Cap 11 ¿Tampoco puedo abrazarte?

21 1 0
                                        

Estaba en mi habitación, tirada en la cama, llorando sin parar, cuando alguien llamó a la puerta.

—¡Vete, Christopher! No quiero hablar contigo —grité sin levantarme.

—Soy yo, Nicole... soy Judy.

Me levanté a regañadientes, arrastrando los pies hasta la puerta. La abrí y dejé que pasara.

—Si vienes a pedirme que perdone a Chris, ya te aviso que no pienso hacerlo.

—¿Ni siquiera puedo abrazarte?

—Ven aquí... —Nos abrazamos con fuerza.

Después de unos segundos, ella se separó suavemente.

—Aun así, creo que deberías hablar con él. Es tu hermano.

—Sabía que tu intención era más que darme un simple abrazo. Pero no, no pienso ir a hablar con él. Si quiere arreglar las cosas, que venga él. Ha tenido tiempo de sobra y aún no lo ha hecho.

—Ehmm... es que... estábamos ocupados.

—¿Ocupados? —La miré con el ceño fruncido y noté cómo se mordía el labio, avergonzada.

—Oh, venga ya... ¿¡En serio!?

—¡Siiiiii! —respondió, conteniendo la risa.

—¡No me lo puedo creer! ¡Te has acostado con mi hermano!

—¡Shhhhh! No grites...

—¿¡Cómo quieres que no grite!? ¡Acabas de perder tu virginidad! ¡Estoy tan feliz por ti!

—Ha sido increíble... —dijo, con los ojos brillantes.

—Pues ahora mismo nos sentamos y me lo cuentas TODO. Con pelos y señales. —Le señalé con el dedo mientras me reía. Ella soltó una carcajada.

Fui a la cocina, agarré el bote más grande de helado que encontré y regresé corriendo a mi habitación.

—Si vas a soltar detalles, más vale que tenga helado de por medio
—¿Chocolate con trozos de galleta o fresa? —pregunté.

—Chocolate, por favor. Voy a necesitar fuerzas para contarte esto. —Soltamos una carcajada al unísono.

Me senté a su lado y le pasé una cuchara. Ambas atacamos el helado como si no hubiéramos comido en días.

—Bueno, empiezo... —dijo con una mirada pícara—. Todo fue tan rápido, pero tan intenso. Nos peleamos, nos reconciliamos... y después todo fluyó.

—¿Pero fluyó cómo? ¿En plan ‘besito suavecito’ o ‘pasión desatada’? —dije con una sonrisa maliciosa mientras me llevaba una cucharada a la boca.

—Nicole, fue como si todo el mundo desapareciera. Estábamos solo él y yo. Me miraba como si fuera la única persona que existía. Me sentí... segura, ¿sabes? Como si no hubiese nada más importante que ese momento.

—Wow... —dije genuinamente conmovida—. Eso suena... bonito. Romántico incluso.

—Lo fue. No fue solo físico, fue... emocional. Sentí que estábamos conectados de verdad. No me arrepiento de nada.

La miré con cariño y le acaricié el hombro.

—Me alegra tanto oírte decir eso. No porque se hayan acostado, sino porque... tú te lo mereces, Judy. Mereces amor del bueno, del que cuida, del que no duele.

Ella sonrió, pero también bajó un poco la mirada, pensativa.

—Y tú también, Nicole. Me duele lo que estás pasando con Caleb. Él fue un idiota. Pero... no sé, cuando bajé las escaleras y vi su cara... había algo en su expresión. No sé si es demasiado tarde para él, pero sentí que estaba arrepentido de verdad.

Solté un suspiro largo.

—Quizás sí. Quizás no. Pero el daño ya está hecho. No soy una muñeca que pueden tirar y volver a levantar cuando les conviene.

—Lo sé. Y tienes toda la razón. Solo... prométeme que si algún día decides perdonarlo, será porque tú lo sientes. No por presión, ni por lo que los demás digan. Solo porque tú estés lista.

—Lo prometo. —Dije mirándola a los ojos.

Nos abrazamos otra vez. Esta vez fue más largo, más sentido. Éramos dos chicas rotas en partes distintas, pero reconstruyéndose poco a poco con helado, confidencias y complicidad

EL AMOR DE TU MIRADAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora