Cap 15 Vacaciones

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DOS MESES DESPUÉS...

El calor ya empieza a sentirse en la ciudad. En poco más de un mes, el penúltimo curso del instituto terminará para dar paso a las esperadas vacaciones de verano. Me sorprende lo rápido que ha pasado todo, cuando en su momento los días se me hacían eternos. Aún me cuesta creer que, a pesar de lo mal que lo pasé con lo de Caleb, Dulce, Aden y tantas otras cosas, ahora todo parezca tan lejano. Lo mejor es dejarlo atrás. Caleb y yo dejamos las cosas claras: ni amigos ni enemigos. Lo perdoné, sí, pero nunca volveremos a ser amigos. No mientras siga sintiendo cosas por él.

Mi hermano me sacó de mis pensamientos.

—Enana, te traigo una sorpresa.

—¿Qué clase de sorpresa? Sabes que nunca he sido muy fan de las sorpresas.

—Te aseguro que esta te va a encantar.

—Bueno... sorpréndeme.

—¿Te acuerdas cuando vivíamos con los tíos en España?

—Sí... ¿por qué?

—¿Y te acuerdas de aquella casa enorme junto a la playa donde pasábamos los veranos?

—Ay, sí... me encantaba esa casa —respondí con aire soñador. Era preciosa.

—Lo sé. Por eso llamé a los tíos y les pedí un favor.

—¿Chris? Dime que no... por favor.

—Sí. Les pedí que nos prestaran la casa para este verano, y han dicho que sí.

—¿¡En serio!? Tenías razón, esta sorpresa me encanta.

—Y eso no es todo. Les pregunté si podíamos llevar gente y me dijeron que no hay problema. Así que podemos invitar a Judy y a Aden.

—¡Eso es genial!

—Lo sé. Es lo que te mereces, enana.

—Ya estoy deseando que llegue el verano.

—Yo también.

(Suena el timbre)

—Debe de ser Judy. Me voy a clase. ¡Adiós!

De camino al instituto...

—Bueno, Nicole, ¿qué planes tienes para este verano?

—Justo te iba a hablar de eso. Cuando vivía en España con mis tíos, solíamos ir cada verano a una casa en la playa. Chris habló con ellos y nos la van a dejar este año.

—¿Os vais a España? ¿Nos vais a dejar solos a Aden y a mí todo el verano?

—¡No, tonta! Chris pidió permiso para llevar gente y dijeron que no hay problema. Aden y tú os venís con nosotros.

—¿¡En serio?! ¿¡Vamos a ir a España!?

Asentí con una gran sonrisa.

—Va a ser el mejor verano de nuestras vidas.

—Eso espero.

En pocos minutos ya estábamos en el instituto.

—Vamos a clase.

Entré y me senté en mi sitio, al lado de Caleb.

—¿Qué tal estás?

Lo miré, sorprendida. Era la primera vez que me hablaba después de meses.

—Eh... bien, supongo.

—Me alegro de que estés bien.

Volví a mirarlo, esta vez con seriedad.

—Creo que ya dejamos claro que no íbamos a hablar.

—Solo quería saber cómo estabas. Eres mi compañera de pupitre.

—Cuando dije que no íbamos a hablar, era en serio. Nada. Y si sigo sentada aquí es porque el profesor no me permite cambiarme de sitio.

—Pero...

—Caleb —lo interrumpí—, te dije que te perdonaba, pero que no íbamos a ser amigos. Ni a hablar. Por favor, déjame tranquila.

Suspiró.

—Está bien.

Horas después, en el patio...

—¿Qué tal las primeras horas de clase? —preguntó Judy.

—Te vas a sorprender. Caleb ha decidido hablarme después de meses.

—¿En serio? ¿Y qué te ha dicho?

—“¿Qué tal estás?”

—¿Solo eso?

—Sí. Le dije que estaba bien y también le recordé que ya habíamos dejado claro que no íbamos a hablarnos. Me respondió que como soy su compañera de pupitre solo quería saber cómo estaba. Pero fui clara: no hablar es no hablar.

—Le gustas.

—Por favor... Claro que no. Ya me dejó muy claro que no siente nada por mí.

—¿Y entonces por qué, después de meses sin hablarte, te pregunta cómo estás? Más aún cuando acordasteis no hablar.

—Porque es idiota. Como la mayoría de los chicos de este instituto.

—Bueno, tú piensa lo que quieras, pero estoy segura de que le gustas.

—Judy, si le gustara, no me habría rechazado. Y mucho menos de la forma en que lo hizo.

—¿Te recuerdo que después de rechazarte, te besó? Y más de una vez.

—¿Te repito que es idiota?

—Dilo lo que quieras, pero te lo digo: le gustas.

(Suena el timbre)

—Quítate esas ideas locas de la cabeza y vamos a clase.

Después de las clases...

Judy se quedó conmigo en casa hasta que mi hermano llegó. Un par de horas más tarde, Christopher entró por la puerta.

—Hola —dijo, besando rápidamente a Judy—. ¿Qué tal el instituto?

—Sin novedades... Solo que Caleb está enamorado de Nicole. Nada más.

—¿Cómo? —Chris me miró sorprendido.

—¿Qué estás diciendo? —le di un manotazo a Judy.

—Es la verdad.

—¡Te dije que dejaras esa idea loca!

—¿Por qué piensas eso, Judy? —preguntó Chris, curioso.

—Nada más sentarse a su lado, le preguntó cómo estaba y le dijo que se alegraba de verla bien. Y eso sin contar cómo la miraba...

—Eso no significa que le guste —intervine—. Es mi compañero de pupitre. Dejé claro que lo perdonaba, pero que no volveríamos a ser amigos. Solo somos compañeros.

—Más vale que no se pase de listo contigo. No quiero que vuelva a tocarte —dijo Christopher, apretando la mandíbula.

—Pero aun así, Caleb sigue enamorado de ti —insistió Judy.

—¡Judy, ya basta! Caleb no ha estado, no está y nunca estará enamorado de mí.

Subí corriendo las escaleras, dejando a Judy y a mi hermano abajo.
¡Por favor! ¿Caleb enamorado de mí? Eso jamás. Me lo dejó muy claro el día que dejamos de ser amigos.

EL AMOR DE TU MIRADAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora