Capítulo 10

126 12 0
                                        


Adam

    Me voy hacia el baño para no despertarla mientras hablo por teléfono.

-Parker, llama a contabilidad y resuélvelo tú. Para eso estás ¿No?

-Señor, pero...

- ¡Pero nada! –Grito. –Nicolás Alfonso y mi hermano se encargarán de esa construcción y necesito que el dinero esté en la cuenta de la constructora cuando antes. –Cuelgo.

    Odio trabajar con gente incompetente. Resoplo y regreso a la habitación. Sam ha despertado e intenta sentarse, parece adolorida. Cierra sus ojos y se masajea las sienes. Toma dos analgésicos de la mesita de noche y un vaso con agua.

- ¿Cómo te encuentras? –Me siento a su lado.

-Realmente, pésimo. –Admite.

Odio verla así, no me gusta que esté pasando por esto y mucho menos por mi culpa.

-Necesito ir a mi casa. –Dice.

- ¿A qué? –Levanto una ceja.

-Necesito ropa para ir a la oficina.

Resoplo. –Estás de reposo y tú misma acabas de admitir que no te sientes bien.

-Pero... -La interrumpo.

-Pero nada Samantha. No irás, ya hablé con Christian y él le informará a Harris.

- ¡Óyeme ¿Quién te crees tú para para decidir por mí?! –Gita furiosa.

    Aprieto la mandíbula, que terca es. Camino hacia el espejo, levanto el cuello de la camisa y anudo la corbata.

-No discutiremos por esto Samantha, estás adolorida y necesitas descansar. –Sé que no le gustará lo que estoy por decir, así que me giro para mirarla a los ojos. –Te quedarás conmigo hasta que tu pie mejore, le diré a Mark que te compre algo de ropa y otros productos que puedas necesitar.

- ¡¿Qué?! –Me mira con horror.

-Y no quiero ni una sola queja, señorita.

Me acerco nuevamente a la cama y beso su frente. No quiero que nada le suceda estando sola en su casa.

-La señora Asher, el ama de llaves, estará a tu disposición. –Le digo antes de salir.

Tengo que regresar a California, no puedo esperar más.

Sam

    Me quedo ahí como idiota, mirando la puerta cerrada. Algo le preocupa, lo sé, sé que algo me oculta y pienso averiguar qué.

    Me meto nuevamente bajo las sabanas y estoy tan agotada, que me quedo dormida al cerrar los ojos.

Al abrirlos noto que ha oscurecido

- ¡Mierda! Parece que dormí demasiado.

El cuarto está en penumbras, pero aun así logro visualizar las muletas, son incomodísimas, pero las necesito.

Encuentro la cocina y tomo la jarra de agua de la nevera.

-Señorita ¿Necesita algo? –Pregunta una voz de mujer a mis espaldas.

La jarra de agua resbala de mis manos y cae al suelo provocando un desastre de agua y vidrios rotos a mi alrededor.

- ¡Dios mío! –Exclama la mujer.

Me giro y la veo, es rubia, delgada, de unos cincuenta años. Se acerca corriendo.

- ¿Está usted bien? –Pregunta alarmada.

No te esperabaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora