idiota, y merezco que me odie.
No merezco ni su perdón ni su amistad.
Será mejor que la deje ser feliz con Aden y me aleje de su vida.
Ella con Aden.
Yo con Dulce.
Pero hay algo de lo que estoy completamente seguro:
siempre la recordaré. Siempre.
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NICOLE
Desperté con un horrible dolor de cabeza.
Maldito tequila.
Él era el culpable de esta resaca infernal.
Pero en cuanto recordé la estupidez de anoche, la resaca dejó de importarme.
Dios mío... llamé a Caleb.
No recuerdo con claridad lo que le dije, y sinceramente, no quiero recordarlo.
¡Qué vergüenza!
Seguramente hice el ridículo.
¿Qué pensará de mí ahora?
Que soy una niña inmadura, patética, incapaz de controlarse al beber.
Era la primera vez que me pasaba.
Me levanté, me vestí… y entonces sonó mi móvil.
Una notificación de Instagram.
Lo abrí.
Un mensaje.
De Caleb.
Dios mío, qué vergüenza.
> Hola Nicole... espero que estés bien. Ayer me preocupé por ti. Em... creo que deberíamos hablar. Tu llamada me sorprendió, pero podríamos terminar la conversación de ayer... espero que contestes.
¿Qué hacía ahora?
¿Le contestaba?
Supongo que no tenía otra opción.
Pero sería la última vez que le respondería.
Después, lo bloquearía para siempre.
Me senté y escribí:
> Hola Caleb. No tenías que preocuparte por mí. Solo me pasé de copas. No recuerdo lo que te dije ayer, ni quiero recordarlo. Por favor, olvida la conversación, como si nunca hubiera pasado. No tenemos nada que hablar. Que te vaya bien. Feliz verano.
Lo bloqueé.
Cerré Instagram, dejé el móvil en la mesilla y bajé a la cocina a desayunar.
Vi a Aden de espaldas, preparando algo.
Me acerqué despacio para sorprenderlo y lo abracé por detrás.
Se sobresaltó.
Se giró y me miró… pero su rostro era serio.
Se volvió de nuevo hacia la cocina.
—Buenos días… ¿eh? —dije, algo confundida.
—¿Buenos? Pues lo serán para ti. ¿No tienes resaca?
—¿Cómo se te ocurre hablarme así?
—Precisamente hablar es lo que tú apenas podías hacer anoche.
—¿Perdona? ¿A qué vienen esos humos, Aden?
—¿Es que no lo recuerdas? Ayer bebiste como si no hubiera un mañana. Acabaste por los suelos.
—Sí, me emborraché. Pero tampoco es para tanto. Fue la primera vez.
—Ayer no parecías mi novia.
Se lo dijo con frialdad.
Me acerqué, le tomé del brazo y lo obligué a girarse para que me mirara a los ojos.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Quiero decir que desde que vinimos aquí estás cambiando, Nicole.
—¿Y qué pasa si he cambiado?
—(Suspiró) Pues que yo no me enamoré de esta Nicole. Me enamoré de la Nicole dulce e inocente.
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Entonces qué? ¿Quieres dejarlo?
—Yo no he dicho eso.
—¿Entonces qué quieres decir?
—Nicole… ¿tú me quieres?
—Claro que te quiero.
—No lo sé… últimamente siento que sigues pensando en Caleb.
Suspiré, frustrada.
—No me lo puedo creer. ¿Crees que estoy cambiando por Caleb?
Mira, Aden.
Yo no quiero a Caleb. No siento nada por él.
Te quiero a ti.
Pero si ya no soy la Nicole de la que te enamoraste… entonces no entiendo qué haces aquí, perdiendo el tiempo conmigo.
Me fui a mi habitación. Me tumbé en la cama a pensar.
Esa discusión me dejó muchas dudas.
¿Quiero a Aden?
La verdad… no lo sé.
Lo único que sé es que quiero estar con él.
¿Y Caleb?
No tengo claro lo que siento.
¿Lo amo?
No lo sé.
¿Lo extraño? Sí.
Pero, ¿qué es lo que extraño?
¿Su presencia? ¿Su amistad? ¿Lo que sentía cuando estaba con él?
No lo sé.
Pero una cosa sí tengo clara:
no puedo traicionarme a mí misma.
Me prometí no volver a ser su amiga.
No porque no lo desee… sino porque debo valorarme.
Tengo que quererme.
No puedo rebajarme por un sentimiento que tal vez ni siquiera es correspondido.
Vine aquí para dejar atrás a Caleb, para empezar de nuevo.
Vine a disfrutar.
Es mi penúltimo verano antes de la universidad.
Después de este verano, empiezo mi último año en el instituto.
Quiero disfrutarlo.
Porque luego no veré ni a mi hermano, ni a Judy, ni a Aden, salvo en Navidad o algún fin de semana que regrese a Londres.
Y eso es lo que haré:
disfrutar este verano.
Tengo que olvidarme de Caleb.
Pensar en mi novio, en mi mejor amiga, en mi hermano.
Ellos son las personas más importantes en mi vida ahora.
La gente que me quiere.
Vamos, Nicole.
No pienses más en él.
Disfruta.
Y olvida.
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EL AMOR DE TU MIRADA
Teen FictionEn esta historia descubriras el amor ente Nicole y Caleb, Nicole es una chica inocente que se enamora locamente de su compañero de pupitre, Caleb, el típico chico popular que solo juega con las chicas, se hacen muy amigos pero cuando Nicole cree que...
