Cap. 28 La otra primera vez

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—¿Estás segura? —Asentí frenéticamente—. Él sonrió y me besó con intensidad mientras pasaba sus manos por todo mi cuerpo. Me separé de él, nos miramos a los ojos y le acaricié la mejilla. Un calor empezó a recorrer mi cuerpo; sabía lo que comenzaba, sabía lo que iba a pasar y no pensaba negarme. Caleb comenzó a besar mi cuello de una manera excitante, lenta y suave; sus fuertes manos se metieron dentro de mi camiseta. Él me tocaba, sentía llamas lamiendo mi piel, pero antes tenía que decirle algo.

—Caleb... tengo que decirte algo.

Él dejó de besar mi cuello para mirarme.

—¿Qué pasa? ¿No quieres?

—Sí... claro que quiero hacerlo, pero antes tengo que decirte algo.

—Claro, dime.

—Yo... yo nunca... nunca he...

—¿Tú y Aden no...? —Yo negué un poco avergonzada—. Tranquila, tendré cuidado. Si en algún momento quieres que pare, solo dímelo y lo haré.

Yo asentí, algo nerviosa. Caleb me cogió sujetándome por los muslos, me llevó a su habitación y nos tumbamos sobre el colchón. Él se levantó un momento y puso seguro a la puerta para que nadie pudiera entrar. Volvió a la cama conmigo mientras se quitaba la camiseta; yo también me la quité. Él se puso encima de mí y con amor me besó. Volvió a levantarse, desabrochó mi pantalón y lo quitó junto a mi ropa interior. Me incorporé y desabroché su cinturón, bajé sus pantalones junto con su bóxer. Puso sus manos sobre mis hombros, los bajó por mis brazos, volvieron a subir al broche de mi sujetador y lo soltó. Nuestros cuerpos ya estaban completamente desnudos. Nos metimos bajo las sábanas.

—¿Estás segura? —Yo asentí acariciándole la mejilla llena de deseo.

Caleb empujó sus caderas contra las mías; yo dejé escapar un suspiro y él un gemido. Se quedó quieto mientras me miraba; yo tenía los ojos cerrados.

—¿Te hago daño?

—No... sigue.

Y así lo hizo. Él siguió; era una sensación rara, algo desagradable, pero después de unas cuantas embestidas empezó a sentirse delicioso. Mis suspiros comenzaron a convertirse en gemidos. Caleb aumentó su velocidad haciéndome tocar el cielo. El fuego empezó a acumularse en mi cuerpo hasta que una gran sensación de placer explotó dentro de mí, llegando al orgasmo, para que unos segundos después Caleb también llegara. Su cuerpo se desplomó encima de mí, con la respiración agitada. Notaba su corazón latiendo salvajemente contra mi pecho; el mío estaba igual. Luego salió de mí y se puso a mi lado. Me apoyé en su pecho y me rodeó con sus brazos. Después de un par de minutos, él habló.

—¿Estás bien? ¿Te ha gustado? —Yo pasaba mi mano por sus pectorales y levanté la cabeza para mirarle.

—Sí —dije con una sonrisa—. ¿Y a ti?

—Ha sido maravilloso, especial. Nunca me había sentido así con una chica.

Yo le sonreí y le besé. Nos quedamos unos segundos mirándonos fijamente a los ojos; él me miraba con un brillo especial.

—¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?

—Estoy locamente enamorado de ti.

Yo abrí los ojos, sorprendida.

—Me has vuelto loco

Yo le sonreí abiertamente.

—Creo que yo también.

Él y yo nos besamos con intensidad. Me acurruqué en su pecho y él me abrazó y besó la cabeza. Unos minutos después nos quedamos dormidos

EL AMOR DE TU MIRADAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora