Capítulo 23

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Salgo de la cama y tomo una ducha con paciencia. Me visto, me seco el pelo y bajo a desayunar.

-Buenos días, bella durmiente. –Me saluda Grace mientras se come un pancake con sirope de chocolate.

- ¿Es muy tarde? -Inquiero.

-Sí, de hecho, son las dos. Aunque para ti parecen ser las ocho. Sé que es sábado, pero ni siquiera yo me despierto tan tarde. –Se burla. –Duermes demasiado últimamente.

-Me siento muy cansada. –Saco una manzana verde de la nevera y le doy un mordisco.

-Y también haces mucho eso. –Señala.

- ¿Qué cosa? –Pregunto con la boca llena.

-Comer manzanas, y además verdes. –Pone cara de asco.

     Me encojo de hombros. –Me gustan.

-Antes no las comías. -Señala.

     ¿Será posible que sepa algo de mi embarazo? Sacudo la cabeza mentalmente. Por supuesto que no.

- ¿Y Adam? –Decido cambiar de tema.

-En casa, con mi padre.

     Todos mis sentidos se ponen en alerta. Sé que no habla con su padre desde que sabe la verdad.

- ¿Quieres? –Pone en mi cara el tenedor con un trozo de pancake. Arrugo la nariz y niego. Hace varios días que no los tolero.

      Más tarde, subo de regreso a la habitación y me quedo dormida. Estoy hecha una morsa, tal parece que este bebé será muy flojo.

Adam regresa casi al anochecer, me encuentra dormida y me despierta con un beso en la mejilla.

-Dicen las malas lenguas que te pasaste el día durmiendo. –Roza su nariz con la mía.

-Me siento muy agotada. No me dan ganas de salir de la cama y no puedo retener nada en el estómago.

      Frunce los labios. –Creo que ya es hora de ir al médico, nena. -Sugiere.

Asiento, tiene razón, no debemos posponerlo por más tiempo.

- ¿Qué tal tu padre?

Suspira. –No pudo negarme la verdad, pero no me dio un motivo razonable.

- ¿Qué harás?

-Por ahora, no puedo impedir más que vea a Grace, legalmente es su hija. Está con ella en su habitación y quiere conocerte.

- ¿A mí? –Pregunto con voz aguda.

-Eso dije ¿No? –Me regala una de esas sonrisas ladeadas que tanto amo.

                                                                                              ***

     Salimos juntos de la habitación y llamamos a la puerta de Grace, esta abre y tira de mí hacia el interior. Observo atónita al hombre frente a mí. Es exactamente igual a Adam, con algunos años más.

-Vaya. –Musito.

-Mucho parecido ¿No? –Me helo por completo al oír su voz.

     Miro a Adam y sé que él sabe lo que estoy pensando.

-Es un placer, Samantha. –Su padre me tiende la mano.

        Dudosa, la acepto. –Igualmente, señor Graham.

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