Cap. 34 Vas a ser padre

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NICOLE

Ahora estamos en mi casa. Él está tumbado en la cama, mirando al techo, y yo abrazada a él, con la cabeza apoyada en su pecho mientras acaricio su piel. De repente, Caleb suelta una pequeña risa.

-¿Qué pasa, amor? ¿De qué te ríes? -le pregunté con una sonrisa.

-Dulce te oyó hablando con Judy... y se ha enterado de que estamos juntos -dijo sin borrar esa sonrisa confiada. Yo me sorprendí-. Tranquila, no va a hacerte nada ni va a decir nada a nadie. Pero me dijo algo... -rió de nuevo, incrédulo-. Dijo que estás conmigo solo para hacerme daño, que quieres vengarte por lo que te hice. Ridículo, ¿verdad? Tú nunca harías eso. Tú nunca me mentirías.

Al oír eso, tragué saliva con fuerza. Verle tan tranquilo, tan feliz... solo aumentaba mi culpa. Pero dolió más cuando dijo que nunca sería capaz de mentirle. Caleb tenía razón: una relación se basa en la sinceridad. Tenía que contárselo.

-Caleb... Dulce te ha dicho la verdad.

-¿Qué? -su voz tembló.

-Caleb...

-No. No puedes decirme que Dulce tenía razón. No puedes decirme que todo esto que siento... es mentira. Tú no podrías hacerme algo así.

-No, Caleb. Lo que sientes es real... Lo que yo siento también lo es. Pero Dulce no se equivoca del todo, y si de verdad quiero que esto funcione, tengo que ser sincera. Solo... déjame explicarlo.

-Explícate -me respondió, serio, con los brazos cruzados sobre el pecho. Estaba molesto, decepcionado. Lo veía en sus ojos.

-Verás... Cuando empezó el curso, yo seguía muy dolida contigo -asintió en silencio-. Quería que sintieras lo mismo que yo sentí, y... lo que quería hacer era acercarme a ti, enamorarte... y luego apartarme. Hacerte daño, como tú me lo hiciste a mí. Pero se me fue de las manos.

Su mandíbula se tensó y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

-¡No, Caleb, no llores! Ese plan lo pensó otra Nicole. Esa Nicole murió en la playa. Ahora soy la Nicole del principio. ¡La verdadera Nicole!

-Eres... una maldita zorra -susurró con un hilo de voz.

-¡No, Caleb, espera! -Le sujeté del brazo para detenerle. Él me miró, dolido-. No te enfades conmigo. Sé que lo que hice fue cruel, infantil... Pero esa no soy yo. ¡Soy la Nicole que te ama! Sí, todo empezó con una mentira... pero ha terminado con una gran verdad: te amo.

-¡Suéltame! Eres una mentirosa. Dulce tenía razón: eres la típica niña que va de buena y luego apuñala por la espalda.

-¡No! Yo seguía enamorada de ti... solo que no lo sabía. Me di cuenta con el tiempo.

-¿Ah, sí? ¿Y cuándo te diste cuenta?

-En la playa.

-O sea, justo después de acostarte conmigo.

-Caleb, yo...

-¡No me lo puedo creer! ¡Todo fue una mentira!

-No, Caleb, por favor. Tienes que creerme. Te amo.

-¡Deja de mentir! Tú nunca me amaste. Solo querías hacerme daño. ¿Eso era lo que querías, no? ¡Pues enhorabuena! Aquí lo tienes: mi corazón destrozado.

-Caleb, por favor, escúchame...

-¿Sabes lo que más me duele? -dijo entre lágrimas-. Que a pesar de todo... sigo enamorado de ti.

Sus lágrimas caían descontroladas. Las mías también empezaron a brotar.

-¡Caleb, yo también te amo!

-¡Deja ya de mentir! -me agarró de los hombros con rabia, mirándome directamente a los ojos-. Hemos terminado.

Y se fue. Con él se llevó mi vida entera. No podía hablar. Quise detenerle, pero las palabras no me salían. No pude pedirle perdón... y, lo peor de todo, no pude darle la sorpresa que tenía preparada para él.

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HORAS ANTES...

Estoy tan feliz. Sé que es pronto, precipitado... pero también sé que le va a hacer ilusión. Estoy tan nerviosa que no sé ni cómo decírselo. Tal vez algo como:

"Caleb, vas a ser padre."

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EL AMOR DE TU MIRADAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora