Adam
Me voy hacia el baño para no despertarla mientras hablo por teléfono.
-Parker, llama a contabilidad y resuélvelo tú. Para eso estás ¿No?
-Señor, pero...
- ¡Pero nada! –Grito. –Nicolás Alfonso y mi hermano se encargarán de esa construcción y necesito que el dinero esté en la cuenta de la constructora cuando antes. –Cuelgo.
Odio trabajar con gente incompetente. Resoplo y regreso a la habitación. Sam ha despertado e intenta sentarse, parece adolorida. Cierra sus ojos y se masajea las sienes. Toma dos analgésicos de la mesita de noche y un vaso con agua.
- ¿Cómo te encuentras? –Me siento a su lado.
-Realmente, pésimo. –Admite.
Odio verla así, no me gusta que esté pasando por esto y mucho menos por mi culpa.
-Necesito ir a mi casa. –Dice.
- ¿A qué? –Levanto una ceja.
-Necesito ropa para ir a la oficina.
Resoplo. –Estás de reposo y tú misma acabas de admitir que no te sientes bien.
-Pero... -La interrumpo.
-Pero nada Samantha. No irás, ya hablé con Christian y él le informará a Harris.
- ¡Óyeme ¿Quién te crees tú para para decidir por mí?! –Gita furiosa.
Aprieto la mandíbula, que terca es. Camino hacia el espejo, levanto el cuello de la camisa y anudo la corbata.
-No discutiremos por esto Samantha, estás adolorida y necesitas descansar. –Sé que no le gustará lo que estoy por decir, así que me giro para mirarla a los ojos. –Te quedarás conmigo hasta que tu pie mejore, le diré a Mark que te compre algo de ropa y otros productos que puedas necesitar.
- ¡¿Qué?! –Me mira con horror.
-Y no quiero ni una sola queja, señorita.
Me acerco nuevamente a la cama y beso su frente. No quiero que nada le suceda estando sola en su casa.
-La señora Asher, el ama de llaves, estará a tu disposición. –Le digo antes de salir.
Tengo que regresar a California, no puedo esperar más.
Sam
Me quedo ahí como idiota, mirando la puerta cerrada. Algo le preocupa, lo sé, sé que algo me oculta y pienso averiguar qué.
Me meto nuevamente bajo las sabanas y estoy tan agotada, que me quedo dormida al cerrar los ojos.
Al abrirlos noto que ha oscurecido
- ¡Mierda! Parece que dormí demasiado.
El cuarto está en penumbras, pero aun así logro visualizar las muletas, son incomodísimas, pero las necesito.
Encuentro la cocina y tomo la jarra de agua de la nevera.
-Señorita ¿Necesita algo? –Pregunta una voz de mujer a mis espaldas.
La jarra de agua resbala de mis manos y cae al suelo provocando un desastre de agua y vidrios rotos a mi alrededor.
- ¡Dios mío! –Exclama la mujer.
Me giro y la veo, es rubia, delgada, de unos cincuenta años. Se acerca corriendo.
- ¿Está usted bien? –Pregunta alarmada.
ESTÁS LEYENDO
No te esperaba
RomanceSamantha Alfonso, se muda a Nueva York para cumplir su mas grande sueño, ser editora. Pero de repente su carrera deja ser lo más importante para ella; se tropieza con Adam Graham, un hombre sexy, inteligente y escandalosamente rico. Pone su mundo de...
